07 diciembre 2005

Testimonio de un "aborto salino fracasado

Gianna Jessen

"Cuando se habla del aborto, siempre se procura hacer desde la abstracción pero se evita ver qué es lo que se quiere eliminar. Quizás este testimonio ejemplifica que es lo que se mata en un aborto Mi nombre es Gianna Jessen. Tengo 19 anos de edad. Soy originaria de California pero ahora resido en la ciudad de Franklin, en Tenesee. Soy adoptada y sufro de Palasia Cerebral. Mi madre biológica tenia 17 anos y 7 meses y medio de embarazo cuando decidió abortarme por el proceso de inyección de agua con sal. Yo soy la persona que ella aborto. Viví en vez de morir.

Afortunadamente para mi, el abortista no estaba en la clínica al yo nacer a las 6:00 AM del 6 de Abril de 1977. Me apresuré; no esperaban mi aborto hasta las 9 AM, cuando el abortista llegaba a su oficina. Estoy segura que de si el hubiera estado allí, yo no estaría aquí hoy, ya que su trabajo es terminar la vida, no sostenerla. Hay quien dice que soy un "aborto fracasado", el resultado de un trabajo mal hecho.

Hubo varios testigos de mi entrada a este mundo. Mi madre biológica y otras muchachas jóvenes que también esperaban en la clínica su turno para abortar fueron las primeras en saludarme. Me dicen que este fue un momento lleno de histeria. Luego hubo una enfermera que aparentemente llamo al servicio medico de emergencia. Estos me llevaron al hospital; donde permanecí casi tres meses.

No había mucha esperanza para mi al principio: pesaba solamente 3 libras (6.6 KG) . Hoy día niños aun mas pequeños han sobrevivido. Un doctor dijo que yo tenia un gran deseo de vivir y que luchaba por mi vida.

Eventualmente pude salir del hospital y fui colocada bajo el cuidado de familias adoptivas. Me diagnosticaron la palasia cerebral como resultado del aborto. Le dijeron a mi madre adoptiva que era muy dudoso que yo alguna vez siquiera pudiera gatear o caminar. No me podía sentar por mi misma. A través de la oración y dedicación de mi madre adoptiva, y mas tarde de mucha otra gente, eventualmente aprendí a sentarme, a gatear y a pararme. Con la ayuda de soportes en las piernas logre caminar un poco antes de cumplir los 4 anos.

Diana De Paul, la hija de mi madre adoptiva, me adopto legalmente unos meses mas tarde; el departamento de servicios sociales no lo permitió antes. He continuado con terapia, y después de 4 cirugías ahora puedo caminar sin ayuda.

No es siempre fácil; a veces me caigo, pero he aprendido a hacerlo con gracia después de 19 anos.

Estoy contenta de estar viva. Casi morí. Cada día le doy gracias a Dios por la vida. No me considero un producto secundario de la fecundación. un montón de células, o ninguno de los títulos dados a los niños antes de nacer. No creo que ninguna persona concebida es ninguna de esas cosas. He conocido a otros sobrevivientes de aborto y todos están agradecidos por la vida. Hace solo unos meses conocí a otra sobreviviente de un aborto por inyección salina. Su nombre es Sara y tiene dos anos. Ella también sufre de palasia cerebral, pero su diagnostico no es bueno. El abortista, además de inyectar a la madre, también inyecta al bebe. Sara recibió la inyección en la cabeza; yo vi el lugar donde la inyectaron. Al hablar lo hago no solo por mi, sino también por otros que, como Sara, aun no pueden hacerlo y por los sobrevivientes. hoy día un niño es un niño solo cuando es conveniente. Es otra cosa cuando el momento no es el adecuado. Un niño sigue siendo un niño si la madre sufre un accidente a los dos, tres o cuatro meses. Cuando es abortado, es llamado un montón de células. ?Que es eso? Yo no veo diferencia alguna. ?Que ven ustedes?

M
uchos cierran sus ojos.... Lo mejor que tengo para enseñarles a defender la vida es mi propia vida. Ha sigo un gran regalo. La matanza no es la solución a ninguna duda o situación. ?Muéstrenme como puede serlo!

Hay una frase grabada en el techo de uno de nuestros edificios que dice:

‘Lo que es malo en lo moral, lo es también el lo político’ Estamos derramando la sangre del inocente. América esta destruyendo su futuro. Toda vida es valuable. Es un regalo de nuestra Debemos recibir con gozo y cuidad loes regalos recibir.

Debemos honrar el derecho a la vida".


Adopcion Espiritual

Mi aborto y lo que supuso para mi vida.


Después de nueve años con mi novio rompimos la relación, poco tiempo después empecé a salir con un chico con el que me sentía muy feliz pero cuando menos lo esperaba me quedé embarazada. Llevábamos un mes aproximadamente juntos cuando nos enteramos de la noticia y aunque nos sentíamos muy seguros con nuestra relación, yo empecé a ver impedimentos por todas partes. ¿Cómo iba a decir que estaba embarazada después de dos meses de haber roto con mi pareja de todo la vida, si todavía casi nadie sabía que estaba saliendo con otro chico?

Para mí era dramático, ¡¡qué estupidez!! No dejaba de pensar en mis padres, mis amistades, mi "ex", en fin, mi entorno.

El padre del niño intentaba abrirme el camino y me mostraba todo su apoyo, me decía que un bebé no es un problema auque las circunstancias no sean las mejores, me animaba diciéndome que una vez lo tuviera en mis brazos ya nada me importaría, solamente me tendría que preocupar de ser felices los tres juntos. Pero yo me veía metida en un tunel lleno de obstáculos y no le escuché. Recurrí a lo más fácil en ese momento: el aborto. Me quité lo que para mí en ese momento era un problema y seguí mi vida, pero no era consciente de que esos cinco minutos que significan un aborto, marcan un antes y un después en la vida de una mujer.

Esto ocurrió un nueve de Mayo, y ahora a un mes del nacimiento de mi hijo, me encuentro atrapada,vacía por dentro,con un remordimiento que no me deja vivir y en efecto, ya no soy la misma de antes.

No dejo de pensar lo egoísta que fui, y me cuesta creer que yo hiciera eso, no sé qué me pasó, ojalá pudiera volver atrás. No hay día que no piense en mi hijo, lo feliz que podría haberle hecho y lo feliz que estaría yo ahora, un mes antes de nacer. Temo que llegue el 27 de Diciembre, fecha en que, según el ginecólogo, iba a nacer mi hijo.

Siempre he sido una persona que adora a los niños, de hecho estudié educación infantil y me dedico a ello, y además siempre he considerado la maternidad como lo más especial que le puede ocurrir a una mujer, soñaba miles de veces que estaba embarazada, y cuando tuve el mejor regalo que pude tener, lo desperdicié, nunca me lo podré perdonar.

No tengo ningún tipo de apoyo, pues poco tiempo después rompí con mi pareja y me siento muy sola, nadie excepto él sabe nada de lo que hice. No sé si tendré el sindrome de estrés post traumático, pero por lo que he leído, es muy posible. Estoy muy susceptible, no dejo de pensar en el niño, en cómo sería mi vida con él, me obsesiona mucho este tema, y me impide concentrarme en otras tareas. Además sueño mucho que estoy embarazada o que ya tengo el bebé en brazos, me siento muy triste y con frecuencia lloro desconsoladamente y a solas. Ultimamente pierdo mucho cabello, estoy muy nerviosa y me cuesta mucho conciliar el sueño.

Me encantaría que mi testimonio ayudara a que muchas mujeres que estén pensando en abortar que no lo hagan,pues dar una vida es lo más maravilloso de este mundo. No tendría ningún problema en ayudarles y contarles mi historia.

Un beso
Claudia*

*Nombre supuesto

Adopcion Espiritual

06 diciembre 2005

Testimonio de unos padres de un bebé anencéfalo


En un instante, en mi corazón escuché en silencio: “Acepta lo que te venga”.

