26 febrero 2006
24 febrero 2006
Discapacitados: Dignidad y derechos, calidad de vida, papel del Estado y aportación de la mujer
Entre el 16 de enero y 3 de febrero de 2006, en las instalaciones de la ONU en Nueva York, el Comité Ad Hoc de la Asamblea General se reunió para revisar el borrador y redactar la primera Convención Internacional para la Protección y Promoción de los Derechos de la Personas con Discapacidades. Más de 400 personas han participado en las discusiones, entre ellos muchos discapacitados. En los discursos conclusivos se reconoció que ha habido buen progreso en la profundización y comprensión común de los temas tratados, así como una notable unión en las opiniones de los participantes. Pero aún falta concluir el trabajo en las reuniones programadas para agosto y presentar el documento a votación para que llegue a ser una convención vinculante.
Afortunadamente, hoy día nadie duda, de que las personas discapacitadas son sujetos plenamente humanos, titulares de derechos y deberes. Hay una convicción común, según la cual se debe respetar la dignidad de cada persona, independientemente de su edad, o el grado de desarrollo de sus facultades.
Los derechos del discapacitado son exactamente los mismos que de cualquier otra persona, porque se tienen los mismos derechos humanos simplemente por ser persona humana. A veces, su calidad de vida en algunos aspectos resulta inferior. Su dignidad puede entonces parecer más escondida, sin embargo en cierto sentido también se presenta de forma más clara. A pesar de las limitaciones y los sufrimientos gravados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve la dignidad y grandeza del hombre.
Los voluntarios que se han dedicado a atender a personas minusválidas, normalmente quieren volver a trabajar con ellos. No sólo por la maravillosa experiencia de entregarse; no sólo porque los discapacitados les enriquecen, sino, ante todo, los quieren por descubrir el valor que hay en cada uno de ellos. De modo semejante los padres de un niño con síndrome de Down suelen decir con cariño, que este hijo es su mayor tesoro, el mayor regalo que han recibido en su vida. Son como una perla, que se aprecia después de abrir la ostra y quitar la, más o menos bonita, concha.
El valor absoluto de una persona discapacitada resulta evidente al hacer la experiencia de tratar con ella. No se necesitan estudios teóricos para saberlo. Debemos agradecerles a los discapacitados, porque nos ayudan a encontrar el verdadero sentido de la vida en el amor, o demuestran cómo el sufrimiento puede hacer a la persona “más humana”.
La persona humana vale por lo que es, no por lo que hace, ni por su calidad de vida y sus cualidades, como la salud física o mental, capacidad intelectual, etc. Las cualidades sólo demuestran su dignidad. Pueden faltar, y entonces… se ve aún con más claridad en qué consiste la verdadera grandeza de la persona. La dignidad y los derechos humanos, que son consecuencias de esta dignidad, son los mismos independientemente de sí la persona es discapacitada o no. Están arraigados en su ser. Las circunstancias, influencias externas, decisiones de gobiernos o tratados no pueden aumentarlos o disminuirlos. Se trata por tanto de reconocerlos, de garantizar, en la medida de lo posible, que se respeten y no de crear derechos especiales.
Un punto ampliamente tratado ha sido la no-discriminación de los discapacitados. Si bien los discapacitados son iguales en dignidad y derechos, sí necesitan un trato especial para poder desenvolverse y vivir sus derechos fundaménteles. Por su situación y por sus posibilidades, en ciertos aspectos siempre limitados, generalmente deben recibir más apoyo que otros. Han de ser ayudados a participar en la vida familiar y social en todas las dimensiones y en todos los niveles accesibles a sus posibilidades. Un tratado y una labor subsidiaria (1) de los Estados resulta importante para promover con medidas apropiadas y eficaces su bien.
Sería irracional entender la no-discriminación como el deber de tratar a todos de la misma forma. Es correcto buscar, por ejemplo, la posibilidad de acceso al trabajo para todos o la igualdad en la justa remuneración, pero no se puede exigir a una empresa de mudanzas que contrate a una persona en silla de ruedas.
Obviamente, no se espera terminar el trabajo sobre la convención sólo con la afirmación de los derechos de las personas con discapacidades. Se discuten los distintos criterios para mejorar el goce efectivo de los derechos humanos para después aplicar medidas adecuadas y mejorar las condiciones de vida de los discapacitados en los Estados concretos (2).
A diferencia de los derechos humanos, que son universales e inmutables, la calidad de vida varía según las circunstancias de cada persona y se puede influir en ella. En las reuniones de las últimas semanas, representantes de diferentes países y ONG-s han reconocido, que en realidad muchas de las medidas, que facilitarían notablemente la vida de los discapacitados, no requieren grandes inversiones de dinero, v. gr. construir las aceras o banquetas tomando en cuenta a los que usan sillas de ruedas. Louise Arbour, Alta Comisaria de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, subrayó en su discurso del 27 de enero pasado, que “más que la falta de recursos, son las actitudes las que a menudo obstaculizan el ejercicio de los derechos de las personas con discapacidades” (3). Efectivamente, la actitud es muy importante. Para las personas con discapacidades no puede ser suficiente, que se respete su derecho a la vida, que se pongan soluciones para responder a sus necesidades materiales básicas, médicas o incluso sociales, como el acceso al trabajo. Para su plena realización y felicidad necesitan también sentirse entendidos y acogidos por los demás.
Se puede decir que una mujer de 35 años, que está enferma de esclerosis múltiple, pero que se siente acompañada y cuidada con cariño por su esposo y sus hijos y les da todo su amor, tiene mejor calidad de vida que su amiga que disfruta de buena salud y riquezas, pero no encuentra el sentido de su vida y sufre de estados depresivos. Otro ejemplo es la niña británica, Charlotte Wyatt (4). Ella seguramente siempre se podrá sentir querida por sus papás, que lucharon por su derecho a la vida, hasta que un alto tribunal revocó la orden que daba razón al hospital público de no reanimarla si llegaba a sufrir un colapso respiratorio o alguna crisis (5).
Es vital nuestra necesidad humana de sentirse amado y acogido por otros, lo cuál se debería experimentar ante todo en el ámbito natural de la propia familia, y también en toda la sociedad. La calidad de vida abarca, por tanto, además del bienestar material y la salud, el amor en el hogar, la solidaridad en la sociedad y otros valores éticos, vividos por los discapacitados y en relación a ellos. El papel del Estado es subsidiario: debe apoyar a la institución familiar, para que ésta sea, en la medida de lo posible, quien se responsabilice de la ayuda al discapacitado, y en favorecer actitudes de auténtica solidaridad, para que pueda vivir sus derechos y deberes fundamentales. No se necesita legislar todo lo que es humano ni todo lo que se vive en las relaciones interpersonales, pero se puede apoyar lo que es positivo y desde luego no obstaculizar la vivencia de los valores profundamente humanos.
Es posible ir más allá de la justicia abstracta, de leyes impersonales y de sólo evitar la discriminación. Ver por la persona que sufre, apoyarla, amarla… Y aunque todos pueden descubrir su dignidad, conviene reconocer que las mujeres suelen demostrar una especial sensibilidad para intuir las necesidades concretas de otros y querer cuidarlos con gran comprensión y cariño (6). Más que hacer a los discapacitados sentirse autónomos, tienden a buscar que perciban, que son amados. Establecen más rápido vínculos afectivos, experimentan sentimientos de empatía. Estas características, más frecuentes en la psicología femenina, reflejan su especial papel humanizador en la sociedad. Dado que hoy hay una mayor participación de las mujeres en la vida pública y social, podemos aprovechar lo que ellas enriquecen y ayudan para el bien de todos.
