24 septiembre 2004

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17 septiembre 2004

Pido perdón




Me desprecio a mí misma. El otro día sostuve a una enferma de alzhéimer entre los brazos mientras la bañaban. Su escueto cuerpo casi se me resbalaba en la bañera y vi a su esposo llorar por el temor a perderla. La restregamos, frotamos y secamos. La vestimos y la acostamos. ¿Y saben qué pensé? Pensé que su muerte sería un alivio, que me parecían un desatino la mente completamente perdida y el cuerpo desmadejado de mi amiga, un contradiós. Al día siguiente, en un golpe de lucidez, repasé estos pensamientos de la víspera. Y decidí pararme un momento a examinar por qué una cristiana practicante, bendecida por la vida y las circunstancias económicas, familiares y sociales, podía desearle la muerte a otra persona. Recordé mis manos lavando a la mujer y su cuerpo estremeciéndose de gusto por el agua caliente y las caricias de la esponja. Recordé su alegría por los colores del camisón y un resto de mirada tierna hacia su marido. Ella no sufría, era feliz en su simpleza. Lo recordé también a él, contento con la escena, satisfecho por conservarla a su lado, por ayudarla día a día, por mi amistad. Y caí en la cuenta de que en aquella escena sólo yo puse muerte. Y no lo hice por el bien de la enferma, que disfrutaba; no lo hice por su familia, que la quiere, lo hice simple y llanamente por cobardía. Porque sufrí viéndola y no quería seguir sufriendo. Porque no tenía una respuesta ante el misterio que tenía delante. Entonces me avergoncé de mí misma y, lo que es más importante, caí en la cuenta de que el día anterior mi desconcierto me impidió apreciar que la enferma disfrutaba con nosotros y con el baño, y su familia también. Así es, amigos. La mentalidad dominante está al acecho para colarse en nuestra mente a la menor oportunidad. Para sembrarnos de duda y de miedo la cabeza e impedirnos ver la belleza, el bien, la positividad. Pido perdón por haber vacilado, por haber censurado la hermosura. Por haber creído en el mal. Y concluyo: si yo, que apenas veo la tele; que leo a los clásicos porque mi padre me enseñó; que soy católica porque la Iglesia me ha abrazado; que lo tengo todo, albergo alguna vez pensamientos de muerte ¿Cómo no los va a albergar el resto de mis contemporáneos, sometido a un constante bombardeo de mentiras? ¿Cómo no los van a albergar ciertos enfermos desalentados, tantas personas ideologizadas sin siquiera saberlo, tantas víctimas de la mentira? Si estoy contenta hoy es por haber pedido perdón y por haber caído en la cuenta de la verdad. Por haber reconocido la belleza de la vida de mi amiga y su marido, y haber redescubierto que vale más que la mía porque dan testimonio de una belleza que no se somete a los estándares de calidad. Queda mucha hermosura por mostrar en un mundo tan débil y tan lleno de tristeza como estamos creando.
Cristina López Schlichting
la Razón

15 septiembre 2004

Entre rejas por defender la vida




Defender la vida humana en el seno materno puede resultar peligroso, y no estamos hablando de un Estado totalitario sino de España. Fernando Viguier, un camionero de 49 años, lo acaba de sufrir en sus carnes. Esta es su odisea en manos de la Policía y del magistrado del juzgado número 9 de Zaragoza. Un juez deja a un camionero un día entero en el calabozo por hacer una pintada contra el aborto.

Me reconcomía el alma de pensar que en los bajos de mi casa se estaba acabando con vidas humanas y decidí hacer una pintada?. Fernando Viguier, barcelonés de 49 años, afincado en Zaragoza desde hace 4, explica a ÉPOCA los motivos de una actuación que le ha costado un trago amargo. Casi un día entero incomunicado, en el calabozo, alimentado por un bocatín de tortilla y sin saber qué iba a ser de mí, porque el juez rechazó el habeas corpus que presentó mi mujer.Pero volvería a hacerlo. Fernando puso con un spray la palabra "Asesinos" sobre la pared de la clínica abortista Almozara, por una cuestión de conciencia. "Soy coherente con mis ideas, sobre todo cuando se trata de un asunto tan grave, el primero de todos los derechos que están vulnerando unas leyes injustas".