Era el segundo día del verano, volvía a casa después del trabajo en el autobús leyendo un libro, cuando levanté la vista, miré a través de la ventana. En un instante, en mi corazón escuché en silencio: “Acepta lo que te venga”. Me sorprendió. ¿Qué me quería decir Dios con esto? No entendí, volví a mi lectura y llegué a casa. Le di un beso a mi esposo, otro a nuestra hija Elisabet y empezamos a comer. Le comenté a Andreas el detalle del autobús y poco después lo olvidamos.



La tarde transcurrió con normalidad. A las 7 sonó el teléfono, mi ginecólogo me llamaba a casa. Había olvidado acudir a la consulta esa tarde. “Ana, me han llamado los del laboratorio dándome el resultado de la analítica de sangre. No me gusta dar estas noticias por teléfono pero, como no has venido. Tienes niveles de alfaprogesterona muy altos. Eso no es bueno. Necesito que vengas ahora y hablemos”.



Dejamos a Elisabet con mis padres que acababan de llegar a nuestra casa. Andreas y yo nos pusimos los zapatos y... a Madrid. Recordé la frase de la mañana y le dije a Dios. “Acepto lo que me venga”. Con las manos en el volante me puse a cantar el estribillo de una canción que me gusta mucho, pidiéndole a la Virgen, mi Madre, fuerzas para cumplir lo que acababa de decirle a Dios. “Hágase en mi tu voluntad, yo soy la esclava del Señor”. Mi canción era mi oración. Sencilla, directa, con confianza en medio de la tribulación del corazón. Y es verdad, a medida que la cantaba me llenaba de una extraña y preciosa fortaleza.



Aparqué, sonó el móvil. Mi madre. “Ana, no pasa nada, no tengas miedo, Dios está por encima de todo. No va a pasar nada. Todo va ir bien”. Yo ya intuía en mi corazón que, una vez más que los planes de Dios no son como nuestros planes ni sus caminos como los nuestros[1]. Ya había aceptado, sin saberlo, lo que había que venir. Esa es la fuerza que da el Espíritu Santo gratis a todos los que aman a Dios o por lo menos intentan amarle.



Mi ginecólogo es una excelente persona y un gran profesional. Atendió mi primer embarazo y quiso atender también mi segunda gestación. La maternidad es un regalo precioso que Dios ha concedido a las mujeres: participar con Él en el don de la vida y en la grandeza de la creación. El ser madre siempre es emocionante y llena de alegría el corazón. No obstante, el segundo embarazo es más relajado porque ya sabes lo que hay. La ciencia ha avanzado mucho y eso es muy bueno. Es increíble que con un simple análisis de sangre se detecten tantas cosas.



¡Buenas, tardes! Nos estrechó la mano en un cordial saludo. Nos sentamos. Empezó a hablar. “... los niveles altos de alfaprogesterona indican una malformación en el feto que normalmente resulta una anancefalia. Esto ha de confirmarse. Ya sé que vosotros no queréis someteros a la amiocentesis por el riesgo de aborto que conlleva. Además, lo único que encontraríamos serían niveles más altos de alfaprogesterona en el líquido amniótico que ya son obvios en la sangre. Hay muchas otras pruebas que se pueden hacer para confirmar el diagnóstico... ”. Andreas, como buen científico, hizo algunas preguntas mientras analizaba la situación. “... es una malformación incompatible con la vida. No hay remedio. Es la única situación en la que aceptaría una interrupción del embarazo. Yo sé que vosotros, por vuestros principios religiosos no estáis de acuerdo con el aborto. Es una decisión que debéis de tomar. Si queréis continuar con el embarazo, os acompañaré hasta el final”. A Andreas y a mí se nos llenaron los ojos de lágrimas y el alma se estremeció. Mi corazón murmuró en silencio: “Hágase en mí tu voluntad yo soy la esclava del Señor”. Dejé de llorar.



Llegamos a casa. Relatamos a mis padres todo. Se miraron. “Es lo más fuerte que nos ha ocurrido en la vida” - dijeron. “Mañana iremos a ver a una doctora experta en malformaciones fetales para confirmar el diagnóstico”- adelantó Andreas, “hasta entonces no podemos decir nada”. Aquella noche, le dije a Andreas: “Si es niño se llamará Isaac y si es niña se llamará María”.



La doctora nos recibió por recomendación de mi ginecólogo, pues su agenda no estaba libre hasta un mes después. Tenía un aparato que permite visualizar el seno materno como a través de un cristal. “¿Queréis ver las imágenes a través del monitor? Hay personas que no quieren porque son muy fuertes?”. “Sí, queremos”. Se veía muy claramente y sus explicaciones nos esclarecían muchas cosas. “Efectivamente, es una anancefalia. ¿Veís? Aquí se ve muy notoriamente la ausencia de la cavidad cráneal. Estos bebés no tienen posibilidad de vivir después de nacer.” Las lágrimas se escapan de mi ojos. “Tenéis que tomar una decisión. Me ha dicho Fernando, que por vuestras convicciones religiosas no estáis inclinados por el aborto. La mayoría de las parejas toman esa opción porque no hay posibilidad de supervivencia y supone un gran desgaste físico para la mujer. Debéis de tomar una decisión consensuada en pareja y una vez hecha no mirar atrás. Tomaos poco tiempo, máximo, seís días”. (Este consejo fue muy útil para nosotros). “Por favor, me puedes decir el sexo del bebé, si se ve?”. “¿Lo quieres saber?”. “¡Sí!”. “Es niño”. “Entonces, se llamará Isaac que significa: el hijo de la promesa”. “¡Qué nombre más bonito!”.



Salimos. Las horas siguientes fueron muy fuertes y dolorosas para nosotros. Había que tomar una decisión. La tentación del aborto estaba ahí. Me encontraba en la decimosexta semana de gestación. España considera legal el aborto hasta la semana 20. Estos doctores opinaban que es el único caso que se podía justificar. En tres meses podía planear otro embarazo y Elisabet tendría pronto un bebé a su lado como habíamos pensado en un principio. Menos desgaste físico para mí. Estos pensamientos se infiltraban en mi cabeza muy sutilmente. Pero... ¿qué opina la Iglesia Católica de todo esto? Tendríamos que consultar a un experto en moral. No sería difícil tenemos muchos amigos teólogos que nos informarían.



Tuve la suerte que mi gran amiga y directora espiritual estaba en España ese día. Hablamos largo tiempo al teléfono de todo esto. “...Te apoyaré en la decisión que tomes... Oraré por ti...” me dijo mi buena amiga. “Mira, se lo voy a preguntar a Dios. En todos los momentos importantes de mi vida siempre le he consultado y Él me ha respondido. El aborto no es mi opción pero quiero saber cuál es la opinión de Dios” la respondí. La experiencia que tengo es “Desde joven, busqué francamente las sabiduría en la oración... hacia ella he encaminado mi vida..., desde el principio me he aplicado a ella por eso nunca quedaré abandonada”[2].



Al día siguiente, como cada mañana hacemos Andreas y yo, oramos con las lecturas que sugiere la Iglesia para la liturgia. Este día había una pregunta muy importante para Dios. Dios se comunica con el hombre de muchas maneras y le escuchamos cuando leemos su Palabra. Así sencillo. Se necesitan, además, dos ingredientes: la fe y que Dios nos abra el entendimiento para comprender con el corazón lo que nos está diciendo. Tomé la primera cita de la Liturgia de ese día que se lee en todas las Iglesias Católicas en todo el mundo, abrí la Biblia y leí:

Escuchadme,... El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de mi mano; me transformó en flecha aguada y me guardó en su aljaba[3].



