Mostrando entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas

23 septiembre 2008

Un dolor mayor que dar a luz





Los Partidarios del Aborto olvidan que no somos dueños de la vida de nadie y no podemos atentar contra ella de ninguna forma. La vida es el Don de Dios y es el derecho fundamental de la persona. Nadie puede quitar la vida de otro ser humano, por lo tanto si somos católicos nuestro deber es defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural

el video es de http://www.proyectoesperanza.cl


Adopcion Espiritual

06 mayo 2007

Desarrollo embrionario

Las primeras doce semanas




Desde el momento de la concepción el nuevo ser humano ya posee toda la información genética que determina sus características físicas, tales como el color del pelo, el sexo, la estructura ósea, etc. Sólo necesitará tiempo, alimentación y un ambiente adecuado para su crecimiento y desarrollo.

Su corazón comienza a latir entre los 18 y 25 días


La base del sistema nervioso se establece alrededor de los 20 días, a los 42 días el esqueleto está completo y hay reflejos, y a los 45 días se pueden registrar los impulsos eléctricos de su cerebro.



A las 8 semanas se le puede hacer un electrocardio-grama y detectar los latidosde su corazón. Si se le pone un objeto en la mano, lo agarra y sostiene. Se mueve en el líquido amniótico como si fuera un nadador innato.






A las nueve o diez semanas entreabre los ojos, traga, mueve la lengua, y si se le toca la palma de la mano, hará un puño. Entre las once y doce sema-nas se chupa vigorosamente el pulgar y aspira el fluído amniótico.

A las 10 semanas ya posee huellas digitales, el cerebro y todos los órganos del cuerpo ya están presentes. Durante esa etapa, si hacemos cosquillas en la nariz del bebé,éste moverá la cabeza hacia atrás para alejarse del estímulo.



A las 12 semanas, etapa durante la cual se llevan a cabo la mayoría de los abortos, su cuerpo está completamente formado, sus órganos ya están funcionando y puede sentir dolor.


De las 14 a las 18 semanas

A las 16 semanas, con sólo 12.5 milímetros de largo, el niño puede usar las manos para agarrar, puede nadar y hasta dar volteretas.




A las 18 semanas el niño es activo y energético, flexiona los músculos, da puñetazos y patea, ahora la madre siente sus movimientos.

Antes del avance de la ciencia moderna, alguien dijo que en esta etapa: la edad de la "actividad", la vida se iniciaba. Sin embargo, el desarrollo real del niño empezó en la concepción, 18 semanas antes.

Mientras va creciendo dentro de la madre, el niño se desarrolla separadamente de ella, con su provisión y tipo de sangre individual y distinta de la de la madre. La vida del niño no es la vida de la madre, sino una vida separada e individual.

Del quinto al noveno mes

Al llegar el quinto mes ya ha transcurrido la mitad del embarazo. El feto mide aproximadamente 30 centímetros de largo. La madre ya siente sus movimientos. El feto puede reaccionar dando un salto, a los ruidos altos o alarmantes.



Durante el sexto mes comienzan a funcionar las glándulas sebáceas y sudoríparas. La delicada piel del bebé en desarrollo, está protegida del fluido amniótico que le rodea mediante un ungüento especial llamado vernix caseosa.



Durante el séptimo mes el bebé ya utiliza cuatro sentidos: el de la vista, el del oído, el del gusto y el del tacto. También puede reconocer la voz de su madre.

Durante el octavo mes la piel comienza a hacerse más gruesa, tiene una capa de grasa almacenada debajo de ella con el fin de proteger y alimentar al bebé. Los anticuerpos se están desarrollando cada vez más. El bebé absorbe casi cuatro litros de fluido amniótico por día; el fluido es reemplazado completamente cada tres horas.

Hacia el final del noveno mes el bebé está listo para nacer. El término promedio de un embarazo es de 280 días desde el primer día del último período de la madre, pero esto es algo que varía. La mayoría de los bebés nacen entre el día 266 y el 294.