Magda Figiel
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(1) La subsidiariedad es el principio que regula la interacción entre la autoridad y las personas y sociedades intermedias para lograr el bien común, su desarrollo integral. Los dos componentes de este principio son: 1) el deber de la instancia superior de prestar asistencia en lo que las personas y sociedades intermedias no pueden hacer por sí solas (subsidiariedad propiamente dicha), y garantizar, promover y estimular la iniciativa de aquellas; 2) y la no-injerencia de la instancia superior en la vida interna de las sociedades intermedias y el deber de no suplirlas en lo que ellas pueden y deben hacer por sí mismas (la “sola subsidiariedad”).
En el ámbito de la autoridad política nacional, el Estado es la instancia superior en relación con las sociedades intermedias y las personas, así como el gobierno federal en relación con los gobiernos municipales.
(2) Importantes objetivos serían: apoyo en situación de pobreza; nutrición; educación integral; servicios médicos; oportunidades de empleo; vivienda digna; servicios de calidad en rehabilitación y terapia cuidando los mejores intereses de toda persona humana; acceso, inclusión y participación en la vida social, económica, cultural, política; protección contra la crueldad, tortura, abuso; una vida jurídica, legal, patrimonial plena; dispositivos de ayuda sensoriales o motrices que se requieran; no ser víctima de señalamientos y exclusión por su condición, etc. Los medios para alcanzarlos estos objetivos han de ser adecuados (proporcionados, éticos o realizables).
(3) Statement by Louise Arbour, UN High Commissioner for Human Rights, General Assembly Ad Hoc Comité, 7th session New York, 27 January
(4) Parents win legal lifeline to keep sick baby alive (The Scotsman/Regno Unito, 22.10.2005
”THE parents of a profoundly ill baby girl who was not expected to survive long beyond her first year celebrated her second birthday yesterday with a partial victory in their legal battle to have her resuscitated by doctors if she falls seriously ill”...
(5) Para que una persona sea respetada, ha de existir. El derecho a la vida es el primero. Esta evidencia se reflejó en el hecho de que nadie se oponía al artículo número 10 sobre el derecho a la vida de los discapacitados, cuando fue revisado. Unicamente IDC (International Disability Caucus) propuso una enmienda: añadir las palabras “en todas las etapas de la vida” después de “cada ser humano”, y añadir “todos deben reconocer” después de “reafirmar”.
(6) Recientes estudios de C. Gilligan y M. Nussbaum profundizan en esta aportación de la mujer en el campo del derecho.
Magda Figiel, Colaboradora de Mujer Nueva, 2006-02-08
Adopcion Espiritual
DIU, aborto, y medicina basada en la evidencia
El término “pesario” dejó de usarse, pero la denominación contemporánea de “dispositivo” no cambió su mecanismo de acción abortiva, aunque interrumpa más tempranamente la gestación. Tampoco consiguió “sortear” la ética hipocrática. La ética y la realidad científica se mantuvieron unidas, por encima de consensos basados en intereses económicos corporativos. La medicina basada en la evidencia, es una aplicación ética contemporánea del conocimiento, que permite evitar los eufemismos que confunden y quitan libertad para decidir sobre fundamentos científicos objetivos. Es a esta evidencia a la que se refiere ACI Prensa, cuando afirma que en EEUU sólo se levantó la prohibición para el DIU, luego de que se legalizase el aborto (2).
Los más acérrimos defensores del DIU como anticonceptivo, reconocen su efecto abortígeno en el 2% de los casos. Cabe preguntarse si es científicamente aceptable un procedimiento médico que al aplicarlo cause la muerte en dos de cada cien casos. Semejante daño real, llevado a cabo para un pseudo-bienestar de terceros, ¿se justificaría por el sólo hecho de que las víctimas son indefensas e incapaces de quejarse?
El problema de esta conducta es doble:
a) deja de lado la ética que toma la vida humana como valor de referencia,
b) ignora la medicina basada en la evidencia, porque sustituye el conocimiento científico por una ideología no ética, basada exclusivamente en consensos de opinión, opinión guiada por intereses corporativos.
Desde 1987 se publican enunciados como que “es improbable que la eficacia anticonceptiva de los DIU resulte fundamentalmente o en forma exclusiva, de su capacidad para interferir con la implantación” (3). Luego, la propia evidencia científica llevó a los promotores del DIU a fijar arbitrariamente el inicio de la vida humana, no en la concepción, sino en la implantación uterina. Era una exigencia para poder afirmar que: “el DIU no es un abortivo” (4), pues actuaba antes del inicio de la gestación. Pero, ¿el inicio del embarazo puede fijarse “por decreto”? Ello sería similar a decir que la vida humana comienza con el ingreso a la escuela o a la universidad, así no sería homicidio el realizado sobre el “pre-escolar”, o el “pre-universitario”.
¿El DIU no es abortígeno?
La literatura médica cuenta con abundante evidencia de mujeres embarazadas a quienes debió retirarse el DIU par evitar el aborto. Esta evidencia es la que llevó a que se completase la acción mecánica con una acción bioquímica. Pero también existe abundante evidencia que señala la acción abortiva de estos medios biológicos.
Los primeros DIU, construidos de material plástico se sustituyeron por la llamada T de cobre: el cobre interfería con el zinc a nivel del metabolismo celular, para producir la muerte de la célula.
Aunque los promotores de este modelo plantearon una acción exclusiva del cobre sobre los espermatozoides (epermicida), nunca explicaron porqué no afectaba igualmente a otras células, como a las embrionarias, y a las del endometrio que debe albergar al embrión. Si el embrión sobrevivía a la agresión mecánica, debía enfrentar la acción bioquímica que provocaría su muerte.
La acción del cobre, fue luego sustituida por una hormona agregada al DIU (el levonorgestrel), que impide el desarrollo del endometrio y la implantación del embrión. Esta acción, reconocida en Internet por los propios fabricantes del “Mirena”, difunde el hecho de que la falta de endometrio lleva a una disminución de su descamación, que se traduce en una menstruación que llega a ser un 95% menor a lo normal.
En realidad, el DIU nunca actuó por un mecanismo anticonceptivo “de barrera”, (como algunos pretenden) y como es el caso del preservativo. La acción del DIU, mecánica y bioquímica, siempre fue la de interferir con la anidación del embrión. Su propia ubicación, en el cuerpo del útero, no inhibe la concepción (que se produce en las trompas uterinas), por ello no es “anticoncepción”, anticonceptivo, sino abortivo. Ello explica que en numerosos casos de embarazo “comprobado”, deba retirarse el DIU, para impedir el aborto.
Suponiendo, aún sin evidencia científica, de un efecto exclusivamente espermicida del DIU, como algunos pretenden, no se podría justificar su ventaja respecto a los preservativos: ¿para qué colocar un cuerpo extraño en el útero, con los riesgos reconocidos de perforación uterina, infección, hemorragias, y adherencias? La relativa ineficiencia del preservativo para evitar el embarazo y el SIDA, no justificarían el uso del DIU, que no previene el SIDA, pero que sí tiene una acción abortígena.
Los intereses corporativos pretendieron soslayar la acción abortiva (no anticonceptiva), afirmando que la gestación no se iniciaba con la concepción, sino con la implantación uterina, pero esto era un enunciado “impuesto por decreto”: en la concepción ya tiene lugar la conformación completa del nuevo individuo, con la totalidad de la carga genética de ADN, que lo singularizará hasta la muerte. Si el DIU no fuese abortivo, ¿por qué el empeño de fijar tan arbitrariamente el inicio del embarazo? Este “argumento de autoridad”, fue denunciado por varios autores (5), como contrario a la evidencia científica de racionalidad.
La medicina basada en la evidencia (MBE)
Sostener que el DIU no es abortígeno contradice tendencias de profunda raigambre científica, que dan fundamento ético a la aplicación tecnológica: “La MBE es la utilización conciente, explícita y juiciosa de la mejor evidencia científica clínica disponible para tomar decisiones sobre el cuidado de los pacientes individuales” (6).
