03 septiembre 2011

Harry Wu denuncia abortos forzados, explotación laboral y falta de libertad religiosa en China



Fue torturado y obligado a realizar trabajos forzados durante 19 años. Ahora, Harry Wu, fundador de Laogai Foundation, dedica todo su tiempo a luchar contra un sistema que lo esclavizó dos décadas: "Vivía como un animal. Si no trabajaba no me daban de comer".

Se trata de prisiones Laogai o campos de trabajos forzados. Hablar contra el Gobierno chino es motivo suficiente para ser encarcelado. Cuando tenía 19 años, Wu fue tachado de contrarrevolucionario. Ahora, en una reciente visita a Roma, invitado por la Fundación Lagoai, recordó los años que pasó en prisión: "Dos metros de largo, menos de uno de ancho y dos de alto rodeados de cemento. Ahí estuve encerrado, sin manta, ni comida, ni agua. Tienes que confesar tu delito. Si no lo haces, después de tres días, no te dejan ir".

Wu sobrevivió y se marchó a Washington pero asegura que estas prácticas continúan hoy en día, y que hay unas mil prisiones Laogai en China:"Hay entre tres y cinco millones de personas condenadas a trabajos forzados. Fabrican productos y los beneficios van al gobierno".

Dice que se trata de objetos como piezas para el coche, herramientas e incluso luces de Navidad. A pesar de que las leyes internacionales prohíben la venta de productos fabricados por mano de obra forzada, Wu asegura que muchos se venden en Estados Unidos.

Otro motivo de preocupación es la falta de libertad religiosa, de la que los católicos suelen ser objetivo: "Todas las iglesias, los templos son propiedad del gobierno. Los sacerdotes son enviados a campos de trabajo forzado".

Durante años, Reggie Littlejohn, Presidenta Women's Rights Without Frontiers, ha denunciado la acción del gobierno. Asegura que sus abusos van mucho más allá de los muros de las prisiones. La política del hijo único en China ha supuesto cientos de miles de abortos forzados:"La política del hijo único se pone en práctica con muchos abortos forzados, esterilizaciones forzadas e infanticidios".

Cuenta que las mujeres deben declarar su embarazo ante el gobierno y que si no lo hacen pueden ser sometidas a un aborto violento, sin tener en cuenta el periodo gestación en el que se encuentren afirma Reggie Littlejohn: "Si quieres tener un segundo hijo tienes que pagar una multa. Lo que no dicen a los turistas es que esa multa equivale a diez veces su salario anual".

Cada día, unas 500 mujeres se suicidan en China. Littlejohn considera que está directamente conectado con las estrictas leyes de planificación familiar. Además, el hecho de que existan muchos más hombres que mujeres está provocando otros problemas: "Hay un gran desequilibrio en China entre el número de hombres y de mujeres. En concreto, hay 37 millones de hombres más que de mujeres. Esto está provocando el tráfico de mujeres y niñas a China provenientes de países cercanos".

La lucha contra estos abusos va adelante desde hace años. Y dicen que seguirán haciéndolo hasta que terminen.

Caminocatolico.org

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