Esas palabras las escuchaba yo desde la boca de mi bebé Isaac. Y desde ese instante comprendí que Dios quería a mi hijo así, de este modo y entendí que mi vientre era las manos de Dios que cuidan y protegen la vida de mi bebé. Allí lo escondía con amor, cuidado y protección materna. Tú eres mi siervo Israel (Ana) y estoy orgulloso de ti. Aunque yo pensaba que me había cansado en vano y que había gastado mis fuerzas para nada[4]. Sí, porque mi bebé se alimenta con mi sangre, mi calcio,... y un embarazo siempre requiere energías extras. Sin embargo, el Señor defendía mi causa, Dios guardaba mi recompensa.[5]



Yo sé que mi Dios es el Dios de las promesas y esa mañana me hizo muchas y me explicó muchas cosas, que aunque no entiendo del todo, guardo como María, mi Madre, en mi corazón. Seguí leyendo. Ahora tocaba el salmo. Señor, tu me examinas y me conoces, sabes cuando me siento o me levanto, desde lejos penetras mis pensamientos... Todas mis sendas te son familiares... Tus manos me protegen[6]. Las manos de Dios cuidan mi vida, la vida de Isaac y la vida de todos, especialmente los que se ponen en sus manos. Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias porque eres sublime[7]. Isaac le daba gracias a Dios por haberle creado y a mí, por permitirle a Dios continuar su obra maravillosa en él.



Podría seguir hablando y contando miles de cosas que Dios me ha ido diciendo todos estos meses. Andreas por separado, también le preguntó a Jesucristo, qué había que hacer. Dios nos puso de acuerdo. Seguir adelante. Y hemos seguido, con mucho gozo, con libertad y mucha paz. Paz es lo primero que se experimenta cuando se hace la voluntad de Dios.



Algunas personas muy queridas tenían miedo de esta opción, pensaban evitarnos un sufrimiento de todos estos meses de gestación. ¿Qué son 9 meses frente a toda una vida? La vida de las personas es muy valiosa, tanto si dura 90, 60, 30 años ó 5 min. Todos tenemos nuestra misión. ¡Es tiempo de amar! La vida no es sólo la de este mundo. Andreas y yo creemos que tenemos una vida que eterna, es inmortal. Hemos tenido la gracia de ir disfrutando de nuestro bebé mientras se gestaba. Todos estos meses hemos estado muy contentos por la decisión tomada, llenos de gozo y alegría, aunque a veces, rodasen lágrimas por nuestras mejillas. Es muy extraño para nosotros poder experimentar una fortaleza y gracia que nunca imaginamos. No sabemos, el tiempo que vivirá con nosotros en este mundo. Pero sí sabemos que su vida es eterna y allá en el Cielo cuando nos reunamos otra vez de nuevo, nos fundiremos en un largo abrazo, le cubriremos de besos. Isaac María nos dirá: ¡Gracias por haberme dejado vivir en tu seno! Y nosotros diremos: ¡Gracias a Dios!


[1] Cf. Isaías 55,8.
[2] (Cf. Eclesiástico 51,13.20).
[3] Isaías 49, 1-2.
[4] Is. 49,3-4
[5] Is. 49, 4b.
[6] Salmo 139, 1,2.5b
[7] Salmo 139, 13,14a.

Adopcion Espiritual

10 consejos para ayudar a los hijos en el estudio

Hay una serie de dificultades típicas en el estudio, en las que nuestros hijos pueden caer. Ya sea porque tienen dificultades en la concentración, falta de base, etc.


1. No estudiar o jugar a como que estudio

El gran problema no es que estudien mal o no puedan, sino que, simplemente, no estudian. Hacen tareas, deberes y dibujos pero no estudian. Se meten en su cuarto y todo el mundo está convencido de que el niño está estudiando. Pero han podido pasarse la tarde entera haciendo un dibujo o una redacción sin estudiar. Así no van adquiriendo ese poso de conocimientos para cuando llegue el examen.

Consejo: a éstos, lo que más le conviene, es empezar todos los días por estudiar. Nada más sentarse, que estudien un tiempo. Si son niños menores de diez años, podría ser un cuarto de hora o veinte minutos. De diez a catorce años por lo menos tres cuartos de hora. Y a partir de quince años, por lo menos una hora a hora y media de control para que sigan este plan. Y después del estudio que hagan las tareas. Necesitan un cierto control para que sigan este plan. Si tiene toda la tarde para hacer las tareas, gasta la tarde entera. Si solo tiene una hora, se ajusta y va más aprisa. Además el estudio cansa y hay que estudiar cuando se está más descansado.

2. Estudio atropellado, de últimos días

Tiene que ver con el anterior. Este si estudia, pero sólo unos días antes del examen. Además se crea en la familia la idea de que ha estudiado mucho ya que queda la sensación tanto al chico como a los padres, de la última semana y media: se levantado pronto, se ha esforzado muchísimo, se ha acostado tarde estudiando. Así piensan, o que no hay derecho a que luego suspenda. Pero en realidad falta el poso necesario para que la memoria asimile y comprenda las lecciones.

Consejo: el trabajo y el estudio diario, con control, todos los días ha de estudiar algo. Si un día tiene mucha tarea, después del estudio la hará y lo mismo si no tiene. Si no tiene tarea solo estudiará.

3. Falta de ejercicio. Confundir “lo entiendo” con “me lo sé”

Los hay que confunden el “lo entiendo” con “me lo sé”. Leen una lección y como la entienden, ya creen que se la saben y dejan de estudiar. Sin embargo, lo que les hace falta es ejercitación, repasar y hacer los ejercicios.

Consejo: que vean la ejercitación como parte de su estudio. Hay que enseñarles que “lo sé” es igual a “lo entiendo” más “me lo estudio”. Entender es lo más difícil, pero una vez que lo entiendes hay que aprenderlo: hay que dedicar esfuerzo, repetirlo, hay que usar la memoria.

4. Dificultades de concentración, falta de control de la imaginación.

Les cuesta mucho concentrarse, les cuesta el arranque: desde que se sientan hasta que comienzan a estudiar. Están muy a medio gas y se les va fácilmente la imaginación.

Consejo: hay que empezar a estudiar a una hora fija para conseguir un buen rendimiento cerebral, así la cabeza se concentrará con más facilidad a esa hora de estudio. Por otro lado el mejor consejo para sujetar la imaginación es sacarle uso en el estudio, hay que poner la imaginación en cada tema de estudio y me imagino como es lo que estoy estudiando. Esto ayuda a que se graben mejor las lecciones.

Respecto a la televisión hay que decir que cansa la cabeza y daña la capacidad de concentración, lo mismo que los videojuegos. Es mejor un rato de lectura, un tebeo, un periódico... porque eso es como un precalentamiento.

5. Problemas de comprensión. Dificultades en la lectura. Vocabulario pobre.

Es el caso del que se ve que se esfuerza pero que no puede. Si le explicas la lección y se la cuentas aprende enseguida. Pero si tiene que aprendérsela él solo con el libro le cuesta mucho. Se siente defraudado, pues no hay resultados.

Consejo: lo que hay que hacer es ayudarle a leer bien corrigiéndole los defectos de lectura y ayudándole a hacerse un cuaderno de vocabulario. Con ese pequeño diccionario personal tendrá que hacer ejercicios con las palabras desconocidas. Si no se ataja no se mejora. Se le puede decir que estudie más, pero llega un momento en que se hunden. Si hay un problema más serio como dislexia, etc., hay que llevarle a un especialista. No vale con estudiar más.

6. Lagunas, falta de base

Son los que entienden las matemáticas, por ejemplo, pero fallan en los quebrados, que pertenecen al programa del año pasado cuando estaban enfermos.

Consejo: con estos, hay que dejar de quejarse y ponerse a rellenar las lagunas. En el colegio es muy difícil, pero para ello es muy útil un profesor particular o que el hermano mayor se dedique a explicar. Una vez conocidas las lagunas, habrá que solucionarlas en vez de quejarse continuamente.

7. Ansiedad, angustia. Bloqueo emocional, inseguridad.

Hay chavales que por un exceso de ansiedad y de miedo a suspender se angustian. Comienzan a estudiar y como salen con el gran miedo a perder, se angustian. Quizá tras un año de malas experiencias, de un fracaso, de haber suspendido muchas... pierden la confianza en si mismos y se sienten agobiados. Se les distingue fácilmente cuando llegan a los exámenes pues tienen trastornos intestinales, duermen mal, están tensos, les sudan las manos en medio del examen, etc. Son chavales temerosos y eso les bloquea, pues no tienen la serenidad suficiente para sacar a la luz lo que saben.