Para aplicar estos criterios al DIU, en su “utilización conciente y juiciosa”, no deberían ignorarse los trabajos que demuestran que durante el embarazo con DIU, cae en la sangre materna la dosificación de diferentes sustancias, que elabora el embrión. Estas sustancias caen y desaparecen, porque muere el embrión. Además de la gonadotropina coriónica, más tardía, se destaca la dosificación de la EPF (early prefactor), sustancia inmunosupresora, que es detectada ya desde las 4 horas de la concepción (7). Ello evidencia no sólo la falacia que supone un “embarazo burocrático” (iniciado a los 6 o 7 días de la concepción), sino la evidencia de la producción de un “aborto biológico”. La MBE se refiere sólo a los fenómenos científicos, no a los fenómenos burocráticos.
La utilización del DIU como “anticonceptivo de emergencia”, luego de una posible concepción, es otra evidencia de su acción abortígena. Puesto que el óvulo sólo vive 24 horas, al ser fecundado, el DIU sólo puede actuar eliminando al embrión ya concebido.
El Dr. Yank Colbe, presidente de la Asociación Médica Mundial, se ha referido a la MBE, diciendo que puede ocurrir que “la ciencia y sus aplicaciones, la ética y la humanidad, se quedan en buenas intenciones…” (8). Aplicando estos conceptos para el uso del DIU, cabría dudar de las “buenas intenciones”, ya que se ignoran todas, y no sólo “la mejor evidencia científica disponible”, cuando se recurre al pobre recurso de modificar el inicio de la gestación para descartar la acción abortiva.
Es imprescindible para la excelencia en la práctica médica utilizar la MBE al “tomar decisiones sobre el cuidado de pacientes individuales”, pero no mejora la calidad de las decisiones, ignorar la existencia del paciente individual. ¿Acaso la inmadurez y menor autonomía del paciente, le otorga menos derechos? ¿No deberían extremarse los cuidados asistenciales en la misma medida en que son mayores los requerimientos?
El peligro de la aplicación de esta ideología no ética, usada para el uso del DIU, tiene proyecciones sociales que no deberían pasar desapercibidas. Si los derechos humanos fuesen función del grado de madurez y autonomía, sería necesario recordar que en la sociedad hay grandes sectores de población, que tienen severas limitaciones en su desarrollo personal por diversos motivos. Incluso quienes gozan de perfecta salud, siempre tienen ciertas limitaciones en su autonomía personal.
Desde 1997 se viene reclamando la exigencia ética de consentimiento informado de las mujeres a las que se coloca DIU. Se les debe poner al tanto, no sólo de las acciones contrarias a la salud de la mujer, sino de las que causan la muerte de sus hijos (9). Sin embargo, estos reclamos parecería que han dejado su lugar a otros más prioritarios: hoy reclamamos la necesidad de respetar la racionalidad, y los argumentos científicos utilizados por la MBE.
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(1) Juramento de Hipócrates, Punto 4. http://escuela.med.puc.cl/pub/HistoriaMedicina/, P. Universidad Católica de Chile. Apuntes de la Historia de la Medicina.
(2) www.aciprensa.com/aborto/adiu.htm
(3) World Health Organization, Scientific Group. “Mechanism of action, safety and efficacy of intrauterine devices”. Technical Report Series Number 753. Geneva: World Health Organization, 1987..
(4) American Collage of Obstetrician and Ginecologists. “The intrauterine device, ACOG Technical Bulletin Number 104”. Washington DC: American Collage of Obstetrician and Ginecologists, May 1987.
(5) MARSHALL, RG, “RATNER, H., “Oral Contraceptives: The medical evidence for abortion”. Part II, A.L.L. About Issues, 1986: Nov-Dec: 8.
(6) www.alemana.cl/mbe/recursos/htm.
(7) DI PIETRO, ML., SGRECCIA E., “La contragestazione ovvero l’ aborto nascoto”. Medicina e Morale, 1988; 1: 12-13.
(8) www.infodoctor.org/rafabravo/netting.htm
(9) Cf. “Mechanism of action of intrauterine contraceptive devices and its relation to informed consent”, American Journal of Obstetrics and Ginecology de Louisville, marzo de 1997, pp. 503-506.
Dr. Eduardo Casanova, Colaborador de Mujer Nueva
Adopcion Espiritual
23 febrero 2006
Familias que dan la talla
¿Modelos familiares? En teoría, se pueden defender muchos. Pero la realidad revela los costes sociales de unos y las ventajas de otros. Por eso, no sorprende que, ante el déficit de humanidad en sociedades altamente tecnificadas, se redescubran valores olvidados de la familia: una fecundidad que asegure el futuro, una crianza de los hijos que no los sobreproteja y una revalorización del trabajo de quienes cuidan a los más frágiles.
¿No se han probado ya todo tipo de soluciones sociológicas, pedagógicas y psicológicas para el "buen funcionamiento" familiar? Efectivamente, y quizá por eso la nueva propuesta llame poderosamente la atención: atreverse a echar mano de algunas soluciones que hasta hace muy poco se consideraban "tabúes" y hoy aparecen como extraordinariamente eficaces para devolver a la sociedad su rostro más humano: su rostro familiar.
¿El futuro? Más niños
"Aseguremos el futuro de nuestro país. Más niños. Mejor educación. Familias fuertes": probablemente quien lea este "slogan" no dude en colocarlo en un época hace tiempo superada. Añadamos unas cuantas frases más para reforzar esta sospecha: "Fundar una familia, tener hijos y más adelante, nietos: ésta es y seguirá siendo para la mayoría de las personas el fundamento decisivo para una vida feliz. Sólo familias con hijos pueden asegurar la continuidad de nuestra sociedad. Un país sin niños es en todo sentido un país sin futuro, desde el punto de vista social, económico y cultural. Sólo una sociedad amiga de los niños puede ser dinámica y crecer con fuerza"… Descubramos el enigma. Se trata del borrador del nuevo programa del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), presentado en su primera reunión en Mainz después de las recientes elecciones generales. Sustituirá al de 1989, y se espera disponer del texto definitivo en febrero de 2007 y aprobarlo en la asamblea del partido en otoño siguiente.
Sería ingenuo pensar que el SPD modifica su programa a la ligera. Aunque los motivos puedan ser variopintos y no del todo convincentes, la decisión parece bien madurada después de rendirse ante la evidencia. En primer lugar, una población alemana que envejece y no asegura el recambio generacional. Los hogares unipersonales son mayoría, seguidos por los de dos y tres personas; y, aunque muchos quieren tener hijos, no se atreven o no consiguen realizar sus deseos. A esta población pretende dirigirse el SPD, ayudando a crear condiciones sociales, laborales y educativas que faciliten la paternidad. ¿Cómo lo lograrán? Un primer paso positivo nada despreciable ya se ha adoptado: la coalición gobernante –democristiana y socialdemócrata– acaba de aprobar medidas fiscales de apoyo a la familia con hijos.
La herencia de los Gates
Otro axioma arraigado nos dice que si queremos a nuestros hijos, hay que evitarles todos los obstáculos innecesarios, que tanto han dificultado nuestros éxitos. Lo mejor que les podemos ofrecer es una existencia sin problemas…
Tras cuarenta años de la así llamada "paternidad responsable", quizá haya llegado el momento de hacer cuentas con el reparto de la tarta. Hoy empieza a comprenderse que un trozo demasiado grande puede sentar mal. La revista "Time" en su último número de 2005, al designar a los "Personajes del año" señala acerca de los elegidos: "Lo peor que harían en favor de sus hijos sería dejarles en herencia todo el dinero que tienen"… ¿Quiénes son estos padres? Los archimillonarios Bill Gates y su esposa Melinda, que llegaron a esta convicción después de leer en "Fortune" los peligros de la riqueza cuando se accede a ella por herencia; tesis que confirmó lo que ya habían visto en su escuela de élite en Seattle: "realmente, los chicos más ricos no eran los más motivados".
