24 febrero 2005

En inglés pero irrebatible

Vídeos Provida

Imágenes de 11 a 32 semanas de gestación.

Selección de 10 secuencias reales de barridos por ultrasonidos en tres dimensiones. l En las cuatro primeras imágenes, apretando sobre ellas, se ve el vídeo que se obtiene a través del nuevo escáner de ultrasonidos (4D ultrasound scanning). Es una evidencia irrebatible de la naturaleza humana del niño en el seno materno. Su difusión, muy necesaria, ilustra sobre la realidad del niño en sus primeras semanas de gestación.

Video Footage for 11 weeks Video Footage for 25 weeks Video Footage for 27 weeks Video Footage for 33 weeks
11 weeks Ultrasound Video Footage 25 weeks Ultrasound Video Footage 27 weeks Ultrasound Video Footage 33 weeks Ultrasound Video Footage
Imagery from 28 weeks Imagery from 29 weeks Imagery from 32 weeks Imagery from 33+ weeks
28 weeks Image 29 weeks Image 32 weeks Image 33+ weeks Image
Imagery from 36 weeks Imagery of Legs and Feet

36 weeks Image Legs + feet Image

23 febrero 2005

Yo aborté y no merezco pasarlo bien


Le llamaremos Antonio, aunque podría llamarse Juan o Alfonso. Es una de las 77.125 trágicas historias que durante el año 2002 salpicaron de hipocresía la sociología pseudo-progre de la España del siglo XXI. No es la historia más destacable. Es una más. Pero es la suya. Y la vive con dolor, miedo, dramatismo, angustia... y esperanza.

Antonio es un joven universitario. Conoció a Pilar y se enamoró de ella. A las pocas semanas "surgió" tener relaciones sexuales. No era la primera vez para un joven que se había "estrenado" a los 17 años con la cultura del "póntelo, pónselo". Gracias Matilde... "Lo que hay que hacer es tomar precauciones", dice. Por eso, Antonio viaja siempre con su Abono Transportes y su preservativo. Su madre, lo acepta. No quiere un bombo "porque sería el mayor disgusto de mi vida".

Todo es cuestión de prevenir. El preservativo funciona. Lo malo es que cada mes le asalta la preocupación de un eventual embarazo. Tras la regla, llega el descanso. Y lo peor es que el preservativo a veces se rompe. "Quiero decírselo a los jóvenes de mi generación. El preservativo no es siempre seguro", señala. Y eso es exactamente lo que ocurrió. Apenas llevaban dos meses de noviazgo y la regla no bajaba.

La prueba dijo que sí y entonces el mundo feliz se convirtió en un infierno: "¿Cómo me puede haber pasado a mi una putada como esta?". Noche de encefalograma plano y soledad. Antonio no podía hablar con sus padres "porque se llevarían el mayor disgusto de su vida". Pilar tampoco podía contarlo en su casa porque pensaba que su padre dejaría de hablarla para siempre. ¿Y los amigos? Los pocos "amigos" con los que hablaron, ya saben: "Te vas a joder la vida para siempre".

Con las puertas cerradas y el túnel oscuro, Pilar pensó que "no estaba preparada para ser madre" y Antonio creyó que debía apoyar a Pilar en la decisión que tomara. Solos en el mundo, ante el silencio de su reciente paternidad/maternidad optaron por "hacerlo" cuanto antes. Tan sólo cinco días después del test de embarazo, se habían quitado el "paquete" de encima. La "solución" era "fácil": diez minutos de intervención y 390 euros con anestesia general.

Los primeros días fueron de liberación. Los dos se sintieron libres de un peso no deseado. Volvieron a reír y a disfrutar de la vida. Pero la conciencia llegó con un mes de retraso. Los dos sabían lo que habían hecho y habían tratado inútilmente de ahogar el peso de la culpa que ahora llamaba a la puerta. "No me apetecía jugar al fútbol, ni salir de copas. A veces no podemos dormir, y se nos quitan las ganas de comer. Éramos alegres y nos sentíamos cobardes. Todo te habla de embarazos y niños. Te sientes aludido por la palabra asesino. Siento que no me merezco pasarlo bien jamás", cuenta Antonio entre lágrimas.