Consejo: hay que tratarles de dos maneras: primero, dándoles seguridad, valorando su esfuerzo, reforzando la confianza en que ellos son capaces, reforzando sus pequeños éxitos. Y, después, enseñarles a controlar esa ansiedad, enseñarles a relajarse, mediante algunas técnicas.

8. Timidez, inseguridad, no preguntar, no puedo.

En este caso el bloqueo llega por la timidez y la vergüenza a preguntar. Es el temor al ridículo, a quedar mal y, así el “no puedo” es la excusa que ponen para no enfrentarse a un problema que les da miedo.

Consejo: hay que ayudarles a superar ese temor al ridículo y a preguntar, puede ser, controlando, junto al profesor, cuántas veces pregunta en clase, planteándoselo al hijo como un punto de esfuerzo personal.

9. Los “empollones” memorísticos.

En estos el desarrollo intelectual no va parejo al sistema de estudio. Hasta los 12 años hay una gran facilidad para memorizar así, leyendo varias veces. Pero a partir de esa edad la memoria es la más lógica, más de relación, de sentido global. Hay chicos que pasan los cursos y siguen estudiando igual, leyendo veinte veces. Eso, además de aburrídisimo, es un tipo de memoria peligrosa. Son los chavales de “lo tengo en la punta de la lengua”, “si me dice la primera palabra sigo yo”, “¿eso era lo que estaba en la página segunda?”. Sufren mucho, dedican mucho tiempo y según pasan los cursos va a peor.

Consejo: a estos hay que enseñarles a estudiar, a cambiar el método de estudio, sabiendo que al principio le costará, pero luego será muy eficaz.

10. Los “optimistas” del “ya me lo sé, pregunta”

“Lo tengo dominado, está chupado, mamá”. A estos hay que ayudarles a tocar tierra, preguntándoles para que comprueben que efectivamente no lo saben.

Consejo: hay dos técnicas: que se autoevalúen y repasen. Que no digan “no me lo sé” antes de haber cerrado un libro y de haberse preguntado. Y, a la vez, enseñarles a repasar. Los contenidos de las lecciones se aprenden bien una vez que se repasan. En el estudio se entiende, en los repasos es donde de verdad se aprende.

Ángeles Carranza es Orientadora familiar. Familiayeducacion.org


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Marcha contra el aborto 15 de diciembre en Córdoba -Argentina-




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Un lenguaje correcto sobre embarazo y aborto


Cuando una mujer está embarazada, con frecuencia se dice que "está esperando un hijo" o "va a tener un hijo", o "va a ser mamá". Todos usamos estas expresiones por mera costumbre, y esto no afecta para nada la fuerza de nuestras convicciones pro-vida.

Sin embargo, yo sugiero que dejemos de utilizar estas frases, pues no expresan la realidad en forma veraz.

Una mujer embarazada no está "esperando" un hijo. Ya lo tiene. El niño existe, vive y crece en su vientre. Ella no está por "traerlo al mundo". El ya está en el mundo. El vientre de la madre está en el mundo tanto como la madre misma.

La mujer embarazada no "será" madre. Ya lo es. Al decir que ella "será" madre, inadvertidamente estamos reforzando la idea de que la maternidad empieza con el nacimiento. Esto refuerza la idea de que el niño en realidad lo es sólo a partir del nacimiento.

Una mujer embarazada es una madre completa. No tiene "medio" hijo o un hijo "en camino" ("En camino" ¿de donde?) El niño ya está aquí, en este mundo, en toda su singularidad y en posesión de la misma dignidad que cualquier otra persona.

Si nuestro lenguaje refleja esta realidad, contribuiremos a la comprensión de que los niños en el vientre de su madre son ya miembros de la familia humana. ¡Ahora y aquí!

Entonces la gente podrá hacer la pregunta correcta acerca del aborto

Las razones que muchos dan favor del aborto, giran en torno a la pregunta "¿Deberá ella tener otro hijo?" Nuestra respuesta a puede algunas veces ser "no". Puede haber circunstancias -médicas, financieras y sociales—en las que una persona no deba tener otro hijo.

Sin embargo, si una mujer está embarazada, ella ya tiene un hijo. La cuestión del aborto no es la de traer o no un niño al mundo, ¡sino la de expulsarlo o no del mundo! La cuestión es: "¿Se le cuidará o se le matará?" Mientras algunas veces podemos decir que las circunstancias nos impiden tener otro hijo, nunca podemos decir que las circunstancias nos obligan a matar a un niño.

Somos de hecho muy sensibles a circunstancias como la inmadurez o la falta de recursos para criar al niño. Sin embargo, si el niño naciese ¿desaparecerían los problemas de inmadurez o carencia de recursos al día siguiente del nacimiento? Por su puesto que no. Sin embargo, a partir de ese día cualquiera podría ver que matar al niño no tendría justificación posible. ¿Qué hace al aborto diferente?

El lenguaje es poderoso. Refleja y le da forma a lo que hay en la mente y en el corazón. Un paso pequeño pero necesario para poner fin al aborto consiste en emplear la palabras correctas y hacer la preguntas adecuadas.
P. Frank Pavone
Director Nacional
Sacerdotes por la Vida
Adopcion Espiritual

02 diciembre 2005

Muchas mujeres rechazarían usar ciertos anticonceptivos si recibieran información de sus efectos abortivos

La tesis de Cristina López del Burgo, defendida en la Universidad de Navarra, encuesta a 600 usuarias de centros de salud de Pamplona

Cristina López del Burgo, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Foto: Manuel Castells

Muchas mujeres rechazarían algunos métodos anticonceptivos si recibieran una información más completa sobre sus efectos. Cristina López del Burgo (Pamplona 1974) aborda esta cuestión en su tesis doctoral, defendida en la Universidad de Navarra. Su investigación se titula "Planificación Familiar y Consentimiento Informado" y ha sido dirigida por el Dr. Jokin de Irala, del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de este campus pamplonés. La nueva doctora es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.

En su tesis ha revisado la evidencia sobre los mecanismos de acción de los anticonceptivos orales, la píldora del día después, el dispositivo intrauterino (DIU) y la influencia de conocer estos mecanismos a la hora de que la mujer elija un determinado método. Según la nueva doctora, "hay evidencias de que estos tres métodos pueden, en ocasiones, actuar después de haberse producido la fecundación; es decir, pueden tener un efecto abortivo precoz".

El 93% ignora los efectos de la píldora del día después y el 95% los del DIU

Para valorar las opiniones y actitudes de las mujeres sobre este tema, realizó un estudio en una muestra de casi 600 mujeres en centros de salud de Pamplona. El trabajo revela que sólo el 6,7% de las mujeres encuestadas conoce todos los posibles mecanismos de acción de la píldora del día después y no llega al 5% las que conocen todos los mecanismos de acción de la píldora anticonceptiva y del DIU. La mayoría de las mujeres que han participado en este estudio, independientemente de sus creencias religiosas o de cuándo consideren que comienza la vida humana, opina que el médico debería explicarles con más detalle si un método puede actuar después de la fecundación o de la implantación.

El 40% de las encuestadas no utilizaría un método que puede actuar, en ocasiones, después de la fecundación. En el caso de actuar tras la implantación, aumenta al 57% la proporción de mujeres que no lo utilizaría. Si las mujeres fuesen informadas de que el método de planificación familiar que utilizan puede, en ocasiones, actuar después de la fecundación, un tercio de ellas refiere que dejaría de utilizar dicho método y, si son informadas de que el método puede actuar después de la implantación, dejaría de usarlo el 57%.

A la vista de estos resultados, la investigadora recomienda que "para garantizar el derecho de toda mujer a elegir libremente, debería, al menos, mencionarse la posibilidad de que estos métodos actúen después de la fecundación y proporcionar después las evidencias científicas que existen en la actualidad a aquellas mujeres que así lo soliciten". Este estudio sugiere también que "se podría plantear la obligatoriedad de la firma de un consentimiento informado cuando se prescriben estos métodos, puesto que tienen claras implicaciones éticas que afectan a las mujeres que consideran importante el respeto a la vida desde su comienzo".

