02 agosto 2010

Abortar tiene sentido en una sociedad genocida, pero no en una humana


«La presión social hace ver el embarazo como un problema que quitar de delante, sin tener en cuenta que estamos hablando de un ser vivo»

Avilés, Elisa CAMPO

El abogado avilesino Juan José Panizo, afincado en Gijón, es uno de los impulsores de los movimientos pro vida en Asturias desde hace más de dos décadas. Fue fundador de Adevida Asturias y ahora es vicepresidente del Cidevida -Centro Internacional de Defensa de la Vida-, una entidad asturiana que impulsó la puesta en marcha de una exposición permanente sobre el aborto en Tordesillas. La muestra, ubicada en la iglesia de San Juan Bautista de la ciudad vallisoletana, acaba de inaugurarse.

-El primer aborto al amparo de la ley de 1985 se hizo en Asturias, durante el verano, en el Hospital de Cabueñes. Era un caso de Síndrome de West y se alegó malformación del feto. Como nadie quería practicar abortos, se llevaron incluso médicos de fuera del Hospital. Y nada más realizarse, el doctor Gil Vernet aseguró que hubiera podido curar ese caso. Viendo cómo se había hecho, presentamos la primera querella.

Así fue como comenzó la implicación activa de Panizo en contra del aborto, ya que, aunque él todavía estaba acabando la carrera, ya trabajaba en el despacho de Benigno Blanco, el abogado que llevó el caso.

-¿Cómo se desarrolló la querella?

-Era un caso para ganar, porque vino el propio doctor Gil Vernet de perito. Pero al haber implicadas personas aforadas, no se sabía quién era el tribunal competente. Y eso lo tuvo que resolver el Supremo. Empezaron a pasar los años y, al final, la idea del aborto ya estaba más aceptada y se archivó el caso. No obstante, la querella tuvo un efecto, y es que en los sitios públicos es muy difícil que se realicen abortos porque los médicos vieron que los podían sentar en el banquillo. Y en estos 25 años el aborto se practicó fundamentalmente en instituciones privadas.

-Aquella ley de 1985 preveía el aborto en caso de tres supuestos: violación, malformación del feto y riesgo para la madre.

-Nosotros ya decíamos que no se preveía sólo un aborto para esos casos extremos, sentimentalmente admisibles, porque lo que se intentaba era promover una cultura abortista que llegara al aborto libre como ahora tenemos. Eran unos mentirosos. De hecho, ya se vio rápidamente. El peligro para la salud de la embarazada, por ejemplo, es prácticamente inexistente hoy en día. Y en el 95 por ciento de los abortos practicados se alegó peligro para la salud psíquica de la embarazada, que fue el gran coladero de la anterior ley. Es más, la gran mentira para el peligro de la salud psíquica es que se oculta el síndrome del posaborto, muy relacionado con el aumento de alcoholismo y drogadicción. Es una realidad que ahora se está empezando a tratar y que genera problemas psíquicos importantes. En los centros de acogida nosotros tenemos un programa, «La viña de Raquel», en el que ofrecemos terapia para las mujeres que han tenido abortos.

-Es decir, que además de abogar contra el aborto, también ayudan a las mujeres que abortaron.

-En el aborto hay dos víctimas, el niño que no ha nacido, que digan lo que digan con sólo doce semanas de vida ya está perfectamente formado, y la mujer. Por eso no se ha denunciado nunca a una mujer, nuestras querellas no son a las mujeres, sino a quienes practican los abortos. En todas las provincias hay instituciones que ofrecen ayuda a las mujeres con problemas y a las que ya abortaron. En toda España existe la Red Madre de asistencia, y en Asturias también está MAR, Mujeres Asturianas en Riesgo, que están acogiendo muchos casos. La Federación de Asociaciones Provida funciona desde hace treinta años y desde entonces ha dado asistencia a 70.000 madres que han supuesto 38.000 nacimientos.

-En Asturias trabajan distintas asociaciones.

-Hace dos años se creó la plataforma Asturias por la Vida, que reúne a todas las que defienden la vida. La iniciativa que ahora hemos puesto en marcha es un Centro Internacional para la Defensa de la Vida, Cidevida, cuyo primer fruto es la exposición permanente que se puede ver en Tordesillas. Allí nos han cedido una iglesia del siglo XVI para montar la exposición, que abrió sus puertas en junio.

-¿En qué consiste la exposición?

