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10 noviembre 2009

Controlar la población para prevenir el cambio climático

Por Colin Mason


El título del artículo es del la revista médica británica “The Lancet” (1) y pinta un panorama sombrío. Esta publicación, normalmente seria, informa sobre una nueva amenaza para la salud que “afectará a la mayoría de poblaciones en las próximas décadas y pondrá en grave riesgo la vida y bienestar de miles de millones de personas.”

¡Miles de millones, nada menos! Sí “miles de millones de vidas” están en riesgo. Puesto que somos menos de 7 mil millones de personas en el planeta, esto significa que, dándole alguna proporción a esta frase, por lo menos la mitad estamos en peligro de morir.

Pero ¿a qué se refieren precisamente? ¿A una versión aerotransportada del VIH/SIDA? ¿A una nueva cepa de gripe aviar más virulenta? ¿A una arma biológica mortal que de alguna manera escapó del laboratorio?

Si pensó en algo de esto, lamentamos decirle que está totalmente equivocado. La realidad es que los autores de este artículo en “The Lancet” no están hablando de alguna nueva pandemia en absoluto. Más bien, el riesgo de nuestras vidas al que hacen referencia vendría de… un posible incremento en la temperatura promedio de la superficie de la tierra de 2 grados centígrados para el año 2100.

No se atrevan a soltar la carcajada.

Porque los autores de “Managing the health effects of climate change” (“La Gestión de los efectos del cambio climático en la salud”) están hablando muy, muy en serio.

De hecho, continúan informándonos de manera solemne que los daños del cambio climático para la salud serán aún más graves en latitudes altas, con la posibilidad de aumentar de 4 a 5 grados centígrados al norte de Canadá, Groenlandia y Siberia.

Por mi parte, no estoy asustado por la idea de que un poco de calor pueda llegar a las congeladas tierras del norte. Tampoco estoy muy seguro que sus esparcidos pobladores se opondrán a un descanso del frío que congela hasta los huesos, si tal aumento en la temperatura verdaderamente sucediera.

Sin embargo, tengo mis dudas al respecto, y no sólo por el comportamiento alocado de tantos fanáticos del calentamiento global. Hay muchas variables involucradas y nuestra prueba es tan superficial, que cualquier conclusión acerca del efecto de las actividades humanas en el clima de la tierra no es sólo prematura, también es probable que sea un error.

Me refiero a que si ni siquiera podemos predecir con exactitud como será el tiempo de aquí a dos semanas. ¿Se supone que somos capaces de calcular como estará el tiempo de aquí a un siglo? ¿Nos están tomando el pelo?

La verdad es que más allá de ciertas frases muy mediáticas en pos de un conveniente alarmismo, los autores en realidad admiten no tener evidencia contundente. Si leemos cuidadosamente las mismas afirmaciones de los autores, entenderemos cuál es el tipo de certeza de sus “predicciones”: La “política pública que responde al impacto del cambio climático en la salud pública tendrá que ser formulada en condiciones de incertidumbre, que dependerán de la escala y el tiempo en que sucedan los efectos, así como de su naturaleza, ubicación e intensidad.” (p. 1694)

Sin embargo, este desconocimiento no les impide proponer vastos aumentos en los gastos del gobierno. Tampoco de dar razones para que poderosas instituciones internacionales nuevas junten fondos para “mitigar” y “adaptarse” al cambio climático mundial. Y por supuesto no dejan de hacer un enérgico llamado a incrementar los programas de control de población para “combatir el cambio climático.”

Es más, este nuevo consorcio de teóricos del cambio climático y defensores del control de población se ven a sí mismos como el vanguardismo de un “nuevo movimiento que defiende la salud pública”, arguyendo lo “urgentemente necesario” que es “adaptarse a los efectos del cambio climático en la salud.”

Pero aún si vemos un ligero aumento de la temperatura global durante el próximo siglo, y creo que sobre este asunto no se ha llegado a un acuerdo científico concluyente, el desviar los inmensos recursos hacia posibles problemas de salud podría ocasionar un despilfarro de los recursos.

Uno de los subtítulos del artículo afirma que “el cambio climático es la más grande amenaza para la salud mundial del siglo XXI”. Y simplemente no es cierto.

Todos los que lean el artículo de “The Lancet” estarán muertos dentro de cien años, y les garantizo que no morirán de “cambio climático”. Más bien, morirán de enfermedades infecciosas, de cáncer, de ataques cardiacos, de derrames cerebrales y otros.

Estas son las verdaderas amenazas para la salud de nuestra era. Estas son las amenazas a nuestras vidas y bienestar que deberían demandar nuestra atención y nuestros recursos, no unas vagas, imprevisibles e indirectas consecuencias para la salud por un supuesto “calentamiento global”.

Al distraernos de amenazas más inmediatas para la salud, al retrasar el descubrimiento de curas para enfermedades que cuestan decenas de millones de vidas cada año en países pobres, esta gente nos está matando.

Pero, después de todo, quizás sea eso lo que quieren en el fondo.