Antonio está arrepentido. Sabe que Dios le comprende y le perdona, aunque todavía no lo vive: "Espero poderme perdonar algún día". El mismo orgullo que todos nos hemos terminado por tragar ante la evidencia de nuestra extremada debilidad y limitación. Mientras tanto, quiere agitar a los jóvenes de su generación para que salgan de la superficialidad en la que viven inmersos. Quiere gritar a la sociedad que el aborto no es nunca una solución. Su testimonio evidencia que el silenciado síndrome postaborto existe. Porque la realidad siempre termina aflorando. Porque si una vida no merec! e la pena, ninguna vida merece la pena.

Ahora Antonio pelea por recuperar la dignidad perdida. Sigue unido a Pilar, aunque ya no mantienen relaciones sexuales. Y no porque tengan miedo a repetir la dolorosa experiencia, sino porque quieren que esa "palabra" sea pronunciada con la estabilidad necesaria. El dolor y la culpa permanecen en su corazón. Y Antonio quiere redimir el mal irreversible, participar con su testimonio en el ambicioso plan de redención divino. Sea. Me uno a Antonio en su proyecto vital.

Yo aborté hace dos años en Andalucía.


Reproducimos aquí, por su gran interés, el testimonio de una mujer joven que sufrió un aborto provocado hace dos años en Andalucía. Lucía Fernández es española. Ahora tiene 30 años. La entrevistamos recientemente para que nos contara qué es el aborto y cómo lo vive la mujer.

"Cuéntanos como empezó todo.

He tenido dos embarazos. El primero terminó en aborto provocado. El segundo, una niña. Sobre el primero, pues sucedió lo “típico”. Estaba con mi pareja, pasa lo de las relaciones sexuales y quedarse embarazada... y él dice que lo de tener hijos lo dejemos para más adelante, que somos jóvenes. Estábamos ya mal, estábamos muy mal y yo no me imaginaba lo que iba a pasar después...

¿Cómo te enteraste de que estabas embarazada?

Por la prueba del embarazo. La compré en la farmacia: Predictor®.

¿Y tú querías seguir adelante?

Yo estaba contenta con mi embarazo pero sabía que él no querría tener al bebé. Él me dijo: “Lucía, que somos jóvenes, hay mucho tiempo”. Añadía otras cosas como diciendo “Si ahora lo tienes te voy a dejar”. Una especie de chantaje, o sea, yo ya no tenía a nadie en quien confiar, de ninguna clase, no tenía amigas, no tenía a nadie, solo a él, y si me dejaba...

Estabas atada a él.

Si, económicamente atada, atada y lo quería con locura. Finalmente me convenció, le costó, le costó bastante. Estaba cariñoso, cosa que no estaba nunca, y hacía cosas que no hacía antes, besitos, muestras de cariño frecuentes...

Quería conseguir que accedieras a abortar, claro.

Claro, sí, exacto. Él decía que no tenía dinero, estaba todo el día quejándose de que no teníamos medios y en cuanto se enteró de que estaba embarazada, ya tenía el dinero preparado para el aborto.

¿Sabes cuánto costó?

Pagó él, 240 euros creo (unas 40.000 pesetas).

Y vosotros ¿estabais solos? ¿él y tú? ¿No había otra gente que te pudiera ayudar para tener al niño?

No, no, yo estaba sola, no encontré ayuda. Él sí tenía relación con su familia, yo no.

¿Cómo fue el aborto?

Fui totalmente bebida al aborto… porque no quería hacerlo. Realmente estaba muy presionada… El día que fui me hicieron todo: ecografía, visita del psiquiatra y luego el ginecólogo que me lo hizo. No sé, era como que el médico tenía miedo, me hacía muchas preguntas como “¿Por qué venís a esta clínica?” Parecía que tuviera miedo de estar haciendo el aborto. Creo que era argentino. Nadie me ofreció otras alternativas al aborto ni me contaron lo que iba a sufrir después por ello. He conocido ahora que tenía derecho a conocer las repercusiones y las secuelas que podía tener por ley, pero a mí no me dijeron nada de esto. ¿Por qué?

¿Cuál fue el método abortivo que usaron contigo?

Me hicieron el aborto con el método de aspiración. Con el aspirador es como si te arrancaran un trozo... es que tú sientes que te están arrancando parte de tu cuerpo. ¡Es horrible!