Cuando llega este momento, normalmente el bebé pesa 3 ó 4 kilos, y su corazón bombea 1140 kilos de sangre por día. Es ya totalmente capaz de vivir fuera del vientre materno.

El Autor de todas las fotografías de la vida intrauterina que se presentan en esta página es el Sr. Lennart Nilsson. La mayoría de ellas, junto con otras igualmente interesantes, corresponden al libro "A Child is Born" de su autoría.

20 febrero 2007

Dan de alta en hospital al bebé más pequeño del mundo



El Reportero/ EFE
Miami, Florida, 19 de Febrero de 2007


Sobrevive con 284 gramos!

Una bebé prematura que según los médicos pasó menos tiempo en el seno materno que cualquier otro niño sobreviviente recibirá el alta del hospital el martes. Amillia Sonja Taylor medía apenas 24,13 centímetros y pesaba 284 gramos al nacer, el 24 de octubre.

Amillia medía apenas 24.13 centímetros y pesaba 284 gramos al nacer, el 24 de octubre. Su madre la dio a luz en la semana 22 del embarazo; el embarazo normal llega a término entre las 37 y 40 semanas.

Los neonatólogos que la atendieron dicen que Amillia es, que se sepa, el primer bebé que sobrevive tras una gestación de menos de 23 semanas.

"No éramos muy optimistas", dijo el doctor William Smalling el lunes. "Pero ella demostró que estábamos equivocados".

La beba ha padecido problemas respiratorios, una leve hemorragia cerebral y problemas digestivos, pero ninguno de estos le crearán problemas a largo plazo, dijeron sus médicos.

"Desde luego, el cerebro es lo más importante", dijo el doctor Paul Fassbach, que atiende a Amillia desde su segundo día. "Pero su pronóstico es excelente".

Amillia está en incubadora desde su nacimiento y recibe oxígeno. Seguirá recibiendo oxígeno en pequeñas cantidades y estará conectada a un monitor de respiración cuando salga del Hospital Bautista de Niños.

Amillia es la primera hija de Eddie y Sonja Taylor. Fue concebida in vitro y el parto fue mediante cesárea.

"Es un bebé con premio", dijo Fassbach. "Un milagro", acotó Smalling.

22 diciembre 2006

Mientras haya vida habrá esperanza

En una viñeta sugestiva aparece una cigüeña que lleva a un niño. Vuela delante de un anciano que mira hacia arriba. El anciano, al ver al niño, exclama: “¡Mientras haya vida habrá esperanza!” El niño, desde arriba, responde: “¡Mientras haya esperanza habrá vida!”.

Entre vida y esperanza se establecen unas relaciones muy profundas. Muchas parejas de esposos jóvenes se plantean preguntas como estas: ¿cuándo tendremos un niño? ¿cuántos hijos tendremos? ¿Tendremos de verdad hijos? Según el cuadro que se dibuje en el horizonte, la respuesta puede ser muy distinta. Además, hay cosas que no dependen de los esposos, como es el doloroso drama de la esterilidad.

Tal vez alguno piense que una pareja que tenga una casa propia, con un trabajo seguro, con una estabilidad emocional y familiar y con unos salarios aceptables, estaría más preparada a acoger pronto a uno o varios hijos que pudiesen nacer como fruto de su amor. Una pareja, en cambio, que apenas está pagando su piso, que no tiene un futuro laboral claro o que recibe salarios bajos, y que encima vive con tensiones familiares, tenderá a retrasar la venida del primer (o segundo o tercer) hijo. Soñará seguramente en convertirse en una familia pequeña.

Sin embargo, la vida nos da muchas sorpresas. Hay familias bien dotadas económicamente que, contra lo que uno esperaría, no tienen casi hijos. Otras familias menos favorecidas, incluso pobres, acogen uno tras otro a un pequeño ejército de chiquillos que alegran los pocos rincones disponibles del pequeño hogar que les cubre de las lluvias o de los rayos del sol. Descubrir el porqué de una y otra situación resulta algo muy difícil.