Por si quedasen sombras de duda para los Gates, pueden leer "Businessweek" (9-01-2006), dedicada a los mejores resultados económicos del año: las mejores empresas, los mejores "businessmen"… En el artículo sobre las "Best ideas", la primera y, por tanto, la más novedosa es ésta: "Trata a tus hijos bien, pero pon límites a su herencia". Y añade: "dinero y juventud pueden ser una combinación poco saludable. De hecho, según la sabiduría popular, hoy en día recibir en mano un cheque 'suculento', por el simple hecho de ser parte de una familia que puede hacerlo, no hace bien a nadie".
Volvemos a lo de siempre: el crecimiento en las virtudes humanas es inseparable del riesgo, de los obstáculos, también de los errores que nos ayudan a rectificar, e incluso depende de situaciones en apariencia negativas como la escasez de dinero. Una vida protegida de todo riesgo produce personalidades inmaduras, psíquicamente débiles, con escasos recursos para superar situaciones difíciles que hoy en día invaden la vida profesional, familiar, etc., sin pedir permiso.
Los Gates no están dispuestos a que sus hijos caigan en esto y hay ejemplos recientes: baste señalar el caso de un heredero de la FIAT en Italia, envuelto en problemas de drogas. Luego, no siempre la tarta entera es lo mejor para los hijos. Más bien parece lo contrario.
Liderazgo aprendido en la familia
A la recién estrenada ministra de la Familia alemana, Ursula von der Leyen, médico y madre de siete hijos, el "Frankfurter Allgemeine Zeitung" (27-12-2005) le preguntaba: ¿acaso no es verdad que la veneración por el "soltero independiente" que hay en Alemania se basa justo en la renuncia a los hijos? La respuesta va al grano: "Las aptitudes de liderazgo –capacidad de trabajo, de organización, sentido de responsabilidad– se adquieren fundamentalmente, no en la profesión, sino en la familia y en cargos no remunerados. Una empresa que quiera hacer surgir personalidades directivas que a la vez sean humanamente ricas, debería preocuparse de que esas personas tengan tiempo y lugar para ser también padre o madre".
Es lo que Alasdair MacIntyre llama la dependencia del animal racional: sólo llegaremos a ser agentes racionales independientes que trabajan eficazmente en servicio de la sociedad y del bien común, si reconocemos nuestra condición vulnerable, que también puede llamarse relacional y dependiente (1).
La verdad, por tanto, parece más bien ésta: las auténticas personalidades, fuertes y llenas de iniciativa y liderazgo, se forjan antes, mucho antes: en el seno de una familia, y mejor aún si ésta consta de varias generaciones con necesidades y exigencias diversas. El aprendizaje que supone un trabajo en servicio de los demás, sin remuneración, sin poner condiciones, sin previsión y en contra de planes personales, hace de la familia la mejor escuela para preparar ciudadanos de cara a un mercado laboral competitivo. Ante la abundancia de personas incapaces de asumir compromisos, de trabajar en equipo…, no hay más remedio que admitir el fallo de una educación que ha olvidado virtudes tan básicas como la generosidad, el espíritu de sacrificio, la paciencia, la templanza, tan facilitadas en el ámbito de una familia en la que no todo se encuentra dado.
Una realidad olvidada: el cuidado
La familia es algo mucho más serio que ese frágil conglomerado de sentimentalismo que se nos ofrece en las telenovelas. La familia hace posible una felicidad que poco tiene que ver con el individualismo reinante y menos aún con una libertad absoluta, donde no hay lugar ni para vínculos ni para el verdadero amor. Todos dependemos de todos. No somos invulnerables ni perfectos, sino dependientes, y esto se advierte de modo dramático en tantas situaciones de extrema pobreza, de desastres naturales, en los que –como explica también MacIntyre– la virtud cristiana de la misericordia nos ayuda a comprender que todos somos iguales en esa fragilidad y en esa dependencia.
Pero no basta actuar en momentos extraordinarios. El Consejo de Bioética del Presidente de los Estados Unidos (Aceprensa 125/05) pone el dedo en la llaga a propósito de poblaciones con más ancianos que nunca: "El modo como cuidemos a los mayores en situación de dependencia será lo que pruebe si la vida moderna ha producido no sólo lo mejor para nosotros sino si, además, nos ha hecho mejores seres humanos: más deseosos de aceptar nuestras obligaciones para cuidar a los demás y para estar más dispuestos a llevar el peso del cuidado". Por eso, "una sociedad que aprecia la autonomía, la libertad personal, el éxito profesional, ¿será capaz de reconciliarlas con la dependencia, la autonomía disminuida y la responsabilidad por los demás?" (2).
Ésta es también la denuncia del sociólogo italiano Pierpaolo Donati quien, ante la deshumanización de la sociedad tecnificada, sugiere poner en práctica la relación humana del cuidado, del "care", que una máquina es incapaz de brindar (3). Cómo haya que entender este cuidado: ésa es la cuestión.
Una primera respuesta negativa sería ésta: no se reduce ni a un sentimiento, ni a una acción estrictamente intuitiva, de "amateur". El cuidado es un trabajo que exige preparación, inteligencia práctica, iniciativa, ejercicio, conocimiento. De nuevo son los asesores de Bush los que lo explican: "sería una ironía trágica que, habiendo forjado grandes oportunidades para el éxito individualista, hubiésemos producido un mundo que necesita más que nunca de" caregivers", pero, a la vez, que ha perdido el camino para generarlos" (4). Por eso, "si queremos buenos "caregivers", entonces hemos de honrar y apreciar este trabajo, en vez de verlo como una labor poco profesional o indigna" (5).
Es decir, habrá que reconocer en aquellos trabajos que procuran un bienestar, incluso corporal, su dimensión profesional y su especial trascendencia; y actuar coherentemente: buena remuneración, formación en escuelas profesionales de nivel, velar por su aprecio en los medios de comunicación, etc.
Pero sería erróneo identificar la necesidad de "caregivers" (en castellano es difícil la traducción: sería algo así como "cuidadores") con situaciones extremas. Su presencia es indispensable en todas las circunstancias de la vida, también en las cotidianas, cuyo descuido puede deshumanizar más de lo que parece al hombre moderno. Haberlo olvidado ha hecho que se pierdan grandes oportunidades educativas.
No sólo para lo excepcional
Por eso hay que llegar antes y revalorizar los trabajos en la casa, que afrontan, desde el cuidado, esa fragilidad ordinaria pero vital y decisiva para el desarrollo de la persona. No parece exagerado afirmar que el aprecio hacia estas labores en servicio de la persona y el reconocimiento de su influencia en el bienestar corporal y espiritual, constituyen una buena piedra de toque para comprobar si una sociedad ha comprendido a fondo la importancia del cuidado como clave ética.
Mostrar familias que funcionen siguiendo consejos de la sabiduría secular, ayer devaluados, hoy en alza, puede ser un buen modo de favorecer esta institución. Todo parece indicar que aquellas familias con menos recursos o numerosas, o las que dan importancia al hogar y privilegian el cuidado, son las que forjarán personas responsables, maduras, con virtudes humanas y cívicas.
Por tanto, no hay que despreciar esta batalla práctica por la familia, que se vencerá cuando la familia demuestre ser lo que es: ese tejido vivo y originario de la realidad social, que sana y humaniza ámbitos laborales, políticos, económicos, desgastados por la exaltación del bienestar material o del progreso tecnológico.
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Maria Pia Chirinos es investigadora en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma).
(1) Alasdair MacIntyre, "Animales racionales y dependientes", Paidós, Barcelona (2001).
