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26 abril 2012

P. Alfar Antonio a raíz de la despnalización del aborto cuenta la violación de su madre




Hace 42 años, su madre quedó embarazada tras ser drogada y violada por varios hombres en Medellín. Pero no quiso abortar y lo trajo al mundo. Hoy es sacerdote, a cargo de dos parroquias en Comodoro Rivadavia.



Ella era una joven de condición humilde, buena y bonita, llena de ilusiones a sus 27 años, allá por 1968. Había dejado su pueblo, Argelia de María, en la provincia colombiana de Antioquia, para ir a su capital, Medellín, a cursar la carrera de medicina. Trabajaba duro en una empresa para costearse los estudios. Sola en la ciudad, iba relacionándose, buscando hacer amistades en su círculo más cercano. Por eso, un día aceptó inocentemente la invitación a una fiesta que le hicieron sus jefes y compañeros de oficina. Fue una decisión con consecuencias horrorosas. Esos mismos jefes y compañeros le habían tendido una trampa: en la fiesta la drogaron, luego la llevaron a un sitio apartado y -borrachos- la violaron repetidamente. Como consecuencia de ello quedó embarazada. Fiel a sus convicciones, asentadas en una profunda religiosidad, decidió no abortar y salir adelante. Así es que dio a luz a Alfar Antonio, que con el tiempo conocería su tan traumática concepción y se sobrepondría apelando también a la fe. Una fe creciente que lo llevaría a descubrir su vocación sacerdotal, ordenarse y llegar a ser el mayor orgullo de su madre. 

Llevado por su carisma misionero, el hoy padre Alfar Antonio Vélez vive desde hace unos años en Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, donde tiene a su cargo dos parroquias (San Jorge y Santa María Goretti), siendo muy valorada su labor religiosa por sus superiores. A raíz del reciente fallo de la Corte que – al interpretar el artículo 86 del Código Penal- determinó que todos los abortos por violación -no sólo los de una mujer insana- son "no punibles", decidió abandonar su discreción y contar por primera vez, ante el pedido de Valores Religiosos, su conmovedor caso. 

¿Cuándo y cómo se enteró de algo tan dramático?

-Primero debo decirle que la familia de mi mamá era muy moralista y que, cuando se enteraron de que había quedado embarazada, la obligaron a casarse con un viudo para tratar de tapar todo. Pero ese matrimonio no funcionó porque, cuando volvió a quedar embarazada, su marido empezó a tener una doble vida, además de que la golpeaba y se emborrachaba. Como sus padres la presionaban para que no se separara, decidió seguir con su marido y el hijo de ambos, pero para sobrellevar tanta adversidad me entregó a mi abuela.

¿Y entonces?

-Mi abuela empezó a darme todo lo que necesitaba: alimentación, llevarme a la escuela ... y yo fui abriéndome paso un poco por mi cuenta. Ello provocó una relación de cierta distancia con mi madre que, al final, no pudo vivir más con su marido y le tocó sola salir adelante con mi hermano. Un día, como mi abuela me pedía que le diga papá a mi abuelo, le pregunté cómo podía ser él mi abuelo y mi papá a la vez. Ello provocó una reunión con mi madre, que me contó lo que le había pasado. Que mucha gente quería que me abortara, otras que me vendiera y otras que me regalara. Y que, incluso, había mucha gente interesada en mí.

¿Por qué ella no quiso abortar? ¿No temía que su maternidad fuese muy traumática? 

-Mi madre era una mujer de mucha fe, muy practicante y muy santa. Ella decía que, pese a las tan terribles circunstancias, llevaba en su seno el milagro de una nueva vida, una vida que Dios le había dado y que, por sus convicciones, no podía abortar. Y que si Dios se la había dado debía encontrarle el sentido. Para ella lo más duro era no poder mostrarme un padre que me amara, que me enseñara a caminar, pero lo sobrellevaba sintiendo que yo la llenaba totalmente. Y que, tarde o temprano, sería su bastón. De hecho, los tres años que vivió conmigo a raíz de una larga enfermedad hasta su muerte, en 2009, fueron para ella los años más bellos de su vida.

¿Cómo fue su reacción cuando se enteró? ¿Qué edad tenía?

-Para mí fue muy duro. Tenía apenas 10 años. Reaccioné con mucha severidad contra mi madre. Con el paso del tiempo y de una vida muy triste, fui a la iglesia a reclamarle a Dios, a preguntarle por qué a mí. Como yo le hablaba a los gritos, vino un sacerdote y me dijo que estaba formulando mal la pregunta: "No es por qué, sino para qué", señaló. Que creía que Dios, precisamente a raíz de mi situación, me estaba llamando para cosas grandes. En fin, me dijo que Dios escribe derecho sobre renglones torcidos y que iba a ser un instrumento de El. Y me leyó el pasaje de Jeremías, donde Dios lo llama, pero este se resiste y el Señor le dice: "No te preocupes, yo haré todo por ti".