Fabiola, la mujer de Fernando, tercia: "Los tres supuestos implican dejar impunes unos asesinatos y no podemos quedarnos cruzados de brazos ante esa injusticia. Mi marido y yo no podemos estar tan tranquilos, comiendo o viendo la tele, cuando unos metros más abajo unos cirujanos están terminando con vidas humanas en el seno de sus madres".La pintada le costó a Fernando una noche enrre rejas. "Me quitaron los gafas y no podía leer ni los documentos que me mostraban -nos cuenta- ; me tuvieron unas 22 horas, desde las 3 de la tarde de un viernes hasta la 1 del mediodía de un sábado, sin otro alimento que un bocatín pequeño de tortilla; además el juez me habló de malos modos y denegó el habeas corpus?. Quien así habla es un padre de familia, un hombre de aspecto sencillo y expresión amable. Pero que no tiene miedo de defender sus ideas. No soy un delincuente, ni tampoco un agitador social? explica ?sino un trabajador.

Fernando Viguier hace una media de 500 kilómetros diarios con su camión para llevar el pan a su casa. Me levanto a las cinco de la mañana para coger el camión, ir a por la carga y llevarla luego a sus destinatarios en Soria, Logroño, Pamplona cuenta. No menos de 13 horas diarias al volante para ganar alrededor de 1.300 euros mensuales limpios (unas 180.000 pesetas). La detención y el trato recibido por Fernando fueron desproporcionados" señala Fabiola. Y añade que, en su opinión, el problema no es la pintada en sí, sino el mensaje: En esta sociedad resulta políticamente incorrecto poner la palabra Asesinos en una clínica abortista Yo pensaba que una pintada se resolvía con una multa? -dice Fernando-. Lo que le sorprende es que lo mantuvieran casi un día en el calabozo. La mujer del camionero no oculta su indignación: en el País Vasco, los proetarras llaman Asesinos en la cara a los políticos; y jueces y policías no mueven un dedo y aquí detienen a un trabajador, cuyo único delito ha sido, precisamente, defender la vida y denunciar un hecho real: el aborto.

Todo comenzó cuando Fernando, harto de ver a chicas jóvenes que entraban en la clínica para someterse a abortos, bajó a pintar la palabra Asesinos. Lo hizo cuando se iba a trabajar, a las 5 de la mañana. Pero fue grabado por una cámara de seguridad del centro médico y, posteriormente, éste lo denunció. Fernando fue requerido por la Policía y se presentó en comisaría un viernes a las 2,30 de la tarde. No tenía miedo -comenta- Había hecho lo que, en conciencia, creía que era justo.Su mujer lo esperó pensando en que no tardaría en volver. Pero transcurría la tarde y Fernando no salía. Por la noche, lo trasladaron a la Jefatura Superior de Policía de Zaragoza. Fabiola estaba muy preocupada. Su marido se había ido sin comer, no sabía nada de él, llegó a pensar que le habrían podido pegar. Presentó entonces un habeas corpus (derecho de todo ciudadano a comparecer sin demora ante un juez para que, oyéndole, resuelva si la detención es legal). Y ahí comenzó para ella otra dolorosa odisea, paralela a la de su marido. En Jefatura no le respondieron si Fernando estaba allí detenido y la remitieron al Juzgado. Pero en este le dijeron que su marido estaba libre desde hacía rato. Volvió entonces a Jefatura, con la convicción de que la estaban mintiendo y mareando. En la Policía le confirmaron, por fin, que estaba detenido allí y le volvieron a enviar a los Juzgados para que presentara el habeas corpus. Y en el Juzgado le dijeron que esperara un momento, porque su marido iba a salir en breve. Pero después le dijeron que no, que continuaba detenido. El juez del Juzgado 9 de Zaragoza, José Emilio Pirla, rechazó el habeas corpus, por considerar que se daban supuestos legales para la detención. Sin embargo, según el Código Penal (art. 626), las pintadas (¿deslucimiento de bienes inmuebles?) no tienen consideración de delitos sino de faltas. Y no se detiene a nadie por una simple falta (Ley de Enjuiciamiento Criminal). Salvo que el presunto autor no tenga domicilio conocido (y no es el caso de Fernando).Estamos por lo tanto ante una detención ilegal y procedía el habeas corpus, es decir que el detenido sea puesto de inmediato ante la presencia del juez.

A Fernando lo llevaron ante un forense para que lo reconociera. El médico le sometió a una serie de preguntas, probablemente con el fin de calibrar mi estado mental?, deduce. ¿Por qué si no, me pregunta mi fecha de nacimiento y un rato después cuántos años tengo??.Le dejaron libre a la 1 del mediodía. "Ni soy un rebelde, ni un revolucionario" afirma Fernando Viguier. "No quiero enfrentarme a nadie. Pero me parece muy grave que el Estado consienta la muerte de inocentes". El compromiso de Fernando por la vida es radical. Con la vida humana no se pueden admitir componendas. Y lo ha demostrado con hechos, no con palabras. Su mujer y él han ayudado más de una vez a madres solteras. Lo explica Fabiola: Cuando te llega una chica encinta, como una que había quedado embarazada de un africano que estaba en prisión, no puedes ir con palabras bonitas. Tienes que acogerla. Y eso fue lo que hicimos. La tuvimos en casa, tratamos de volcarnos con ella? pero la decisión final de tener al hijo fue de ella.