1. Anthony Costello et al, “Managing the Health Effects of Climate Change,” “The Lancet” 373: 1693-733. 16 de Mayo, 2009

Steven W. Mosher es el Presidente de Population Research Institute, y el autor de “Population Control: Real Costs and Illusory Benefits”.

www.lapop.org




16 mayo 2009

Obama apoya el contral natal y el secuestro de niños en China

Obama financia la política de un solo hijo que no tiene reparos en secuestrar niños como medida coercitiva

Por Steven W. Mosher

Nuestro compañero Colin Mason ya regresó de China. Durante una semana realizó una investigación secreta para tener evidencia de primera mano sobre los abusos que actualmente se cometen por la política de un solo hijo de China y pruebas recientes de la complicidad en estos abusos del Fondo de Población de las Naciones Unidad “U.N. Population Fund”-UNFPA. Cabe señalar que UNFPA ha estado en China desde 1979(!) ayudando a las autoridades de Beijing a poner en práctica este programa. Colin visitó tres condados donde UNFPA ha puesto en práctica programas de planificación familiar “voluntarios”. Precisamente Colin encontró que no estaban nada cerca de ser lo que UNFPA decía.

Para alguien que ha estado siguiendo la política de un solo hijo por 30 años, lo que me llamó la atención acerca de la investigación, fue saber que las multas por “niños ilegales” se han incrementado enormemente en los últimos años. Las multas por tener un “niño ilegal”, actualmente tienen un valor de 3 a 5 veces los ingresos de la familia. El equivalente de la multa en Estados Unidos sería de 150 a 250 mil dólares. Las parejas, literalmente, tienen que hipotecar su futuro por décadas a fin de prestarse el suficiente dinero para cancelar estas multas. El gobierno insiste en llamar a esta extorsión “honorarios de compensación sociales”, como si los padres estuvieran, simplemente, reembolsando el costo de otro niño a la sociedad. La verdad es que se trata solamente de castigarlos fuertemente y nada más. Enfrentando la posibilidad de tener que pagar tales multas, muchas parejas “voluntariamente” se someten a abortos y esterilizaciones.

¿Qué pasa si no pagas la multa? En la provincia de Guangxi, según se informa, los recién nacidos ilegales son retenidos por oficiales del gobierno, hasta que los padres, haciendo sacrificios inenarrables, sean capaces de reunir el dinero para pagar la enorme multa. En otras palabras, ¡los bebés son secuestrados hasta cubrir el rescate! Algo que para muchos sería muy difícil de imaginar. Y en eso estriba la importancia del viaje de Colin.

Los hallazgos de Colin son compatibles con los resultados de investigaciones anteriores realizadas por Population Research Institute. En el 2001, por ejemplo, PRI envió un equipo de investigadores a China para examinar el programa “modelo de planificación familiar” de UNFPA, específicamente para comprobar si los abortos forzados y las esterilizaciones obligadas ya eran cosas del pasado. En esta ocasión, entrevistamos a más de dos docenas de víctimas y testigos de la coacción, grabando sus respuestas en vídeo y cintas de audio. Los entrevistados declararon que la planificación familiar voluntaria no existe en el programa "modelo" de UNFPA y que los abortos forzados continúan.

En el 2002, incluso el Departamento de Estado norteamericano, conocido por sus sentimientos a favor del aborto, coincidió que las fuertes multas de China eran de naturaleza coactiva y que UNFPA era cómplice de esta coacción. Con las pruebas presentadas por el PRI, el Presidente Bush hizo lo más sensato y rechazó el financiamiento a UNFPA por siete años. Esto le costó a la pícara agencia algo más de US$ 200 millones.

En estas circunstancias llega Obama. El novel Presidente prometió durante la campaña restaurar el financiamiento a UNFPA. Efectivamente el pasado 11 de marzo firmó el Proyecto de Ley de Gastos Consolidados del 2009 que incluye 50 millones de dólares para UNFPA. Dos semanas más tarde el Departamento de Estado anunció la reanudación formal de las contribuciones a UNFPA. Y hace solo unos días, la Secretaria de Estado de los Estados Unidos (Hillary Clinton, ¿la recuerdan?) apareció ante la Cámara de los Representantes norteamericana y, en testimonio jurado, elogió a esta agencia de las Naciones Unidas, que ahora está boyante de dólares norteamericanos y en efectivo.

¿Se puede cortar el financiamiento otra vez, ahora que sale a la luz una nueva evidencia de la complicidad de UNFPA en la coacción y secuestro? Sinceramente, no lo sé. La mentalidad anti-vida que domina a la nueva administración puede permanecer impasible a los hechos y a la razón. Pero en Population Research Institute seguiremos exigiendo que los norteamericanos no sean obligados a financiar estos abusos.

Además, seguiremos sosteniendo que el aborto forzado no es algo repudiable sólo para el movimiento pro-vida. Debería ser rechazado por todos, inclusive aquellos que en los debates sobre el aborto están en el lado opuesto al nuestro. Los defensores de los derechos humanos de todas las extirpes deberían exigir al Presidente Obama no dar un centavo de financiamiento a UNFPA. Los impuestos de los norteamericanos no deben ser usados para financiar a una organización que viola los derechos humanos básicos de las mujeres de todo el mundo. Y al parecer, aprueba el secuestro.


Steven W. Mosher es el Presidente de Population Research Institute y el autor de Population Control: Real Costs and Illusory Benefits (Transaction Books, 2008)

Leído en lapop.org


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