¿A partir de entonces su vida dio un vuelco?

-Si, aquella charla me marcó. Ese sacerdote terminó siendo como un padre. Y fue construyendo en mí la obra de Dios porque el Señor se vale del hombre para salvar al hombre. Empecé a valorar la vida, a integrarme a personas de bien que valoraban mi esfuerzo para superar la situación. Llegué a ser catequista sin darme cuenta de que Dios me estaba preparando para elegir el sacerdocio. Alcancé a tener una novia, aunque la relación no fue realmente seria, hasta que decidí ir al seminario, hablé con el director espiritual y terminé confirmando mi vocación religiosa. Comprendí que Dios había querido que mi mamá no abortara porque confiaba en mí y anhelaba que, aunque fuese fruto de un pecado muy grave, sea su instrumento para llegar a tantas partes con su luz, su gracia y su amor. -¿Tuvo asistencia psicológica? -No. Sólo religiosa, y la amistad muy grande que entablé con todos los sacerdotes de la parroquia. -¿Qué le diría a su padre si tuviera ocasión de encontrarse con él? -Sólo lo abrazaría. Y le daría gracias a Dios por ser mi verdadero padre y darme la oportunidad de vivir, pues sé que los padres de este mundo son una especie de boceto, un borrador. Padre, lo que se dice padre, solo es Dios.

¿Cuál sería su mensaje a la sociedad sobre la punibilidad o no del aborto en caso de violación?

-Que volvamos a leer el Génesis, donde dice que Dios tomó barro, hizo al hombre y le insufló aliento de vida. Dios nos creó a su imagen y semejanza. Mi respiración es la respiración de Dios. Somos lo más bello del mundo. Entonces, no tenemos derecho a quitarle la vida a ningún inocente porque no tiene la culpa de cómo vino al mundo. La culpa las tenemos aquellos que, de pronto, nos equivocamos y no hacemos la voluntad de Dios.

-¿Y qué palabra tendría para una mujer que fue violada?

-Le diría que Dios es el dueño de la vida y que a ella la hizo instrumento de vida. Que la culpa la tiene el violador, no el niño que lleva en su seno. Creo que la decisión de abortar se acabará cuando pensemos que toda vida es un regalo de Dios, más allá de cómo fue concebida, del dolor, o de la alegría. El sabe por qué y con el tiempo uno va descubriendo el para qué.

-¿No puede llegar a ser una carga terrible para la madre

-Para mi madre fue su máximo orgullo haber defendido la vida. Y su máxima satisfacción y alegría fue haber visto en mí a un hombre de bien para la sociedad. Ella pensaba acerca de cuántos hombres y mujeres de bien se privó la sociedad por el aborto. 

-¿Qué hubiera sido de usted sin su fe?

-Siempre digo que la fe es lo más valioso que tenemos. Y que –aunque perdamos todo- no la podemos perder. Dios se vale de mí para hacer obras; yo soy solo su instrumento. Y si el quiere que mi testimonio ayude a hacer recapacitar a una persona y salve una vida, entonces esta entrevista habrá valido la pena.











 

04 octubre 2011

«Si aborto ¿se me va a olvidar la violación? Si me deshago de mi bebé ¿olvidaré al violador?»

Por Alejandra Diener

«¿Si aborto, se me va a olvidar la violación? ¿Si me deshago de mi bebé, olvidaré al violador?» Estas preguntas le hizo Lianna Rebolledo al médico que la atendió cuando ella llegó a los 12 años al hospital de emergencia por una sobredosis de tranquilizantes que le habían recetado a causa de la violación que sufrió en Los Ángeles, California, cuando caminaba por una calle y dos tipos la amagaron.

El médico no le contestó, simplemente le dijo que le sería muy difícil cuidar a su bebé a su edad y en su condición económica, puesto que ella originaria del D.F. se había ido a vivir con su madre, que había sufrido violencia por parte de su padre, a Estados Unidos huyendo, sin papeles, sin dinero y buscando suerte con sus tres hijos. Uno de los cuales padece una discapacidad, no puede mover sus piernas.

Lianna, a pesar de su corta edad era una niña madura, ella fue la que respondió a las preguntas del doctor, y su madre simplemente la acompañó. En entrevista para Informando y Formando Radio, me dijo que su madurez no se debía a que fuera una niña agrandada, sino que más bien, la pobreza en la que vivían era la que la había hecho crecer.

Ella explicó claramente en el programa que pueden escuchar en el #PODCAST http://itunes.apple.com/us/podcast/testimonios-aborto-y-violacion/id458928669?i=98519014 que su preocupación era la violación que había sufrido. Y antes de saberse embarazada, la pobre mencionó que aunque se bañara mil veces sentía un asco horrible, que sentía repudio, y sobre todo ganas de morir. Por eso fue que abusó de los calmantes que, semanas antes de saberse encinta, le habían recetado.