¿Has tenido tristeza o lo que se llama la depresión del aniversario, es decir, al año de la operación o en la supuesta fecha de nacimiento del niño?

Empecé a beber alcohol, comencé a encontrarme fatal de ánimo, todo por el aborto. A mí, cuando veo a un niño de unos cuatro o cinco años, pues se me escapan las lágrimas. Es la edad que tendría mi hijo si viviera… Lo del aniversario del aborto y su fecha de nacimiento lo sufro mucho. He tenido un intento de suicidio.

¿Has pasado noches sin dormir con ansiedad?

Después del aborto he tenido mucha ansiedad, sí.

¿Y cómo acabó la relación con él?

El otro embarazo fue precisamente por el remordimiento que tenía, buscando, pensando, que iba a reparar. Estábamos muy mal ya. Finalmente dejamos la relación.

¿Con el embarazo de la niña, has tenido sueños de que perdías a la niña o algo relacionado?

Soñaba que me quitaban a la niña, todos los días soñaba que venía la policía y se la llevaban, que yo no era digna de tenerla. Estuve tomando durante el embarazo Valium®. Cuando nació la niña, ésta tuvo algo de síndrome de abstinencia. Ahora necesito tomar Orfidal® para dormir.

En relación con los médicos, ¿qué nos comentas?

Tengo pánico a los médicos, ¡ufff!! Para una revisión ginecológica, al final ha tenido que ser una mujer ¡una mujer! Pero sólo porque era una mujer, era incapaz de que me viera un hombre después del aborto.

¿Tú eras una persona religiosa?

No, no lo era. Era atea. Yo era muy “feminista” y lo veía sólo desde el punto de vista de la mujer. Un punto de vista falso e imparcial. Ahora no, ahora veo al niño.

El aborto que cometí no quiero intentar olvidarlo, es una cosa que está ahí y la asumo. Es que no quiero quitarle la importancia que tiene. Es como quien mata a alguien y con estar cuatro años en la cárcel ya está todo bien. Uno tiene que reparar y seguir mirando hacia delante, pero asumir que ha hecho cosas mal. El aborto es algo muy malo para la mujer.

Yo creo que fui responsable de este error pero tuve un margen de elección muy pequeño: cuando lo veo ahora… creo que realmente no tuve la suficiente libertad como para poder elegir lo mejor para mí. No había tiempo que perder y con tanta presión de mi pareja… y la falta de ayuda de los médicos de esas clínicas abortistas… Cuando me vieron que fui a abortar totalmente borracha debían haberse dado cuenta de que no quería realmente hacerlo. Pero esos médicos mataron a mi hijo y me hicieron cómplice de algo horrible… cosa de la cual me arrepiento y le pido a todo el mundo que no dejen que se siga haciendo.

El aborto no soluciona nada, es otro problema más y encima, han hecho un negocio conmigo y con mi difunto hijo."

Postpuse un tratamiento de cáncer de tiroides por mi hija y no aborté

Hola amigos, hoy he sabido de vuestra existencia por televisión, me ha encantado lo que se ha dicho sobre vosotros, y aún me ha gustado más lo que he visto en vuestra página Web.


Cuando yo estaba embarazada de apenas 10 semanas, me diagnosticaron un cáncer de tiroides, (si nos ha de tocar un cáncer en la vida, mejor que sea éste). Bueno, lo primero que hizo el cirujano fue presionarme a mí y a mi marido para que abortase, los dos estábamos muy convencidos de no hacerlo, pero os prometo que la presión y los nervios era muy intensa.

En la semana 12 de embarazo, me extirparon el tiroides con su tumor, en un caso normal, después de esta intervención se ha de recibir una dosis terapéutica de yodo radioactivo, (I131) para eliminar los restos del tiroides con malignidad que queda en el cuerpo. Claro está, estando embarazada, este tratamiento no se puede aplicar, así, que por decisión propia, se postpuso hasta después del parto.

