26 septiembre 2007

Una nana a la vida: Marcela, la bebé brasileña que nació sin cerebro, cumple diez meses de vida


Martes 25 de septiembre | Iberoamérica


Marcela de Jesús Galante Ferreira, nacida en la localidad brasileña de en Patrocinio Paulista -una población de 15.000 habitantes del estado de San Pablo-, acaba de cumplir diez meses de vida. Su peculiaridad es que no tiene cerebro. Sin embargo, ha batido ya todos los récord de supervivencia y conmueve a todos cuando, por ejemplo, llora al no estar en brazos de su madre o la ven crecer: ya pesa 11,2 kilos, algo más de la media de su edad. El caso de Marcela de Jesús no pudo ser más oportuno. Nació el 20 de noviembre pasado en medio de un debate para despenalizar el aborto en casos de anencefalia, malformación congénita que implica la ausencia parcial o total de cerebro en el concebido y supone una muerte pronta tras el nacimiento. Un testimonio que echa por tierra la tesis de los grupos feministas que defienden la legalización del aborto. La naturaleza va siempre por delante de los pronósticos.

REDACCIÓN HO.- "Se trata de un caso extraordinario. De ordinario, los bebés con anencefalia suelen morir poco después de nacer, pero Marcela ya se ha convertido en la bebé anencéfala con más tiempo de vida en el mundo", comenta el director de la Oficina Internacional de Fundación Vida www.fundacionvida.net, José Antonio Retamar.

En su corta vida, Marcela ya es todo un símbolo de los defensores de la vida humana en Brasil. El 68% de la población es contraria al aborto; y la legislación brasileña protege la vida del no nacido, excepto cuando hay riesgo de muerte para la madre y gestación por violencia sexual. Sin embargo, desde hace algo más de una década, parlamentarios del PC do B (Partido Comunista de Brasil) y del PT (Partido de los Trabajadores) están intentando liberalizarlo; de hecho, está en estudio un proyecto para ampliar los supuestos de aborto a casos de anencefalia - proyecto de ley 4.403, de 2004, presentado por la diputada Jandira Feghali, del PC do B-, aunque en este último caso no están regulados los mecanismos para obtener el permiso.

"Cada segundo de su vida es precioso para mí"

El argumento de la diputada Feghali es muy conocido: "Es una situación perversa: una mujer embarazada contemplando una cuna vacía y sabiendo que nunca va a ser ocupada, o que va a serlo por poquísimo tiempo" (O Estado de São Paulo, 29 de noviembre). Sin embargo, la madre de Marcela, una humilde campesina llamada Casilda, declaró en el mismo periódico: "Sufrir, todos sufrimos; pero ella no me pertenece: es de Dios y yo cuido de ella aquí. Cada segundo de su vida es precioso para mi".

Mientras que los defensores del aborto piensan sólo en los problemas que causa un bebé anancefálico, Cacilda vive su maternidad amamantando y cuidando a su hija en el hospital: "Considero que su vida es un milagro muy grande; yo continuaré a su lado hasta que Dios decida que es su hora de partir".

"Los abortos de fetos con anencefalia son tan inhumanos como cualquier otro. Lo normal es que el recién nacido muera pronto, y al nacer habremos respetado su dignidad. Así la madre recordará la felicidad de haberle dado la vida y todos los recuerdos de esa convivencia", añade Retamar.

Llora cuando no está en sus brazos de su madre

La pediatra Múrcia Beani ha explicado que, a pesar de carecer de cerebro, la bebé distingue a la madre y llora cuando no está en sus brazos, una labradora que ha recibido ayudas del gobierno municipal. Marcela se alimenta por sonda, pero en algunas ocasiones se le retira para darle sopas y puré.

Diversos colectivos, incluidas organizaciones católicas y evangélicas entre otras, se han movilizado en varias ciudades en protestas anti-aborto que tienen a Marcela como estandarte. "La Justicia de Brasil ha evitado pronunciarse al respecto, pero diversos juristas consideran que basta un sólo caso como el de Marcela, para que se tenga que modificar la legislación", comenta el director de la Oficina Internacional de Fundación Vida.

En 2006, un tribunal ya autorizó en Brasil el aborto de una niña anencefálica. La juez del proceso, Elba Aparecida Nicolli Bastos, declaró que "no se puede exigir que la madre cargue con el niño anencefálico, cuando la vida es imposible". "La historia de Marcela pone en tela de juicio esta afirmación -declara José Antonio Retamar-. Tal vez los legisladores tengan en cuenta las palabras de Cacilda: Nadie tiene derecho a quitar una vida, principalmente de un bebé indefenso".


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