05 mayo 2008

Horton: una película provida


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Si los blogs se escribieran con tinta, se hubiera necesitado un buque tanque completo para todo el debate que suscitó el estreno de la película “Horton y el Mundo de los Quién”. Con un casting de voz lleno de estrellas y una animación por computadora bastante aceptable, esta versión actualiza la clásica historia del Dr. Seuss que contiene la famosa moraleja: "A person's a person, no matter how small." (“Una persona es una persona, sin importar cuán pequeña sea.”)

Los pro-vida muy entusiastas acudieron al estreno de la película ante el desconcertante disgusto de los productores y resucitaron una vieja polémica sobre el mensaje de esta historia que millones de padres norteamericanos han leído a sus hijos pequeños. ¿Puede considerarse pro vida este tradicional cuento infantil norteamericano a pesar de las ideas liberales de su autor? Y actualmente, ¿Es realmente pro Vida esta versión Hollywoodense de Horton? En mi opinión podría contestarse con las mismas palabras de Strong Bad, uno de sus personajes : "Yes. Very yes." (“Sí, por supuesto que sí.”)

Repasemos el cuento para quienes no se encuentren familiarizados con él. Horton, un simpático y torpe elefante de la mítica selva de Nool, se encuentra con una pizca de polvo del cual emanan minúsculas voces. Horton descubre que una minúscula raza de gente, los Quien, viven en la pizca, y él se hace amigo de su alcalde. El problema es que Horton es el único que tiene los oídos suficientemente sensibles para escuchar las voces de esta gente pequeñita y el resto de los animales de la selva se burlan de él cuando Horton, en su intento de proteger a los Quien, expone sus principios. Al final, sin embargo, los Quien son capaces de clamar lo suficiente para probar su existencia y la selva entera recapacita sobre su forma de ver y tratar a los demás.

Y eso, en resumidas cuentas, es lo que pasa.

A pesar de sus obvias implicaciones pro-vida, los promotores del aborto que en su mayoría son de tendencia política de izquierda pretenden negar esta interpretación. La película es todo menos pro-vida, insisten. Dicen que en realidad es acerca de la intolerancia, el cambio climático, George Bush… todo menos sobre el aborto.

Sin embargo para cualquiera que haya visto la película, estas afirmaciones son risibles. Los productores de la película, intencionalmente o no, la llenaron de posibilidades pro-vida.

Por ejemplo, el alcalde de Villaquien tiene una familia funcional con 97 hijos, y pasa tiempo un tiempo de calidad con todos y cada uno de ellos. Incluso Horton especula sobre lo que pasará en el futuro con los Quien, incluyendo los derechos legales que tendrán cuando los habitantes de Nool los reconozcan como personas. El villano de la película es una canguro incrédulo y perseguidor tipo Hillary Clinton, quien trabaja duro para ridiculizar cualquier posibilidad de que haya vida en la pizca de polvo. Inclusive va tan lejos como para gritar que “si no puedes verlos, escucharlos o sentir algo, entonces… ¡no existe!”.

Aparentemente, de acuerdo con los productores de filme e incontables blogs, sitios Web y periódicos, nada de esto es suficiente como para decir que ésta es una película pro-vida.

Audrey Geisel, esposa del fallecido Dr. Seuss y una de las productoras de la película, ha declarado que a ella “no le gusta que la gente secuestre los personajes del Dr. Seuss o el material de este para enfrentar sus propios puntos de vista.” Geisel apoya a Planned Parenthood desde hace mucho tiempo e insiste que cualquier interpretación pro-vida de Horton y el Mundo de los Quien es pura especulación. Jessica Rogers de FilmSchoolRejects.com insiste en que Horton es sólo un “lindo mensaje para enseñar a los niños acerca de tratar a otros con respeto, a pesar de sus diferencias”

Mitchell Warren del Miami Poetry Review va un paso más allá y dice, increíblemente, que “la historia fácilmente puede ser diseccionada y usada para probar cualquier punto, pro o anti cualquier cosa, dependiendo tan solo de la perspectiva del espectador.”

Esto último es un insulto a la inteligencia de los espectadores que, como yo, piensan que el mensaje pro-vida de Horton es inconfundible. Probablemente este mismo comentario también hubiera molestado al mismo Seuss, quien a pesar de ser liberal (o precisamente por serlo y tener un particular modo de ver la vida) sin duda no hubiera escrito libro alguno si es que éste pudiera “ser usado para probar cualquier punto.”

La real preocupación de la izquierda no es un asunto de interpretación literaria. En el fondo, su irascible preocupación es que esta película, con su reparto de estrellas, bella animación y fino humor, proyecta valores pro-vida de una manera atractiva para los niños. La causa pro vida es presentada en su verdadera proporción. Se trata de determinar qué es una persona y qué es lo que nos hace personas (ciertamente no es el tamaño ni la opinión ni la percepción mayoritaria). Libre y espontánea como Horton, la película es un mensaje muy potente no enmascarado ni distorsionado por conceptos políticos. Horton es amistoso y gracioso, y su estribillo resuena profundamente a nivel humano. Son sus oponentes quienes a su lado evidencian sus mentes estrechas, intolerantes y crueles.

En otras palabras, Horton hace que ser pro-vida se vea bien. El lobby pro-aborto no puede soportar ver a los niños influenciados de esa manera, y por eso tapa sus oídos y canta “No puedo escucharte” tan alto como se pueda. Ya han dejado saber que los pro vidas no pueden usar la figura de Horton para difundir su mensaje en razón a los derechos de autoría. Lo que es un abuso inaudito es que quieren obligarnos a pensar cómo ellos quieren acerca de un cuento infantil y mandar en nuestras cabezas.

Pero Usted, amigo lector, libérese de cualquier prejuicio y lleve a sus hijos (o nietos) a ver Horton. Luego enséñenles una foto de un bebe no nacido y díganles: “Una persona es una persona, sin importar cuan pequeña sea.”



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