Adopcion Espiritual

28 noviembre 2005

El debate del aborto que nadie quiere tener




Si para algunas personas es inaceptable asociar el aborto con un de- terminado tipo de gente, y por supuesto, lo es, ¿por qué entonces lo vemos justificado en el caso de los niños con discapacidades?

He estado luchando con esta cuestión desde el nacimiento de mi hija Margaret, desde que ella abrió sus grandes ojos azules y recibimos la primera señal de que había una persona hecha y derecha detrás de ellos. Siempre que salgo con Margaret soy consciente de que ella representa un grupo que se está extinguiendo debido a la elevada disponibilidad de los test prenatales y del aborto. No sé cuántos embarazos se truncan debido al diagnóstico prenatal del síndrome de Down, pero algunos estudios los cifran entre el 80 y el 90 por ciento.

A medida que Margaret crece, especialmente aquí en el país del cuerpo perfecto, veo cómo la gente la mira: curiosa, sorprendida, algunas veces cautelosa, ocasionalmente desaprobadora o alarmada. Sé que muchas mujeres en edad de procrear que han juzgado a Margaret han concluido que estas vidas no merecen la pena ser vividas. Para ellas, Margaret se encuadra en la categoría de sufrimiento humano evitable. Trágico error, según algunos; una vida surgida del movimiento provida para otros. Menos que humana. Un las- tre para la sociedad. Que alguien a quien amo sea visto de esta manera es un dolor inexplicable para mí.

Esta visión está particularmente radicalizada aquí, en el Estado de California, pero la encuentro en todas partes, tanto en ámbitos académicos como en barrios humildes. No hace mucho, en una cena social me sentaron al lado del director de un programa de Ética de una gran universidad. En un comentario a una pregunta, dijo que él creía que los padres tenían obligación moral de hacer el test prenatal e interrumpir el embarazo para evitar que nazca un niño discapacitado, porque era inmoral someter a un niño al tipo de sufrimiento que tendría que afrontar (Cuando comencé a relatarle la experiencia de mi familia, sonrió cortésmente y se giró hacia la señora de su izquierda).

Margaret no ve su vida como sufrimiento humano crónico (aunque está molesta de que no le compre una iPod). Se preocupa de cosas más importantes, como los resultados del Bostón Red Sox o el baile al que asistirá el fin de semana. Sin duda, ella desea aprender más rápidamente y sacar mejores notas en matemáticas. Pero eso no arruina nuestro día, y mucho menos nuestras vidas. Son las actitudes sociales negativas las que nos hacen sufrir.

Muchas mujeres jóvenes me han preguntado cuándo hice el test. Yo interpreto la cuestión como un "consiga gratis la tarjeta". Si digo que sí me lo hice, imaginan que soy una víctima de las circunstancias, y por lo tanto implícitamente no rechazan la decisión que puedan hacer ellas de abortar si piensan que pudiera haber anomalías. Si les digo que no, entonces significa que soy una tuerca del engranaje antiabortista cuya elección no es relevante para sus vidas; en cualquier caso, ellas siempre tienen razón.

En la antigua Grecia, los bebés con taras eran abandonados a la intemperie. En Estados Unidos acudimos al test genético prenatal para hacer nuestra selección en privado, pero el efecto sobre la sociedad es el mismo. Ya no nace ninguno.

El viejo pediatra de Margaret me dice que hace años acostumbraba a tener un flujo estable de pacientes con síndrome de Down. Ya no. En la costa occidental de Los Angeles ya no nace ninguno, me confiesa. La ironía es que atravesamos un tiempo donde los avances médicos están cambiando profundamente lo que significa vivir con discapacidades. Hace años las personas con Down vivían a menudo en instituciones. Muchas tenían salud endeble, cuidados limitados y escasas habilidades sociales; no sabían leer y morían jóvenes. Se pensaba que todos sus problemas eran incorregibles, causados por su anomalía genética.

Ahora está claro que estas personas estaban limitadas tanto por la propia institucionalización, bajas expectativas, carencia de educación y pobres cuidados, como por su ADN. Hoy viven más tiempo y con mejor salud. Y gracias a las reformas educativas de los últimos años, terminan la escuela secundaria, viven con más independencia y son contratados por empresas. Es la tecla racional. En cuanto a la emocional, Margaret es una persona y un miembro de mi familia. Tiene los ojos de mi marido, mi pelo y el sentido del humor de mi suegra. La queremos y admiramos como es, luchadora y llena de vida, no a pesar de ella. Enriquece nuestras vidas.

Lo que no entiendo es cómo nosotros como sociedad podemos tácitamente calificar a un grupo de gente como "sin valor". Me gustaría pensar que ya es hora de poner este tema sobre la mesa y hablar de él, pero no soy optimista. La gente quiere un bebé perfecto, una vida perfecta. A esos les digo: buena suerte; o quizá, sueña con ello.

Y aquí hay una pieza más de un equipaje indiscutible: es una cuestión pequeña, pero significante, de lo que conduce a la discusión sobre el aborto. Tengo que pensar que hay muchos defensores del aborto que, mientras apoyan los derechos de la gente discapacitada, quieren al mismo tiempo preservar su derecho de asegurar que nadie con discapacidad nacerá en su propia familia. El debate del aborto no es sólo sobre el derecho de la mujer a elegir cuándo tener un niño; es también sobre el derecho de la mujer a elegir qué niño quiere tener.

J. Patricia E Nacer, The Washinton Post
Traducido y publicado por DM, 24-X-2005
Adopcion Espiritual

26 noviembre 2005

¿Cuándo comienza la vida humana?

Autor: Dr.Javier Vega Gutiérrez

Se analizan las evidencias científicas sobre el inicio de la vida humana, ya que tiene implicaciones prácticas significativas.

¿Cuándo comienza la vida humana?

En las dos últimas décadas, algunos han puesto en duda que el embrión humano, desde el primer momento de su concepción sea un individuo de la especie humana, que se trate de un ser humano. ¿Cuándo comienza la vida humana?, ¿en qué momento, en consecuencia, adquiere el embrión humano su estatuto biológico, moral y legal?, son pues las cuestiones que centran el debate ético en el inicio de la vida. Sobre estos temas, de tanta actualidad y con tantas implicaciones prácticas, se hacen a continuación algunas consideraciones.

El preembrión o embrión preimplantatorio es el nombre dado por algunos autores al embrión humano durante los primeros catorce días días tras la fecundación.

Para algunos, habría que tener "cierto respeto" hacia ese "conjunto de células envueltas en la zona pelúcida", pero no se trataría de un ser humano ya que en los primeros días es posible la gemelación, las células son totipotenciales, no se ha formado la línea primitiva y no se ha completado aún la nidación.

Evidencias genéticas

Los datos embriológicos permiten afirmar que desde la fecundación existe un individuo de la especie humana; existen varias características fundamentales que lo justifican:

1.- Novedad biológica
Nace algo nuevo al fundirse los núcleos de las células germinales; no se ha dado ni se dará una información genética exactamente igual. Ahí está escrito el color de los ojos, la forma de la nariz, etc. Se trata de un ser biológicamente único e irrepetible.

2.- Unidad
Si se trata de una individualidad biológica, de un todo compuesto de partes organizadas, tiene que haber un centro coordinador; es el genoma el centro organizador que va haciendo que se den las sucesivas fases en esa novedad biológica de forma armónica.

3.- Continuidad
No existe ningún salto cualitativo desde la fecundación hasta la muerte; no puede decirse que en un momento es una cosa y más adelante otra diferente; todo el desarrollo está previsto en el genoma. Desde la fecundación existe un individuo de la especie humana que se va desarrollando de manera contínua.