(2) The President's Council on Bioethics, "Taking Care: Ethical Caregiving in Our Aging Society", Washington DC (2005), págs. 4-5.
(3) Pierpaolo Donati, "Il problema della umanizazione nell'era della globalizzazione tecnologica", en "Prendersi cura dell'uomo nella società tecnologica", Università Campus Bio-Medico, Roma (2000), págs. 42-70.
(4) "Taking Care", pág. 19.
(5) "Taking Care", pág. 97.
Adopción espiritual
Bebé medicamento, Holanda: una decisión más emocional que racional
Amsterdam. La posibilidad de la producción de "bebés medicamento" se ha convertido en las últimas semanas en un tema de candente debate en Holanda. El Consejo de Salud publicó el pasado 18 de enero un informe para el gobierno que aconseja legalizar la producción de embriones "in vitro" como fuente de células madres para trasplantar a pacientes con enfermedades degenerativas. Hasta ahora la ley holandesa limita la aplicación de técnicas de fecundación artificial a fines reproductivos, aunque los embriones sobrantes pueden ser usados para investigación con el permiso de los padres.
El principal argumento aportado como justificación para la producción de embriones es el derecho de los padres a decidir racionalmente qué elementos técnicos están dispuestos a emplear para lograr la curación de un hijo enfermo. Partidarios del informe aducen que en una sociedad multicultural como la actual cada individuo debe determinar por sí mismo dónde están las fronteras de lo éticamente permisible, con la condición de que su decisión sea racional: bien meditada y basada en valores éticos personales.
El Consejo de Salud parte del supuesto de que los padres que recurren a esta opción como último recurso para intentar salvar la vida de uno de sus hijos han considerado detenidamente todos los pros y los contras y las consecuencias éticas de su decisión. En el caso de enfermedades de origen genético es el único modo del que se dispone para obtener un embrión sin el gen afectado que sea genéticamente compatible con su hermano enfermo. De todos modos, para asegurar la racionalidad de la decisión, los autores del informe recomiendan que los padres recurran a un "consejero" que les proporcione la información adecuada y les ayude a decidir de modo racional.
Aparte de que la valoración ética del obrar no depende del grado de racionalidad o la cantidad de células grises puestas en funcionamiento durante el proceso de decisión, el problema es que la teoría sobre este tipo de decisiones no se cumple en la práctica. El juicio de los padres ni es movido por la racionalidad, ni se identifica con ella.
Un análisis racional de las posibilidades de éxito de la técnica llevaría a un rechazo de la misma. La probabilidad de que un embrión "in vitro" posea un genoma sin alteraciones genéticas es del 1/16. Si se desean implantar al menos tres embriones en la madre hay que utilizar como mínimo 48 óvulos, lo que supone que la madre deba someterse a un tratamiento hormonal bastante fuerte. La probabilidad de que al menos uno de los embriones se implante con éxito y siga desarrollándose es del 20%. Además, en el caso de que el proceso tenga éxito, es posible que el enfermo no se restablezca completamente después del transplante, debido a la cantidad limitada de células madres en el cordón umbilical, y haya que recurrir a un trasplante de médula con riesgos para el recién nacido.
Aunque el deseo de los padres es legítimo y puede estar bien fundamentado, la decisión tiene más de emocional que de racional. Estudios realizados en la Universidad Libre de Amsterdam sobre el modo en que los padres deciden la conveniencia de hacer un test prenatal –que en Holanda no está todavía incluido en el control normal del embarazo– demuestran que los padres se mueven sobre todo por motivos emocionales, como las repercusiones afectivas que un hijo minusválido podría tener en su vida y en la de otros miembros de la familia. El proceso de racionalización se pone en marcha una vez tomada la decisión para justificar lo que se ha decidido.
El deseo de utilizar todos los medios disponibles para aliviar el sufrimiento y evitar la muerte de un hijo es comprensible. Pero es necesario trascender las emociones de cada caso particular y tener en cuenta que las soluciones adoptadas repercuten en la imagen y el valor del hombre dentro de una sociedad.
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Elisa García González es Investigadora en el Departamento de Filosofía y Ética Médica de la Vrije Universiteit de Amsterdam
Adopcion Espiritual
Bebé medicamento: una decisión más emocional que racional
Amsterdam. La posibilidad de la producción de "bebés medicamento" se ha convertido en las últimas semanas en un tema de candente debate en Holanda. El Consejo de Salud publicó el pasado 18 de enero un informe para el gobierno que aconseja legalizar la producción de embriones "in vitro" como fuente de células madres para trasplantar a pacientes con enfermedades degenerativas. Hasta ahora la ley holandesa limita la aplicación de técnicas de fecundación artificial a fines reproductivos, aunque los embriones sobrantes pueden ser usados para investigación con el permiso de los padres.
El principal argumento aportado como justificación para la producción de embriones es el derecho de los padres a decidir racionalmente qué elementos técnicos están dispuestos a emplear para lograr la curación de un hijo enfermo. Partidarios del informe aducen que en una sociedad multicultural como la actual cada individuo debe determinar por sí mismo dónde están las fronteras de lo éticamente permisible, con la condición de que su decisión sea racional: bien meditada y basada en valores éticos personales.
El Consejo de Salud parte del supuesto de que los padres que recurren a esta opción como último recurso para intentar salvar la vida de uno de sus hijos han considerado detenidamente todos los pros y los contras y las consecuencias éticas de su decisión. En el caso de enfermedades de origen genético es el único modo del que se dispone para obtener un embrión sin el gen afectado que sea genéticamente compatible con su hermano enfermo. De todos modos, para asegurar la racionalidad de la decisión, los autores del informe recomiendan que los padres recurran a un "consejero" que les proporcione la información adecuada y les ayude a decidir de modo racional.
Aparte de que la valoración ética del obrar no depende del grado de racionalidad o la cantidad de células grises puestas en funcionamiento durante el proceso de decisión, el problema es que la teoría sobre este tipo de decisiones no se cumple en la práctica. El juicio de los padres ni es movido por la racionalidad, ni se identifica con ella.
Un análisis racional de las posibilidades de éxito de la técnica llevaría a un rechazo de la misma. La probabilidad de que un embrión "in vitro" posea un genoma sin alteraciones genéticas es del 1/16. Si se desean implantar al menos tres embriones en la madre hay que utilizar como mínimo 48 óvulos, lo que supone que la madre deba someterse a un tratamiento hormonal bastante fuerte. La probabilidad de que al menos uno de los embriones se implante con éxito y siga desarrollándose es del 20%. Además, en el caso de que el proceso tenga éxito, es posible que el enfermo no se restablezca completamente después del transplante, debido a la cantidad limitada de células madres en el cordón umbilical, y haya que recurrir a un trasplante de médula con riesgos para el recién nacido.
Aunque el deseo de los padres es legítimo y puede estar bien fundamentado, la decisión tiene más de emocional que de racional. Estudios realizados en la Universidad Libre de Amsterdam sobre el modo en que los padres deciden la conveniencia de hacer un test prenatal –que en Holanda no está todavía incluido en el control normal del embarazo– demuestran que los padres se mueven sobre todo por motivos emocionales, como las repercusiones afectivas que un hijo minusválido podría tener en su vida y en la de otros miembros de la familia. El proceso de racionalización se pone en marcha una vez tomada la decisión para justificar lo que se ha decidido.
El deseo de utilizar todos los medios disponibles para aliviar el sufrimiento y evitar la muerte de un hijo es comprensible. Pero es necesario trascender las emociones de cada caso particular y tener en cuenta que las soluciones adoptadas repercuten en la imagen y el valor del hombre dentro de una sociedad.