¿Qué harían si Clara, su hija mayor, que tiene ahora 9 años, les llegara embarazada el día de mañana? Ninguno de los dos duda en responder que aceptarían el niño.
Más dificil todavía. ¿Qué hacer cuando la existencia no tiene sentido debido a una enfermedad terminal o una tetraplejia como la de Ramón Sampedro? ¿Qué dicen a eso Fernando y Fabiola? A alguien como Sampedro tampoco le echaríamos un discurso. Lo que haríamos sería dos cosas: compartir su sufrimiento y darle cariño. Cuando una persona experimenta el calor y el amor de quienes le rodean, la vida cobra siempre sentido"

14 septiembre 2004

Teresa, mujer del siglo XXI


Podemos llamarle como queramos. En cualquier caso, que sea un nombre femenino, porque de mujer estamos hablando, y así tendría que figurar en la partida de nacimiento. Por lo tanto, podemos ponerle a su rostro destrozado el nombre de Teresa, o el de Trinidad, o el de María José, o el de Carmen, o el de Magdalena... ¡qué más da! Aunque haya quien, muy matizadamente, sostenga que los nombres y las personas son la misma cosa, en nuestro caso resulta un poco prematura tan oriental susgestión. Pero como no puede ser alguien sin nombre, aunque sí sin bautizar, elijamos, por ejemplo, el primero citado, el de Teresa.

Teresa vivía feliz, alimentándose de la sangre de la vida, sabiéndose continuadora de una huella genética marcada por el acto de amor de un hombre y una mujer. Si había surgido del amor, nada podía destruirle. Día a día, Teresa reponía energías y esperanzas para abrirse camino rumbo al porvenir. Su ser tomaba forma, y le iban creciendo los sentimientos florecientes, las sensaciones de bienestar, la alegría en mantillas de mirar sólo adelante, y heredar la existencia como su único tesoro personal. Le gustaba vivir y dónde vivía, y cómo vivía. Presentía que haber nacido es algo genial, y que merecían la pena todas las incomodidades, y aún los riesgos que comporta cada paso que habría de dar por sí misma.

A Teresa le había tocado vivir en un mundo de derechos humanos, de libertades, de convivencia y de progresos. No era como antiguamente, que la mujer debía soportar el más denigrante de los tratos, su ninguneo, la amargura de ser alguien del que todos los hombres prescinden si no es para conseguir placer y que les laven la ropa. Eso ya había pasado. Ahora, la mujer conquistaba diariamente un derecho. Así que nada mejor que ser mujer en esta sociedad nueva, de compromisos unánimemente compartidos para hacerla igual en todo al varón. Incluso se había hecho una ley para primar a la hembra humana, compensando así las discriminaciones y la explotación de la que había sido objeto hasta entonces.

Teresa estaba contenta de la madurez histórica que le había correspondido. Ella podría haber nacido en tiempos oscuros de represión y maltrato. Y sin embargo, el Creador había querido que viniera al mundo en la plenitud de su justicia social, cuando ya hombre y mujer hasta ocupaban las mismas carteras ministeriales. Le estaba agradecida Teresa a esta circunstancia, sin la cual su vida habría sido muy dura y habría servido tal vez de muy poco. Ella se imaginaba en manos de un bárbaro que le pegase, borracho y furioso, que le violase en el lecho, que le obligase a servirle como una esclava, y se sobrecogía de espanto. Ahora su integridad estaba a salvo, protegida su dignidad, guardada por el Estado y la cultura su seguridad. Podría disfrutar de su identidad femenina gracias a la "igualdad de género", pilar político fundamental de su época y de su entorno. El machismo había sido al fin vencido.

Pero un día, Teresa se convirtió en la excepción. Un hombre, un macho humano, se acercó a ella con ánimo agresivo, y rompió todos los claustros en los que Teresa se sentía tranquila. Hubo sangre, mucha sangre. A Teresa, aquel hombre, que en ningún momento le profirió amenazas, le desfiguró el rostro con un ácido dolorosísimo. Ella estaba indefensa. Se acordó de todas las garantías que a favor de la mujer le prometía su mundo y su época, de cómo había sentido el latido de un contexto maternal que le inspiraba paz y le proporcionaba todo lo necesario para vivir.