4.- Autonomía
Desde el punto de vista biológico, todo el desarrollo sucede desde el principio hasta el final de manera autónoma. La información para dirigir esos procesos viene del embrión mismo, de su genoma. Desde el inicio, es el embrión quien pide a la madre lo que necesita, estableciéndose un "diálogo químico".

5.- Especificidad
Todo ser vivo pertenece a una especie. El embrión, analizando su cariotipo, vemos que desde el primer momento de su desarrollo pertenece a la especie homo sapiens sapiens.

6.- Historicidad o biografía
Todo viviente tiene “una historia”, no es solamente lo que se vé en un momento dado (un conjunto de células vistas con el microscopio), sino que todo viviente es lo que ha sido hasta ese momento y lo que será después.

Ya se han mencionado varias objeciones a que el preembrión sea un individuo de la especie humana; vamos a analizarlas brevemente a continuación.

La posibilidad de gemelación antes de la implantación en el útero; si el preembrión se puede dividir en dos o más (de forma natural o por clonación), entonces no es un individuo.

La afirmación de la última frase no es cierta; por ejemplo, una ameba es un individuo biológico, aunque pueda dividirse y dar lugar a otras amebas. Individuo no es igual a indivisible; un individuo se puede dividir, como puede ocurrir con el embrión humano antes de implantarse y dar lugar a otro embrión “hijo”, que será otro individuo (caso de los gemelos univitelinos).

La totipotencialidad de las células del preembrión. Si una de las células puede dar lugar a otro individuo, o incluso a la placenta, ¿cómo el blastómero puede ser un individuo?.

En realidad esto refuerza el hecho de que es un individuo, pues si siendo células totipotenciales acaban formando un todo, eso indica que hay un centro organizador. Aunque cada célula podría dar lugar a cualquier miembro, a la placenta, etc., el centro organizador va colocando a cada célula a formar una cosa. La placenta además puede ser considerada como un miembro temporal y necesario para el individuo que en un momento dado se pierde.

La ausencia de la línea primitiva; hasta el día 14 no aparece el esbozo del sistema nervioso central, que será el centro organizador del organismo, por lo que algunos piensan que hasta entonces no se puede hablar de individuo.

El genoma es el centro organizador

El verdadero centro organizador en las primeras semanas es el genoma, presente desde el primer instante; más adelante será el sistema nervioso central el organizador.

Efectivamente, el preembrión o el embrión es un individuo de la especie humana, pero no es una persona, dicen algunos.

Lo que merece respeto es todo ser humano, llamémosle o no persona; es el hombre y la mujer en cuanto tales los que tienen unos derechos: se trata de los derechos del ser humano. Persona humana es ese ser humano en cuanto es capaz de interioridad (autoconciencia, autonomía, libertad), relacionalidad (activa o pasiva), trascendencia... La persona tiene sentido en sí misma, es fin en sí misma.

Para algunos, persona es relacionalidad, por lo que, hasta que no se produce una relación físico-química en la nidación, el embrión no es persona.

Antes de la nidación, ya existe una relación del nuevo ser con la madre a través de diversos factores y hormonas. De todas formas, un ser humano se manifiesta como tal porque es persona (el actuar sigue al ser y no al revés, dicen algunos filósofos).

Por ejemplo, si oímos ladrar pensamos: es un perro; pero no es un perro porque ladre, si no ladrara seguiría siendo un perro. De forma parecida puede afirmarse que todo ser humano es persona aunque todavía no actúe como tal porque no se han desarrollado sus capacidades (como ocurre en los primeros momentos de la existencia del hombre y de la mujer), o porque las haya perdido (como en un enfermo en coma o en un demente). ¿Cómo un individuo humano podría no ser una persona humana?.

Por lo demás, está en juego algo tan importante que, aunque alguien dudase sinceramente que el embrión sea un ser humano, debería ser respetada en todo momento su dignidad. Al igual que en Derecho penal se dice “in dubio pro reo”, y en Derecho laboral “in dubio pro operario”, debemos afirmar en este caso “in dubio pro embrion”.


Adopcion Espiritual

25 noviembre 2005

Categorización diagnóstica del síndrome postaborto

Por Carmen Gómez Lavín, Psiquiatra. Servicio Navarro de Salud Jesús Manuel Hermoso de Mendoza, Médico de empresa. Clínica Universitaria de Navarra Ricardo Zapata García, Psiquiatra. Clínica Universitaria de Navarra

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Resumen


Con objeto de asignar categoría diagnóstica al síndrome postaborto (SPA) se estudian –mediante historia clínica vivencial y exploración psicopatológica estandarizada- diez pacientes con dicho síndrome, se realiza el diagnóstico según criterios DSM-IV y CDI-10 y se analizan cualitativamente los síntomas más significativos. Se comprueba que, aunque los síntomas del SPA coinciden en general con los de los diversos trastornos psicopatológicos adaptativos, en los diez casos de SPA estudiados se cumplen los criterios diagnósticos de trastorno postraumático. Además, las pacientes con SPA presentan, algunos síntomas de especial interés cualitativo como reiterados y persistentes sueños y pesadillas relacionados con el aborto, intensos sentimientos de culpa y la “necesidad de reparar”. Se concluye que el SPA debe considerarse un tipo más de estrés postraumático, aunque con características propias muy relevantes a la hora de la comprensión vivencial del paciente y de la intervención psicoterápica.


Introducción


Uno de los problemas de mayor actualidad, hoy en día, es el constituido por el aborto provocado, también conocido como aborto intencionado o “voluntario”. Se trata de un complejísimo tema que añade a su vertiente estrictamente médica, otras de carácter jurídico, moral, sociológico, religioso, demográfico, etc.
A pesar de que pocos asuntos médicos tienen tan fuertes implicaciones sociológicas, políticas, culturales, morales, etc., como el aborto, son innumerables las dificultades para valorar adecuadamente los efectos psicopatológicos, entre otras cosas porque: 1) no es fácil la elaboración estadística de los datos; 2) apenas existen valoraciones médicas sistemáticas de las pacientes tras el aborto; 3) generalmente las mujeres que han abortado no suelen ser propicias a seguir relacionándose con el médico que les realizó el aborto, ni a querer hablar de ello.

Con todo, después de años de subestimar y de negar los efectos psicopatológicos del aborto, la sociedad científica, ante la evidencia de una variedad de trastornos, comienza ahora a admitir la existencia de secuelas tras abortos voluntarios. Así, incluso “Paternidad planificada” –que como es sabido es la mayor prooveedora de abortos de EE.UU.- ha confirmado la incidencia del síndrome postaborto; y diversas organizaciones abortistas han desarrollado sus propios programas para responder a dicho trastorno como una necesidad real (bien es cierto que intentan demostrar que el trauma estaría creado por las protestas de los pro-Vida y, en general, de los que se oponen al aborto).

En uno de los estudios más recientes (1), realizado por un equipo de investigadores, la Dra. Brenda Mayor, señala un total de 500.000 mujeres con SPA entre los 40 millones que se practicaron el aborto en EE.UU. desde 1972; concluyendo que, aunque en el conjunto, el porcentaje sólo suponga un 1’4 %, merecía la pena prestar atención a ese medio millón de mujeres que han padecido el trastorno. En dicho estudio, la Dra. Ham Sderberger señala que muchas mujeres de la muestra seleccionada no quisieron participar “por el sentimiento de culpa y los remordimientos que les embargaban” y que su respuesta era siempre la misma: “No quiero hablar de esto, sólo quiero olvidar”. A pesar de ello, los resultados muestran que el 60 % de la muestra -854 mujeres- presentaban un problema emocional tras el aborto, algunas en grado muy severo.

En definitiva, se puede afirmar (2) que toda mujer que aborta, incluso en abortos debidos a causas naturales, queda profundamente afectada, aunque no quiera o no pueda reconocerlo; y que en el aborto provocado, como respuesta natural de defensa ante el acontecimiento estresante, se produce una reacción de ansiedad y depresión. Dicha reacción suele acompañarse de un sentimiento de culpa y del correspondiente proceso de duelo.
Por supuesto que, en la paciente que aborta intencionadamente, tanto los sentimientos de culpa (3) como el proceso del duelo postaborto (4) van a estar modulados por influencias culturales, por las características de su personalidad y por la problemática previa de la persona.