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Elisa García González es Investigadora en el Departamento de Filosofía y Ética Médica de la Vrije Universiteit de Amsterdam
Adopcion Espiritual
La cortina de humo del bebé medicamento
Al informar sobre la aprobación en el Congreso de la nueva ley de reproducción asistida en España, se ha destacado como principal novedad que los padres podrán tener un hijo por fecundación artificial, seleccionado genéticamente, con el fin de que sea donante compatible para salvar mediante un trasplante a un hermano que sufre una enfermedad incurable.
El recurso a este método ha dado lugar a un debate ético, por la destrucción de embriones que lleva consigo y por la instrumentalización del bebé como "medicamento" del hermano, en vez de ser deseado por sí mismo. Pero, en cualquier caso, se trata de una técnica compleja y sin seguridad de éxito, practicada hasta ahora en media docena de centros en todo el mundo. Por eso algunos expertos, como Maria Dolores Vila-Coro, del Comité Director de Bioética del Consejo de Europa, han subrayado que se están creando en padres angustiados falsas expectativas que difícilmente podrán ser cumplidas en estos momentos (cfr. Aceprensa 57/05). El procedimiento exige, en primer lugar, estimular la producción de óvulos en la madre, para conseguir entre 10 y 20 óvulos que, una vez fecundados, se someterán a una selección genética: habrá que descartar los embriones que padezcan la misma enfermedad y los sanos que no sean histocompatibles con el hermano enfermo, para evitar un posible rechazo. En uno de los reportajes sobre padres que han recurrido a estas técnicas, se dice de pasada que hicieron fecundar 28 óvulos, de los cuales solo 6 embriones resultaron compatibles con el otro hijo. Los otros se destruyeron ("El Mundo", 21-11-2004). De los que superen esta criba, algunos se implantarán en la madre. Y solo alguno de estos dará lugar a un embarazo. Este conjunto de factores (fecundación, selección genética, implantación, gestación) hace que la probabilidad de éxito sea muy baja. En otro reportaje de estos días se menciona a otra pareja que ha iniciado el tratamiento en un hospital de Bruselas. "Tras cuatro ciclos no ha habido suerte" ("El País", 17-02-2006). Un estudio publicado el año pasado en JAMA (vol. 291, pág. 2079) mostraba resultados poco alentadores: de 199 embriones de 13 parejas se seleccionaron 45 y sólo nacieron 5 niños (cfr. Aceprensa 32/05). Por otra parte, si la técnica se lleva a buen término y se realiza el trasplante de células del cordón umbilical o de médula ósea, las probabilidades de curación son también muy variables según el tipo de enfermedad. Su probabilidad de éxito para curar una enfermedad genética es del 75% al 90%, y del 30% al 50% para curar una leucemia, según explicaba el año pasado el Hospital Universitario flamenco de Bruselas (VUB), que el 18 de mayo anunció el nacimiento de los dos primeros bebés europeos seleccionados con técnicas de este tipo (cfr. Aceprensa 67/05). En esa fecha, el VUB anunciaba que 61 parejas habían solicitado este tratamiento, 14 lo habían iniciado, 4 mujeres habían quedado encintas, una abortó y por fin se consiguió el nacimiento de dos bebés. "Hasta ahora no hemos conseguido curar a ningún niño de esta manera", reconocía un portavoz del VUB ("Le Monde", 19-05-2005). Ante la incertidumbre de esta técnica y las objeciones éticas por la destrucción de embriones que conlleva, se están buscando otras soluciones. La "Technology Review" (marzo 2005) comunicaba que los bancos de sangre de cordón umbilical en EE.UU. estaban alcanzando ya los 150.000 cordones, lo que se estima suficiente para satisfacer la compatibilidad del 80-90% de una población de 300 millones. Al poner el acento sobre una novedad "terapéutica" para la que hay muy escasa demanda, se ha desviado la atención pública de los cambios más sustanciales de la reforma de la ley de reproducción asistida: generación de embriones con fines no reproductivos; vía libre para fecundar cuantos óvulos se quiera, con el resultado de la acumulación de embriones sobrantes; la posibilidad de investigar con los embriones sobrantes o los creados por clonación para este fin.
19 febrero 2006
¿QUÉ QUEREMOS ENSEÑAR A LOS ADOLESCENTES?
Se habla de la Ley de la Ordenación de la Enseñanza (LOE), de que el verdadero problema está en la calidad de la enseñanza. Quizá no sea tanto un problema de contenidos como de metas, de objetivos de fondo (si no se va a ningún sitio, ¿quién querrá esforzarse por viajar?).
De las etapas educativas, la de la adolescencia quizá sea la más delicada: entonces las personas –siendo máximamente dependientes— descubren su propia libertad e independencia, y se producen perplejidades. ¿Qué se puede hacer para transformar la crisis adolescente en ocasión de crecimiento?, ¿cuál es el papel de los educadores y de los padres en este asunto?
> No importa tanto la pregunta acerca de cómo es el carácter de los jóvenes, como la de qué es lo que se puede hacer con este carácter
> Los griegos entendían que educar no consistía tanto en dar información o conocimiento sino sobre todo en formar ciudadanos.
> Nos encontramos con alumnos que son enanos del espíritu, centro de su mundo y deformes en su capacidad de pensar en el otro
> Es necesario hablar, compartir tiempo con ellos. En el caso de adolescentes varones esta tarea corresponde sobre todo al padre
> Con frecuencia se mercantiliza la vida intelectual, y sólo se habla de salidas, quizá sin ver que la mayor salida es la riqueza de la formación.
> El lugar propio de la educación es la casa, la propia familia. El colegio es un lugar de ayuda, de apoyo, a lo que los padres hacen en casa.
>Es necesario preguntarse cuál es el grado de comunicación que se tiene con la persona que nos apoya en el colegio.
La verdad tras el aborto
Lo que sigue es una parte del "script" (versión al español) del video "Abortion: The Inside Story". El tema de este video es un encuentro organizado en 1995 por el Chicago Pro-Life Action League (Liga de Acción pro vida de Chicago), con ex-abortistas. Las espeluznantes historias que cuentan estos ex-proveedores de abortos legales en EE.UU. muestran la realidad: que el aborto daña tanto a la criatura por nacer como a su madre. También demuestran que legalizar el aborto no lo hace un procedimiento "seguro" e "Inocuo".
Narrador : Joe Scheidler y la Liga de Acción en Favor de la Vida continúan proporcionando un foro para individuos de todo el país, que han estado asociados con la industria del aborto. Algunas de estas mujeres han estado involucradas activamente con la organización abortista Paternidad Planificada y con la Organización Nacional de Mujeres, y algunas administraron clínicas de abortos. Las condiciones en las que se hacen los abortos, según ellas, no serían toleradas en ninguna otra práctica médica. Como verán en este programa, es fácil encontrar negligencia criminal que resulta en daño físico y en la muerte de las pacientes en las llamadas "clínicas seguras de aborto legal".
Judith Fetrow : El aborto supuestamente libera a las mujeres. Esta es una de las mentiras más grandes del movimiento feminista: que para ser mujeres libres, debemos ser copias de los hombres y no debemos tener útero. Que matar niños significa salvarlos y que las mujeres están más seguras y son más autónomas y más capaces de cuidarse y protegerse, si no tienen niños.
Joy Davis : Hace catorce años me ofrecieron empleo en una clínica de abortos en Birmingham, Alabama. Consideré que la oferta era muy buena y que además de ayudar a las mujeres, lucharía por una buena causa, así que acepté el puesto. Al poco tiempo de empezar a trabajar, me di cuenta que no estábamos allí para ayudar a las mujeres. Era un negocio para ganar dinero.
Hellen Pendley : Empecé a trabajar para una de las compañías más grandes del país; hoy en día todavía opera doce clínicas de aborto en los Estados Unidos. En la entrevista inicial me preguntaron: ¿Está usted a favor del derecho de decidir? ¡Claro que sí! respondí, aunque no había pensado mucho en ello. La segunda fue ¿le molesta el hecho de que esto sea un negocio? Dije que no porque tengo experiencia tanto en los negocios como en el campo médico. No había ninguna duda de que yo estaba allí para hacerles ganar dinero. Nadie me dijo: "Espero que usted esté a favor del aborto porque queremos que ayude a estas mujeres".