Y ahora, ¿dónde estaba aquella red de precauciones en la que Teresa se parapetaba? ¿por qué aquel hombre le avasallaba, despedazaba sus miembros en flor, abría aquellas irreparables heridas en su cuerpo de mujer incipiente, y dejaba que su calor se extinguiera en el abismo de la nada? ¿Por qué tenía que renunciar a lo único que tenía, y que tanto le llenaba, la vida, bajo los zarpazos de aquel ogro revestido de superioridad que aplastaba hasta la muerte sus derechos, ésos que creía ya consagrados para siempre, y que ahora eran aniquilados sin piedad? Teresa no pudo cumplir los tres meses de vida

Ángel Pérez Guerra

07 septiembre 2004

Desde la libertad.- Mar, al fondo

El estreno de la película Mar adentro ha vuelto a poner sobre el tapete la cuestión de la eutanasia, esta vez quizás más ideologizada que nunca antes, con serlo, y mucho, cada vez que ha saltado al debate público. Ahora está todo más teñido de ideología, de presión psicológica sobre el público, de liturgias e iconografías de uso tendencioso. La presencia de Rodríguez Zapatero y medio Gobierno en el estreno de la película en España es, se quiera o no (que tengo para mí que sí que se quiere), una forma de aval político e ideológico, con vaga promesa de traducción legal próxima, a favor de la eutanasia.

Alejandro Amenábar dice que esta película es "un canto a la vida". Pero, no; es un canto al suicidio de un tetrapléjico sin esperanza, como lo prueba el hecho de que en la cinta el suicida es el amigo del espectador, y otro personaje también tetrapléjico, sacerdote y remedo de un caso real por más señas, que sí tiene esperanza, es el payaso de la película, el personaje ridículo y grotesco. Mar adentro es un canto a la muerte diga lo que diga Amenábar, y a una forma particular de muerte, que es el suicidio disfrazado de eutanasia u homicidio por compasión.


Hacer que un suicida caiga simpático no es fácil, pero con la conveniente manipulación se puede conseguir. Y si eso se logra, entonces hacer simpática la eutanasia ya es coser y cantar, porque es bastante sencillo, en efecto, hacerla pasar por un acto médico piadoso. Pero la eutanasia es una forma de homicidio, no una forma de medicina. La eutanasia es exactamente la negación de la medicina, la expulsión de la medicina. Y esta cuestión que ahora resurge, y que han adoptado los holandeses, tiene su precedente en los nazis, ni más, ni menos, les guste o no a Rodríguez Zapatero y a su turiferario Amenábar, cuya película debería haberse titulado Mar, al fondo, porque es la historia de un naufragio vital.


Ramón Pi

Del ABC de Sevilla

Si el señor Amenábar ha querido hacer una película, «Mar adentro», con fines reivindicativos sobre la eutanasia, el tema escogido no ha sido bajo ningún concepto el más acertado. Como madre de un joven tetrapléjico, y conociendo en profundidad el sufrimiento físico y moral de estos lesionados por haber convivido con ellos durante largo tiempo en Toledo, le diría que no he conocido ningún caso de suicidio; antes, al contrario, después de un largo proceso de aceptación a su nueva vida, que no es nada fácil, y acostumbrarse a ver el mundo desde de una silla, el tesón, la valentía y las ganas de vivir dentro de sus limitaciones, a pesar de las trabas que la sociedad les impone, han sido para mí una verdadera lección. Muchos de ellos han conseguido estudiar una carrera, trabajar, crear una familia. Mi hijo, con una lesión similar a la del señor Sampedro, se casó ocho años después del accidente y ha tenido una preciosa hija que les ha dado la felicidad, y ha dado vida a una fundación medular que se llama Puente Abierto. Esto, por un lado, y por otro, las expectativas de la ciencia, que avanza inexorablemente a pasos agigantados con las células madre.

No se debe recordarles el tema de la eutanasia en ningún momento, sino, al contrario, donde hay vida siempre existe la esperanza, y aunque su película esté llevada en un tono risueño, siempre quedará la sombra oscura de la muerte, y de eso ni hablar, hay que luchar. Seguramente, señor Amenábar, ganará usted alguna estatuilla con esta película, no lo dudo y su ego quedará satisfecho, pero piense que muchos padres y familiares que tenemos seres queridos en condiciones dolorosas, no sólo no nos rendimos, sino que lucharemos con ellos para que la vida sea su meta.

Coro Machimbarrena. San Sebastián.