Lo que sí está claro es que, si en un matrimonio reina el amor y el respeto mutuo, y se vive en un clima de optimismo, de confianza, de generosidad, de armonía, de fe profunda, es más fácil abrirse a la posibilidad de un primer, segundo... quinto o séptimo hijo, aunque antes de la venida de cada uno se pueda hacer una lista más o menos larga de dificultades que acompañarán al nuevo inquilino de la casa.

Desde luego, hay situaciones que exigen a los padres el pensar seriamente en retrasar el nacimiento de un nuevo hijo. Pero en otros casos, con un poco de esfuerzo y de optimismo lo que parecía un problema se resuelve con esa dosis de esperanza que permite el inicio de un nuevo embarazo.

Hay quienes, en nuestro mundo, creen que cada hijo que nace es un nuevo problema que resolver, sobre todo en los lugares donde hay más pobreza y donde faltan alimentos y medicinas. Pero si valoramos a cada hombre por lo que es, y rompemos esquemas de egoísmo y de pereza, nos daremos cuenta de que cada niño que nace, incluso en condiciones de pobreza, nos obliga a todos a agudizar nuestro ingenio, a trabajar por darle lo que necesita, a distribuir mejor las riquezas de un mundo que vive en medio de injusticias clamorosas, y a dejarle crecer como un nuevo ciudadano que podrá, si acoge la semilla de una buena educación, mejorar a esta humanidad y hacerla algo más justa y menos egoísta.

Por eso, si mantenemos en alto la bandera de la esperanza, veremos que muchos esposos que se creían casi obligados a renunciar a nuevos hijos entre las paredes del hogar, encuentran maneras y modos para que, si Dios lo quiere, puedan asomarse nuevas cabecitas en este planeta que necesita crecer en la esperanza.

Mientras en Europa hay países donde las escuelas se vacían y los gobiernos prevén serios problemas económicos en unos 15 ó 20 años por la falta de niños y jóvenes, América vive la presión de algunos grupos de interés que quieren controlar, desde arriba o con propaganda más o menos subliminal, y no pocas veces con engaños y violencias, el número de hijos de tantas parejas que querrían acoger, con generosidad, una nueva vida.

Ojalá un día esos grupos, que muchas veces dicen querer combatir la pobreza, renuncien a eliminar el hambre con la táctica de impedir nuevos nacimientos. No es así como se logra la justicia en nuestra tierra sufriente. El hambre se elimina con hombres y mujeres que puedan recibir educación y ayudas económicas con las cuales podrán desarrollar actividades económicas capaces de darles alimento, vivienda y sanidad. La pobreza no se quita con millones de dólares destinados a esterilizar a miles de personas, a veces contra su voluntad, sino con millones de dólares para distribuir medicinas, para enseñar técnicas agrícolas, para abrir nuevos pozos de agua. No puede ser justo el mundo globalizado si permite, por ejemplo, que en Haití o en Vietnam haya más facilidad de acceso a los contraceptivos que al agua potable...

Mientras haya esperanza habrá vida. Quizá todavía los profetas del pesimismo seguirán luchando contra la familia, contra los hijos. En cambio, el progreso basado en el respeto al hombre y a la mujer y en la acogida de cada vida como un tesoro de valor incalculable trabajará por distribuir mejor las riquezas, para que los ricos no sean siempre más ricos ni los pobres vean cada día aumentar su pobreza. La esperanza nos lleva a construir un mundo mejor. Nuestros hijos serán los primeros beneficiarios, y, ¿por qué no?, también nosotros nos daremos cuenta de que hemos crecido un poco en el amor y la justicia.

Autor: Fernando Pascual
Fuente: Colaborador de Mujer Nueva
Fecha: 2006-05-26