Así, como ante cualquier otro acontecimiento estresante de pérdida, pueden darse desde una ausencia psicopática del sentimiento de culpa, hasta sentimientos patológicos de culpa de tipo delirante o afectivo que complican el proceso de duelo; proceso que, en principio, puede seguir desde un desarrollo normal hasta cualquiera de las posibles desviaciones patológicas del mismo: ausencia de duelo, cronificación del proceso de duelo y reacciones de hiperactividad compulsiva. (5)


Clasificación diagnóstica del síndrome postaborto


Tanto la falta de estudios epidemiológicos sobre el síndrome postaborto como las dificultades para su definitiva aceptación por parte de la comunidad cientifica, parecen ser debidas, además de a determinados intereses ideológicos, a la falta de una categorización diagnóstica del síndrome que permita su incorporación por derecho propio a las clasificaciones internacionales de los trastornos mentales, por las que se rigen actualmente la práctica clínica y la investigación científica.

En este sentido, es evidente que el síndrome postaborto se encuadra entre los trastornos originados por un acontecimiento vital importante (tabla 1), y que en principio, dicho acontecimiento estresante podría ser experimentado por la paciente como un “estrés psicosocial identificable, sino como un estres traumático, excepcional (físico o psicológico que cumple con los criterios diagnosticos de la DSM-IV y CIE-10 de Trastornos por Estrés Postraumático, en cuyo caso el síndrome se incluiría entre las reacciones a estrés grave.


Tabla 1

Así mismo, si analizamos las dos variables (tiempo de latencia y duración de los síntomas) sobre las que se basan las diferencias entre las reacciones a estrés grave, obtenemos, como se refleja en la tabla 2, las posibles caracterizaciones del síndrome postaborto como reacción ante el acontecimiento traumático del aborto: Como un trastorno por estrés agudo y como un trastorno postraumático.

Tabla 2

Objetivos y métodos

Con estos presupuestos, y convencidos de que, como en cualquier otro trastorno, la realización de un acertado diagnóstico psicopatológico y vivencial, es paso imprescindible para la aplicación de medidas terapéuticas específicas y eficaces, decidimos estudiar una muestra de pacientes con síndrome postaborto, aplicándoles los criterios diagnósticos correspondientes al apartado F43 (Reacciones a estrés grave y trastornos de adaptación) de la DCI-10 y a los apartados F43.0 (Trastorno por estrés agudo) y F43.1 (Trastorno por estrés postraumático) de la DSM-IV.

Así, tras realizar una historia clínica vivencial y una exploración psicopatológica estandarizada (8) a diez pacientes con un diagnóstico clínico de síndrome postaborto, se les aplicaron únicamente (ya que todas las pacientes habían experimentado el acontecimiento estresante como excepcional y que la duración de los síntomas era superior a las 4 semanas) los criterios diagnósticos del trastorno por estrés postraumático, y se analizaron cualitativamente los síntomas más significativos.

Resultados


Las características de la muestra se recogen en las tablas 3 y 4 y en los resúmenes de las historias vivenciales de las pacientes. En las tablas 5 y 6, se exponen, respectivamente, los criterios diagnósticos DSM-IV y DCI-10 que cumplían las pacientes; y, en la tabla 7 se reseñan algunos síntomas específicos y frecuentes, no recogidos por los criterios de las clasificaciones internacionales.

Tabla 3

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Resumen de las historias vivenciales de las pacientes

1. I.M.C. 30 años
Hace 3 años, con un embarazo de más de tres meses, forzada por el novio, se hizo un aborto en una clínica privada de Zaragoza.
Viene a consulta con un cuadro caracterizado por insomnio, gran angustia, lloros, y, sobre todo, un gran sentimiento de culpa y una obsesión constante que gira alrededor de la idea: “he matado a mi hijo”, “me siento mala”, “¿cómo sería la carita de mi hijo?”.
Sueña muchas veces con ese episodio y se despierta sobresaltada.
Ha llegado a denunciar al exnovio por haberla obligado a abortar.
Evita desde entonces cualquier cosa que le recuerde al hijo que hubiera tenido: silletas, chupetes, etc.

2. E.M.P.J. 37 años
Ha hecho 3 abortos. Los dos primeros abortos los hizo en parte forzada; el último lo realizó hace 5 meses y fue por decisión propia.
Muestra un gran sentimiento de culpa: “pienso que Dios me ha castigado”.
Presenta decaimiento, tristeza, insomnio, inapetencia, sueños “horribles”, dolores de cabeza, ideas de suicidio, etc.
Dice tener una gran carga de conciencia desde que realizó el último y quiere reparar...
Pesadillas en relación con el aborto.
Problemas de sexualidad. Incremento en el uso de alcohol y otros tóxicos.

3. R.G.M. 29 años
Quedó embarazada de su primer novio a los 18 años y decidió abortar por decisión propia.
Aunque después ha tenido varias relaciones, dice que aquello le marcó y que siente un gran sentimiento de culpa: “hoy no lo hubiera hecho”.
Tiene sueños y pesadillas repetitivos en los que ve “al niño muerto rodeado de sangre”.
Presenta también una gran labilidad afectiva, muchos altibajos del estado de ánimo, dificultades de adaptación a su pareja y trastornos de su conducta alimentaria (crisis búlimicas que alternan con restricciones anoréticas.

4. E.C.M. 65 años
Hace 12 años indujo a su hija a hacerse un aborto y no se lo puede “quitar de la cabeza”
Llora mucho y dice que tiene un gran insomnio y cuando duerme tiene muchas pesadillas. Cree que Dios la está castigando por ese problema. No se concentra. Sueña mucho con niños. “Iba con un niño envuelto, se escapa y lo pilla un coche”. Se despierta sobresaltada.
Desde que ocurrió esto “aborrezco el sexo”. Su marido no sabe nada de lo ocurrido pues ella piensa que, de haberlo sabido, nunca la hubiera perdonado.

5. S.P.D.Z. 33 años
Ha convivido con distintos hombres, tanto en Colombia como en España.
Con el primero que “era drogadicto” estuvo desde los 16 años. La maltrataba constantemente y en una ocasión en que la tiró por la escalera perdió al hijo del que estaba embarazada hacía cinco meses. Hizo por entonces varios intentos de suicidio.
Después conoció a otro hombre que, tras quedar embarazada la presionó para que abortara. El aborto se le practicó en Bilbao.
Desde entonces se encuentra “muy mal”, con mucha angustia y decaimiento. Duerme mal, con continuas pesadillas. Tiene un gran sentimiento de culpa y llora en todas las entrevistas. Ha intentado quitarse la vida en varias ocasiones.
Presenta antecedentes psiquiátricos tanto por parte del padre como de la madre.
Familiarmente educada en valores religiosos, quiere confesarse aunque teme porque piensa que Dios no la puede perdonar.

6. A.I.E.Z. 39 años
Se ha practicado dos abortos. El primero fue en Madrid, hace 15 años, forzada por su pareja y ayudada por sus amigos.
Desde entonces tiene muchos sueños y pesadillas.
El segundo aborto fue hace 3 años. Han aumentado los sueños y pesadillas y se pregunta continuamente como sería su hijo.
Además presenta frigidez y un sentimiento muy fuerte de culpabilidad.
Aunque su padre murió sin saber “lo de los abortos”, ella le ha escrito una carta al difunto pidiéndole perdón por lo que hizo.

7. J.G.E. 42 años
Hace un año y medio quedó embarazada y a las 20 semanas le dijeron, tras una amniocentesis, que el feto tenía una alteración congénita recomendándole abortar. Así lo hizo y desde entonces tiene una gran tristeza, tendencia al llanto, ansiedad, anhedonia, insomnio, pesadillas, inapetencia, etc.
Aunque quiere pensar que era lo indicado, le ha quedado una sensación fuerte de inquietud y ansiedad: “es algo que no olvidaré jamás”.
Tiene otro hijo de 4 años y medio.
Experimentó bastante mejoría con el tratamiento antidepresivo.