Os tengo que decir que cuando estaba embarazada de ya 5 meses, me presentaron al médico nuclear que en un futuro me tenía que aplicar este tratamiento, este médico, nos tranquilizó muchísimo, nos dijo que habíamos estado acertados en la decisión de no abortar, pues este cáncer tiene una evolución, muy, muy, lenta. A mi marido y a mí casi se nos salen las lágrimas en su consulta, todo lo que habíamos pasado había sido innecesario, imaginaos si llego a abortar, sé cómo nos hubiésemos sentido los dos, y cómo se pueden sentir las mujeres que, por desgracia y por las circunstancias de presión, lo hayan podido hacer.

Este médico me dio tiempo para parir, y para poder amamantar a mi niña, pues a los 9 meses tuve una niña sana y preciosa.


Ahora ella tiene ya 18 meses, y damos continuamente gracias a Dios, por no dejar que nos convenciesen para abortar y dejar que naciera. Yo tengo 33 años, y aunque no aborté, sé cómo se puede sentir la mujer que está apunto de hacerlo.

Besos, y gracias por vuestra ayuda.

Julia, de Valencia.

Yo aborté y nunca volvería a hacerlo

Tan solo llevaba viviendo tres meses en España cuando me quedé embarazada. Tenía 24 años, y ni mi esposo ni yo quisimos decírselo a nuestra familia de Marruecos. Pero estábamos convencidos de que era imposible tenerlo: no conocíamos el idioma, no teníamos permiso de residencia, ni trabajo, ni muchísimo menos dinero. Así que, cuando mi embarazo estaba ya en su segundo mes, tomamos la decisión de no seguir con él. ¿Qué más podíamos hacer? ¿Quién nos iba a ayudar?

Nuestros parientes y amigos en España nos aconsejaron acudir a los Servicios Sociales para solicitarlo. Estábamos muy angustiados, pero a pesar de no tener papeles ni recursos económicos, lo conseguimos. Los trámites se alargaron hasta que rocé el cuarto mes de embarazo. Fue entonces cuando los Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid consiguieron tramitar el aborto. Y pagármelo, claro.

En la "clínica" Isadora de Madrid me dieron la hoja de consentimiento informado unos minutos antes de entrar en el quirófano. No me dijeron que la leyera: me pidieron que la firmara directamente. A pesar de ser extranjera, entendí algunas de los peligros para la salud que leí de un vistazo. Me dio igual. Mi decisión estaba tomada ya.

Como la anestesia fue total, me desperté sin recordar nada de la intervención. Pero de lo que estaba segura, sin el menor asomo de duda, es que lo que se había perdido para siempre era un niño. Mi hijo.

A las pocas horas me fui de la clínica. Al menos me dieron un teléfono de urgencias al que llamar. No sufrí ninguna hemorragia, así que no tuve que volver por allí. Pensaba que al salir de la clínica todo habría terminado. Pero no fue así. Empezaba algo mucho peor.

No podía conciliar el sueño. Lo único que hacía era pensar en el niño que ya no estaba dentro de mí. Sabía que había tenido vida en mi interior y que ya no la tenía. Comencé a sufrir insomnio, pesadillas, a llorar incontroladamente, a recordar a mi hijo cada mes que pasaba. Estaba convencida de que no podría aguantar esta tortura. Mi carácter empezó a alterarse y yo no era capaz de controlar mi temperamento. Me daba miedo enloquecer.

Y pocos meses después una noticia cambio todo de nuevo. Me quedé embarazada otra vez, y mi situación era muy parecida: sin trabajo, sin papeles, con lo básico para sobrevivir. La única persona que nos ayudaba era una tía de mi marido. Por lo demás, estábamos solos. Mi esposo quiso llevarme a un Centro de Salud para solicitar otro aborto. Pero esa vez me negué sin dudarlo. No luchaba solo por mi hijo. También lo hacía por mí: sería incapaz de resistir de nuevo un aborto y sus consecuencias. Le dije a mi marido que tendría ese niño incluso por encima de mi matrimonio si fuese necesario. Hasta pensé en el divorcio.

Pero mi esposo, aún así, concertó una cita en los Servicios Sociales. Así que una noche me levanté y estuve caminando durante todo el día. Cuando volví a casa, le dije: “Yo le alimentaré y le vestiré. Incluso le querré si tu no eres capaz de hacerlo”.

Y hoy estoy embarazada de ocho meses. Está claro que la historia acaba bien. Mi marido está ahora contento. Y yo estoy mucho mejor.

Autor: Fátima

Publicado en: AVA