Joy Davis : Las condiciones de la clínica donde yo trabajaba eran muy malas. No había unidad de cuidados intensivos y la mayor parte del personal no estaba bien entrenado y no tenía experiencia médica. Nunca teníamos el mismo médico, porque rotaban continuamente. Uno de los médicos, Tommy Tucker, me dijo un día que quería abrir su propia clínica, para hacer bien las cosas y tener el mejor equipo posible y empleados muy bien preparados y entrenados. Quería emplear anestesistas para poder usar anestesia general y que las mujeres no sufrieran -porque en la clínica donde trabajábamos las mujeres sufrían mucho.
Hellen Pendley : Yo pensaba que como había trabajado en el campo de la medicina y estaba acostumbrada al ambiente estéril, podría aportar ese conocimiento a la industria del aborto, y hacer que la clínica proporcionara atención médica de calidad a las mujeres.
Joy Davis : Pensé que era una idea maravillosa, acepté su oferta y llegué a ser directora regional de seis clínicas de Aborto en Mississippí y Alabama. Teníamos el mejor equipo, y personal eficiente y bien entrenado, pero les mentíamos a las mujeres para poder ganar dinero. No veíamos muchas mujeres por día, para no tratarlas como ganado. Queríamos dedicarles tiempo y darles la clase de atención médica que necesitaban.
Hellen Pendley : Eso sonaba muy bien, pero en vez de cambiar yo a la industria del aborto, la industria me cambió a mí.
Joan Appleton : En cinco años que estuve ahí, no conocí ni un solo médico que practicara abortos por creer que era un derecho de la mujer. Eso no era lo más importante para ellos. No digo que no existan, pero yo en mi clínica no lo pude comprobar.
Joy Davis : A los pocos meses, su avaricia se impuso. Le parecía que no ganaba suficiente dinero, así que despidió a los anestesistas porque ganaban mucho. Después de unos pocos meses observando cómo anestesiaban a las pacientes, empezamos nosotras mismas a hacerlo. Sin tener ni idea de lo que hacíamos. Solo repitiendo lo que habíamos visto hacer. Más adelante despidieron a las enfermeras de la sala de recuperación; después al técnico de laboratorio y así sucesivamente.
Hellen Pendley : Lo primero que hice fue limpiar la clínica por fuera. Pero pronto me di cuenta de que no teníamos ningún equipo para revivir a una paciente en caso de emergencia. En el estado de Georgia, de donde soy, y donde dirigía esta clínica, estábamos regulados por el estado, pero éste no requería que tuviéramos equipos de resucitación médica, ni sala de recuperación equipada, a pesar de que practicábamos abortos con anestesia general.
Luhra Tivis : Es como una planta de ensamblaje. No requiere mucho capital. Probablemente el equipo más costoso que tiene es el de sonogramas.
Hellen Pendley : Pronto empecé a ver las cosas como las ven los abortistas, es decir, cuantos más abortos practiquemos, más dinero ganaremos..
Joy Davis : Comencé a entrevistar a personas que no tenían conocimientos médicos en absoluto para que hicieran trabajo de anestesistas, técnicos de laboratorio, enfermeras y hasta de médicos.
Dina Madsen : No se requería ningún tipo de conocimiento médico para el puesto, solo se necesitaba aceptar el aborto.
Joan Appleton : He detectado grandes diferencias entre las clínicas de aborto en cada estado. En la clínica de Falls Church, Virginia, donde yo era enfermera jefe, trabajábamos principalmente enfermeras y técnicas de laboratorio y no había otras empleadas, aparte de las secretarias. Después de mudarme a Minesota, encontré que en las clínicas independientes no había personal médico, aparte del médico que practica el aborto.
Joy Davis : Yo contraté y entrené gente de la calle sin conocimientos médicos. Veíamos aproximadamente 10 mujeres por día, pero eso no era suficiente. Empezamos a ver tantas como podíamos admitir en cada clínica. Pero como el médico no podía estar en todas partes, me entrenó a mí. Yo no estuve ni un día en una escuela de medicina, era solo una técnica de ultrasonido. Tenía experiencia de negocios, pero no sabía nada de medicina, excepto lo que durante años había visto hacer a los médicos. Entonces comencé a practicar abortos, cirugía, poner Norplants, criocirugía, Papanicolau y exámenes pélvicos. Hacía todo lo que él hacía y estaba orgullosa porque veía que lo hacía mejor que él. Todos los empleados decían: "Necesita ver a la Dra. Davis", porque pensaban que yo era mejor médico que él. Nunca tuve problemas con las pacientes. No tuve que hospitalizar a ninguna mujer; las de él, por el contrario, había que hospitalizarlas en condiciones muy críticas casi todos los meses, con histerectomías o tejidos retenidos. A sus pacientes les pasaban todo tipo de desgracias.
Judith Fetrow : Es difícil estar involucrada en la industria del aborto por un tiempo y seguir creyendo que es un procedimiento seguro. Aún con los mejores médicos, hay muchas complicaciones menores y a veces, mayores. Vi como el Dr. William Pierd le perforó el útero a una mujer y después le mintió acerca de la gravedad de la perforación.
Dina Madsen : Yo diría que más de la mitad las mujeres con las cuales trabajé se habían practicado varios abortos, y no dejaban que ninguno de los médicos las tocaran jamás; sin embargo, todos los días les decían a otras mujeres que eran unos médicos maravillosos, que no les iban a hacer ningún daño y que eran los mejores. A veces las mujeres les preguntaban: ¿Ustedes se han hecho algún aborto? Y ellas tenían que responder que sí, pero no con él.
Joy Davis : Me enorgullecía porque yo no tenía esos problemas. Mis pacientes me querían porque me tomaba mi tiempo y les daba mucho amor pero en realidad estaba arriesgando irresponsablemente sus vidas. De las miles de pacientes que vimos, no recuerdo ni un nombre, ni un cara. Me refería a ellas según lo que pagaban. Ese es un caso de cuatrocientos dólares, ese es un caso de cinco mil dólares. No las veía como personas, sólo como números.
Hellen Pedley : Si quiere saber la verdad nunca las vi como mujeres. Para mí, si eran tan estúpidas como para creer nuestras mentiras, se merecían exactamente lo que íbamos a hacerles; esa era la forma en que yo las trataba.
Dina Madsen : Debo admitir que no les tenía mucha lástima. Yo pensaba: -bueno, si se metió en éste problema, ahora aguántese.
Joy Davis : Un día una jovencita vino para un aborto tardío en el segundo trimestre. Nosotros poníamos fin a embarazos aún en su fase terminal. El doctor vino, le practicó el aborto mientras yo asistía con la sonografía y dejó la sala apenas terminó. Ella estaba todavía bajo anestesia general suministrada por una persona no profesional.
Hellen Pendley : A los médicos de nuestras clínicas no les importaban los pacientes, lo cual es común en todo el país. Los ginecólogos que trabajan en su práctica privada y venían a nuestra clínica cuando alguna de sus pacientes tenía complicaciones, me llamaban a mí. Pero yo no soy médico, ni estoy entrenada para evaluar problemas como hemorragias postquirúrgicas. No estoy capacitada para poder diagnosticar y recetar un tratamiento pero lo hice durante tres años porque me lo exigían . Cuando me llamaban después de cerrar la clínica y me decían: "tengo hemorragia; ¿qué hago?" ese era mi problema, no el del médico. Yo era la persona de guardia, quien recetaba las medicinas.