Las náuseas y los malestares que sentía se los achacaba a la violación. Nunca pensó que estaba esperando una nueva vida, sin embargo ese día en el que abusó de los fármacos, fue cuando le dieron la noticia. Lianna dice haberse sentido feliz, puesto que una nueva vida la acompañaría en su dolor y a pesar de que el médico le dijo que abortara, ella se negó cuando se dio cuenta de que practicarse un aborto no haría que se le olvidara la violación.

Lianna tuvo a una niña, Jeannette, esta niña hoy en día es una mujer de 21 años. Sabe su procedencia, y  es idéntica a su madre. Nada que recordar a ese monstruo que abusó de su progenitora. Ella le agradece a diario a Dios que su mamá, Lianna la haya dejado vivir, y se dedica a ir a las clínicas abortistas de Estados Unidos a hablar con las mujeres que quieren abortar. Las ayuda a pensar con claridad y les cuenta su testimonio para que no aborten.

Lianna Rebolledo, hoy en día es locutora de un programa de radio católico y también ayuda a mujeres que sufren por haber sido violadas, las orienta y las acompaña en su recuperación. Ella se ha acercado a Dios, porque dice que nunca había conocido al Creador cuando era pequeña, que su madre estaba más preocupada por darles de comer y sacar adelante a todos sus hijos y nieta que nunca les inculcó la parte espiritual.

Lianna aprendió a conocer a Dios y encontró ese vacío que la tenía sumida en una tristeza inmensa, no obstante, su hija Jeannette fue quien le dio nuevamente sentido a su vida después de aquella noche en que su cuerpo fue ultrajado y su cara marcada. Su peor temor no era haber quedado embarazada, dice, su peor miedo era que no hubiera salido viva de ese infierno.

Una mujer que sufrió la violación de unos hombres desalmados a una edad muy temprana, una mujer que no tenía los recursos para vivir de manera cómoda, decidió que la nueva vida, sin importar de donde venía era un milagro y una bendición. Ella a sus 12 años comprobó que el aborto no borra heridas ni sufrimientos, al contrario el aborto los acrecienta. Asimismo, corroboró que la nueva vida, por muy precarias que sean las condiciones en las que llegue, siempre es un aliento para continuar y vivir con sentido de trascendencia.

Lianna Rebolledo una mujer que hay que oír y ver, pero sobre todo darla como ejemplo para que se escuche a los cuatro vientos que el aborto no es la solución.








 

19 mayo 2010

La madre que salvó a Víctor Galeone, futuro obispo, de un aborto

Víctor Galeone, Obispo de San Agustín, en Florida, Estados Unidos, se enteró en el Día de la Madre del regalo que ella le hizo con todas las circunstancias en su contra: su nacimiento. «Por primera vez en mi vida comprendí lo que significa el regalo de la vida, y lo precioso que es», admite.

Suso Trillo/La Razón

La vida del obispo de San Agustín (Florida) cambió cuando el Día de la Madre de 1970, Rita, le confesó el secreto de su nacimiento. En una revista americana, St.Augustine Catholic, explicó su historia.

Él, que entonces era un cura diocesano americano e hijo de italianos, le dijo a su madre la decisión que acababa de tomar; se iría a los Andes peruanos durante cinco años como misionero. Ella, al escuchar estas palabras, rompió a llorar. Víctor le recomendó que tendría que aprender a olvidarse un poco de él, pero ella no lloraba por su inminente viaje. El verdadero motivo era otro.

En 1935 se vivía en todo el mundo una profunda crisis económica. El padre de Víctor, inmigrante italiano, llevaba tiempo buscando empleo y lo único que conseguía eran trabajos temporales mal pagados. Así era difícil mantener a una familia con tres hijos.

Rita se dio cuenta de que había perdido dos periodos, y fue a ver a una trabajadora social ante la posibilidad de que pudiera estar embarazada. Esta le recomendó que fuera a ver a un médico para ver si recuperaba el periodo. Ella se dio cuenta de que le estaba proponiendo abortar, por lo que se negó en rotundo. «Moriría yo primero», le dijo. La trabajadora le recordó que tener el hijo sería un fallo porque «su marido apenas puede manteneros a usted y sus hijos, y es una irresponsabilidad que lo tengan», le reprochó. Pero Rita seguía negándose a abortar. La trabajadora, ante la negativa de la madre, la amenazó con que el Gobierno le retiraría las ayudas que las familias cobraban por entonces, dos tarjetas que daban derecho a una bolsa de frijoles secos cada dos semanas y alguna prestación de carbón para el invierno. Rita le contó la amenaza a su marido que la apoyó, a pesar de que podrían quitarles una ayuda muy necesaria. «Muy bien, déjalos y devuelves las tarjetas, Dios sabrá recompensarnos», le respondió su marido.

El obispo Galeone, permaneció sin dormir después de oír la confesión de su madre. «Por primera vez en mi vida comprendí lo que significa el regalo de la vida, y lo precioso que es», recordó.

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