-Es una actividad sin corte religioso ni político diseñada por científicos, jurídicos e historiadores. Mónica López Barahona, microbióloga, directora de la Academia Pontificia para la Vida, y el científico César Nombela, catedrático de Microbiología en la Complutense de Madrid, han diseñado el contenido. La primera parte está dedicada a lo que dice la ciencia del aborto. La segunda, lo que enseña la historia, el recorrido de las falacias de las legislaciones abortistas. Por ejemplo, la sentencia de 1974 en EE UU en relación con una chica que alegó violación para el aborto. Y tiempo después la propia chica reconoció que era todo un invento. La historia enseña mucho. Los grandes médicos proabortistas de EE UU han cambiado de opinión, aunque siga habiendo muchos que lo practican, porque es un gran negocio.

-¿También en España es un negocio?

-Sí, las clínicas abortistas tienen un gran negocio de poco riesgo y de dinero negro porque nadie quiere factura.

-Volviendo a la exposición...

-Termina hablando de otro holocausto, que es cómo se practican los abortos. Es una zona de la exposición restringida para que no entren los niños, porque es muy dura. Y también finaliza con motivos para la esperanza, como todas las ayudas para embarazadas y la terapia posaborto. La muestra, en la iglesia de San Juan Bautista de Tordesillas, está abierta todos los días, excepto los lunes.

-¿Qué opina de la nueva ley del Aborto?

-Es una barbarie auténtica. Va a eliminar muchas vidas humanas. En los primeros catorce meses de embarazo se puede abortar a petición. Y además las menores de edad no necesitan ni el consentimiento de los padres. La legislación es anticonstitucional. ¿Cómo se va a poder matar a un ser, a un niño perfectamente formado? Ése es el mejor argumento. ¿Tiene sentido abortar? En una sociedad genocida sí, en una humana no. Si soy un retrógrado por pensar así, sea.

-Es cierto que no está muy bien visto defender posturas antiabortistas.

-Es que parece que somos retrógrados. Los jóvenes proabortistas que lo son por presión social cuando ven la exposición cambian totalmente. El aborto no es un problema ideológico y religioso, que también, es algo moral y sobre todo científico. Sobran argumentos.

-¿En qué se basa para decir que la ley es inconstitucional?

-El artículo 15 de la Constitución dice que «todos» tienen derecho a la vida. Y hay una sentencia del Tribunal Constitucional que reconoce que el niño no nacido es un bien a proteger, aunque podría entrar en conflicto con otros bienes, como la vida de la madre, esto se dijo para justificar los tres supuestos de la ley del 85. Ya se presentó el recurso de inconstitucionalidad y se pidió la suspensión cautelar de la ley, porque si mueren un millón de vidas no les podemos devolver la vida. Pero la votación se perdió por un voto. Y ahora el recurso está a expensas de que el Tribunal Constitucional la declare inconstitucional, porque lo es.

-¿Destacaría algo más de esta legislación?

-Es resaltable la apariencia informativa. Penosamente no se informa de las alternativas al aborto. Hemos solicitado por activa y por pasiva que se incluya esta realidad. Nosotros tenemos una guía con muchas instituciones que ayudan a las madres en todas las provincias. Damos cualquier tipo de ayuda, soluciones socioeconómicas... Cualquier mujer con motivos económicos tendrá soluciones, y también son posibles partos de los que nadie se entera y adopciones automáticas. Cualquier cosa menos matarlo. Hay que informar bien de todas esas alternativas.

-¿Qué empujó al aborto a las mujeres que luego pasan por los programas de ayuda?

-Fundamentalmente la obcecación por no haber encontrado otro tipo de ayuda. Y la situación familiar. Si una madre lleva a abortar a su hija joven... La presión social hace ver el embarazo como un problema que quitar de delante, sin ver que estamos hablando de un ser vivo. Por eso es tan importante saber que hay otras alternativas.

-¿Qué le llevó a usted a implicarse en esta lucha?

-El haber visto un feto abortado. Tienes dos opciones, mirar para otro lado o dar la cara. Es algo que no se te borra, la impresión es total. Y la gente nunca escoge matar a un niño, la mujer que quiere abortar lo hace por la presión que tiene y el deseo de quitarse ese problema. Les dicen que es como un grano que se elimina sin más, pero no pueden callar a la naturaleza.

-¿Cuál es el perfil de la mujer que recurre al aborto?

-Sobre todo, chicas jóvenes e inmigrantes.

-¿Qué pueden hacer?

-Buscarnos por internet. Hay soluciones para cuando la mujer está agobiada y encuentra en el aborto la única solución: Red Madre y la asociación MAR. La del aborto es una guerra que vamos a ganar porque la historia la va a ganar. Las generaciones futuras mirarán para atrás y dirán que había una época en la que se mataba a los niños. Y los médicos son los más conscientes de lo que es un aborto, que va contra su juramento Hipocrático. La objeción de conciencia va a traer cola.


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