8. M.C. 33 años
Aunque tiene 4 hijos, al quedar embarazada del 5º y encontrarse “muy sola” (el marido es marino) decidió abortar. Se practicó el aborto hace tres años. El marido nunca lo ha sabido.
Desde entonces llora con facilidad, está muy iritable y no tiene ganas de relacionarse con nadie.
Presenta trastornos en la esfera sexual.
Afirma que el aborto le ha traumatizado mucho y le pesa y se arrepiente de lo que hizo.

9. S.A.U. 37 años
Desde que le practicaron un aborto hace 2 años, refiere que está trumatizada y que ha cambiado su vida.
Presionada por un psicólogo y u amigo, se hizo el aborto y “fue tan traumático que parece que lo estoy viviendo todos los días”.
Tiene muchos sueños y pesadillas y tiene dificultades para concentrarse en los estudios.
Presenta, además, un gran sentimiento de pérdida (“te sientes como mutilada”), gran tristeza, decaimiento y falta de ilusión. Siente ganas de hacerse daño y está muy irritable con los demás.
Procede de un ambiente muy religioso y se ha confesado varias veces pero sigue muy culpabilizada psicologicamente.

10. B.E.A.M. 30 años
Hace un año se hizo practicar un aborto en Londres. Desde entonces presenta mucha angustia y un sentimiento muy profundo de culpabilidad, entremezclado todo ello con un cuadro paranoide de varios años de evolución.
Cree que hay mucha gente que habla de ella y que comenta lo que ocurrió en Londres, reaccionando frecuentemente con agresividad hacia todos los que cree que hablan de ella.
Fue sometida a un psicoanálisis en el 90, a pesar de lo cual el delirio se ha hecho más intenso y crónico.

Tabla 5 (pulsar para ampliar)

Tabla 6 (pulsar para ampliar)




Discusión y conclusiones


Es verdad que se necesita hacer con urgencia estudios epidemiologicos solidos, pero de momento no los hay, y hemos de basarnos en casos concretos, que por otra parte son muy significativos y siguen siendo una aportación psiquiatrica valida.
No podemos olvidar que la enseñanza tradicional de la psiquiatria no se hizo por medio de estudios controlados en muestras de varios cientos de sujetos, ni con desviaciones estandar estadísticamente significativas, Sigumnd Freud, Eric Erikson, Victor Frankl, Jane Piaget, Rober Cole... mas que ofrecernos estadísticas nos hablaron de personas singulares pero estudiadas en profundidad, y es a partir de estos estudios detallados de casos como llegamos a un conocimiento mas profundo del hombre y de su patología.

Por tanto se trata de un estudio descriptivo de casos que puede ser muy util para generar hipótesis de trabajo.

El perfil del grupo de pacientes con SPA elegido puede considerarse bastante representativo de los casos que se atienden en las consultas de nuestro ámbito sociocultural.

Seis de las diez mujeres son navarras, con una edad media de 32.4 años y poca formación. La mayoría son solteras y todas católicas aunque sólo la mitad practican. Para todas ellas el aborto, realizado entre los 2 y los 4 meses de gestación, ha supuesto un estrés grave, con síntomas que se iniciaron inmediatamente después del aborto o hasta transcurridos 6 meses del mismo, y que han persistido durante meses y años.

De la historia vivencial destacan, por su significación diagnóstica y terapéutica, los reiterados y persistentes sueños y pesadillas relacionados con el aborto, los intensos sentimientos de culpa y la “necesidad de reparar” que presentan prácticamente todas las pacientes del estudio y que podrían ser considerados como síntomas patognomónicos.

Los sueños y pesadillas, además de expresar la intensidad del conflicto que sufren las pacientes, constituyen, en muchas ocasiones, el síntoma que hace pensar, durante la anamnesis, en la existencia de un posible antecedente traumático de aborto provocado, orientando el diagnóstico de los síntomas, que, sin dicho antecedente, pasarían en la actualidad como inespecíficos o podrían ser categorizados como otros trastornos.

En cuanto a los intensos sentimientos de culpa y a la necesidad de reparar comprobamos, como refieren otros autores (8), que para una adecuada elaboración del duelo las pacientes necesitan reconocer y aceptar su “culpa”, y experimentar la liberación mediante la vivencia de sentimientos de perdón. Y de alguna forma compensar su “deuda” y sus deseos de “reparar” el error cometido mediante la promocion de actitudes interpersonales de carácter solidario.. Si es posible es aconsejable la realización de algun tipo de labor voluntaria pro-vida.
En conclusión podemos afirmar que:

1. Las diez mujeres del estudio con síntomas típicos del síndrome postaborto habían experimentado el acontecimiento estresante como traumático y catastrófico.

2. Todas ellas cumplieron criterios diagnósticos DSM-IV y CIE-10 de Trastorno de estrés post-traumático.

3. Los sueños y pesadillas relacionados con el aborto constituyen un síntoma que orienta la anamnesis y ayuda muchas veces a configurar el diagnóstico.

4. Entre otros síntomas frecuentes, no recogidos por los criterios diagnósticos del TEP, destacaban, por sus implicaciones para la terapia, el “sentimiento de culpa” y la “necesidad de reparar”.

5. Las pacientes experimentaron mejoría (además de con el correspondiente tratamiento psicofarmacológico) con un abordaje psicoterápico cognitivo-conductual basado en la elaboración del duelo.

6. En la elaboración del duelo se prestó especial atención a: a) la resolución del “sentimiento de culpa” mediante la aceptación de la propia responsabilidad, y la vivenciación psicológica (y religiosa en su caso) del arrepentimiento y del perdón; y b) la satisfacción de la “necesidad de reparar”, mediante la promoción de actitudes interpersonales de entrega solidaria en su ámbito sociofamiliar (y también, en la medida de lo posible, mediante la realización de algún tipo de labor voluntaria pro-vida).

7. Nos parece imprescindible dar entidad propia al SPA mediante su inclusión en las clasificaciones internacionales como un trastorno de adaptación y, en concreto como un trastorno de estrés postraumático, aunque con ciertos síntomas propios muy relevantes a la hora de la comprensión vivencial del paciente y de la intervención psicoterápica.

8. Son necesarios y urgentes estudios serios –libres de sesgos ideológicos- que arrojen luz sobre la verdadera incidencia y la prevalencia real del síndrome postaborto en nuestra población, para que se puedan proveer los recursos necesarios y establecer los programas de prevención y cuidados de las mujeres afectadas y de sus familias.

Bibliografía

(1) Sderberger H, et al. “500 mil víctimas del síndrome Post-aborto en EE.UU.” Archives of General Psychiatry, Agosto 2000.
(2) Mahe V, et al. “Post-abortion manía” British Journal of Psychiatry, Octubre 1999.
(3) Pérez Domínguez G, Martín-Santos R, Bulbena A, Berrios GE. “Sentimiento de culpa”. En Bulbena A, Berrios GE, Fernández de Larrinoa P (eds.) Medición clínica en psiquiatría y psicología, Barcelona, Masson, 2000, pp 179-183.
(4) Navío M, Leira M, Quintero FJ. “El duelo”. En Chinchilla A (coord.) Manual de urgencias psiquiátricas, Barcelona, Masson, 2003, pp 461-467.
(5) Tizón J. “El duelo y las experiencias de pérdida”. En Vázquez-Barquero JL (ed.) Psiquiatría en atención Primaria, Madrid, Aula Médica, 1998, pp 519-540.
(6) OMS. CIE 10 Trastornos mentales y del comportamiento. Criterios diagnósticos de investigación, Madrid, Ed. Meditor, 1993.
(7) APA. DSM-IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona, Ed. Masson, 2002.
(8) López-Ibor JJ. El sistema AMDP (Manual para la documentación de los hallazgos spiquiátricos de la Asociación para la Metodología y Documentación en Psiquiatría), Madrid, Ed. Garsi, 1980.



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