Joy Davis : La llevé al cuarto de recuperación, me quedé con ella e hice todo lo posible para estabilizarla, pero comenzó a sangrar mucho y no pude contener la hemorragia. Corrí a donde estaba el médico y le dije: "tiene que ayudarme, se está desangrando y no sé que hacer." El dijo: "examínela, averigüe porqué está sangrando y pare la hemorragia. Así de simple; estoy ocupado."
Judy Fetrow : La complicación más horrorosa que presencié fue la de una mujer que dejó de respirar durante el aborto. El Dr. Michael Sussman simplemente salió de la sala al terminar; a pesar de que le dije que la paciente no respiraba y me dejó sola con ella. Cuando el médico tuvo que regresar, ni siquiera siguió el procedimiento indicado para esa emergencia. Fue un milagro que la mujer no muriera.
Joy Davis : Yo hice todo lo que sabía, pero ella seguía sangrando. Llamé un ambulancia para llevarla al hospital, y cuando él lo supo se enfadó mucho, canceló la ambulancia y me dijo:"Yo soy el médico aquí y soy el que tomo las decisiones. No podemos enviar esta paciente al hospital en esa condición, nos lincharían. Trate de estabilizarla."
Pero ya había sangre por todas partes. Salía a chorros y no podía pararla. Corrí a pedirle al doctor que me ayudara. Le dije:"si no me ayuda, se va a morir." El me contestó:"Bueno, llame a la ambulancia; yo tengo que tomar un avión", y se fue. Entonces llamé a la ambulancia, que tardó veinte minutos en llegar. Durante ese tiempo me dí cuenta que yo no era médico, y me asusté mucho de haber permitido que me pusieran en esa situación de tratar de salvar una vida, sin saber cómo hacerlo.
Lo otro que pasaba por mi mente era que el doctor ya no era mi héroe. El hizo que yo llegara a ganar 100.000 dólares al año, pero en ese momento me di cuenta de que realmente era un cobarde: se había ido cuando la paciente más lo necesitaba. Se la llevaron y me alegré, por haberme quitado esa responsabilidad y porque estaría en el hospital, con médicos que podrían encargarse de ella. Hasta que me llamaron del hospital para decirme que había muerto. Entonces empecé a tener pesadillas en las que veía su cara cada vez que cerraba los ojos. Me sentí tan culpable y tenía tanta rabia de que el hombre que yo había admirado fuera tan negligente que todo esto casi me destruyó. Después, el Consejo Médico pidió los informes de la paciente y él se atrevió a cambiarlos, para dar la impresión de que no había sido tan negligente. Me dio los informes originales del historial clínico de la paciente y me dijo que fuera al sótano a quemarlos inmediatamente, que no podíamos ir al juzgado así porque nos iban a linchar; que teníamos que ocultar lo que pasado. Pero no pude: metí los informes en mi maletín, porque sabía que no podría mentir para favorecerle en éste caso. No podía ocultar más lo que él había hecho.
Hellen Pendley : Teníamos un desmenuzador de papeles en mi oficina para que si venía un fiscal al día siguiente, no encontrara ningún informe médico.
Joy Davis : De modo que fuí al Consejo Médico y al Fiscal del Distrito y entregué toda la información acerca de la negligencia que habíamos cometido. Confesé haber practicado medicina sin licencia y suministré la evidencia. Me dijeron que querían que continuara siendo empleada de él, para seguir recopilando información y que este era un caso claro de homicidio por negligencia, pero querían saber más. Así que continué trabajando con el mismo médico y entregándoles información, pero pasaba el tiempo y no hacían nada al respecto. Un día, el Dr. Tucker regresó a Alabama, donde yo estaba en ese momento y me dijo que había tenido muchas dificultades en Mississippi. Me dijo que yo tendría que ir allí, para intentar calmar a los empleados, porque había problemas. Le pregunté qué había pasado Y me dijo: "Bueno, una joven vino por un aborto. Yo pensé que tenía 18 semanas de embarazo; pero resultó que estaba más cerca del término. Cuando le inserté la laminaria entró en parto y dio a luz un bebé vivo y saludable". ¿Y usted qué hizo? Y él me contestó: "qué podía yo hacer? Maté al bebé y todos los empleados están muy exaltados, de modo que usted debe ir a resolver eso."
Luhra Tivis : Una mujer llamó y dijo: "Estoy llamando por mi hija; quiero saber cómo se hace el procedimiento… y añadió: "¿Han tenido alguna vez algún bebé vivo?" Esa pregunta me sorprendió, porque nunca había pensado en esa posibilidad. De modo que pregunté a mi supervisora Elena lo que debía contestar. Elena me dijo: "Respóndale que aquí no hemos tenido ningún nacimiento vivo." Luego averigüé que era mentira.
Hellen Pendley : La vida o la muerte no significan nada en una clínica de abortos. Si no se respeta la vida del no nacido, ¿como y por qué se va a respetar la vida de la madre? Eso no sucede.
Cortesía de Vida Humana Internacional
Adopcion Espiritual
PAPIS, PROFES, TÍOS Y COLEGAS
Por fin una bocanada de aire fresco en este nuestro sistema educativo que hace agua por los cuatro costados: Una madre sevillana descubría hace unos días en el ordenador de su hijo un vídeo deleznable de unos adolescentes que habían grabado, con un teléfono móvil, escenas soeces, degradantes y vejatorias de una compañera de instituto que, además, padece síndrome de Down y que, para mayor vileza y escarnio, habían «colgado» en internet. La madre copió el vídeo en un cederrón y se lo entregó a la dirección del centro escolar para que tomara las medidas oportunas. Puesto el caso en manos de la Policía, se descubrió que la «proeza» era obra de nueve compañeros de clase, entre ellos una chica y el propio hijo de la mujer que «destapó» el asunto. Actitud ejemplar de una madre, que es capaz de denunciar unos hechos tan reprobables para -aun a costa de que su propio hijo pudiera estar implicado- solventar una situación de profunda injusticia.
A la pésima educación, ya crónica, que padece este país hay que sumarle la pérdida progresiva de ese valor ético o moral, que no es de izquierdas ni de derechas, y que se llama respeto. Y esa pérdida es achacable, sobre todo y en primer lugar, a los padres y, luego, a los maestros. Víctor Hugo decía: «No hay malas hierbas ni hombres malos, sólo hay malos cultivadores». Por eso, en un mundo como el actual, cada vez más ateo, más deshumanizado, y más sin alma, o sea, más desalmado, donde ya se han relativizado hasta conceptos básicos como el del bien y el mal, resulta aleccionador que una madre, como esta sevillana, anteponga su responsabilidad como tal a la nefasta teoría del «colegueo» impuesta por el falso progresismo de algunos colectivos de profesores y padres de alumnos, que se refugian en la cobardía de una libertad mal entendida para no enfrentarse a su responsabilidad de poner coto a los desmanes de sus vástagos.
El hombre es un lobo para el hombre, advertía Plauto. Pero hasta los lobos tienen normas en la manada. Es una cuestión de supervivencia para la especie. Y esas normas se trasmiten de padres a hijos y de generación a generación. Los padres deben ser padres y los profesores, profesores y no los «tíos» de «que passa contigo...». Aquí -por mucho que rejuvenezca- el «colegueo» de padres y profesores con sus hijos y sus alumnos es, además de una memez, una irresponsabilidad que no tiene nada que ver con la confianza. Su misión no es «coleguear» sino formarles y prevenirles para que sean capaces de elegir bien sus valores y sus «colegas». Valores como que la libertad de usar todas las posibilidades que te da tu teléfono móvil termina donde empieza la libertad y la intimidad de los demás. Y así se podrán evitar atrocidades como la de los nueve energúmenos del instituto sevillano. Podrían empezar por enseñarles el viejo proverbio árabe de que «la crueldad es la fuerza de los cobardes».
ÁNGEL PUERTA
Adopcion Espiritual

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