03 marzo 2006

Médicos: el derecho a no matar




La negativa de dos anestesistas a colaborar en la ejecución de una pena de muerte en California ha reabierto el debate sobre la responsabilidad ética de los médicos ante el final de la vida. Brad Knickerbocker analiza en "Christian Science Monitor" esta polémica en relación a la pena de muerte, el suicidio asistido y los interrogatorios a prisioneros (24 febrero 2006).



Michael Morales, condenado a muerte en California por violación y asesinato, tenía que haber sido ejecutado el pasado martes pero aún sigue vivo. Su abogado alegó que la inyección letal era un castigo cruel que viola la Octava Enmienda, y el juez del distrito ordenó que le asistieran dos anestesistas que garantizaran que no se le infligía un dolor innecesario. Pero los dos médicos se negaron a participar alegando motivos éticos.

Aunque la ejecución se ha aplazado, dice Knickerbocker, el debate está servido: "¿Debe un médico colaborar en una ejecución?" "Dejando a un lado la espinosa cuestión del aborto, la polémica sobre los médicos y el final de la vida se plantea también en el ámbito de las leyes que permiten el suicidio asistido como la que está vigente en el estado de Oregón". Desde 1997, la ley permite allí el suicidio con cooperación médica a los pacientes cuya esperanza de vida no sobrepase los seis meses (ver Aceprensa 157/97). En la actualidad, otros estados están considerando aprobar leyes parecidas.

Sin embargo, como explica Knickerbocker, también hay estados que se han alineado en la tendencia opuesta. "La Asociación Médica de California ha propuesto introducir medidas legislativas que impidan a los médicos colaborar en las ejecuciones de penas de muerte. En al menos doce estados se están debatiendo proyectos de ley que permitirían a médicos, enfermeras, farmacéuticos y demás personal sanitario, ampararse en la objeción de conciencia para no colaborar en dar muerte a otras personas".

Para Knickerbocker, la lógica que está detrás de estas medidas es que los médicos "tienen la obligación ética y profesional de hacer todo lo posible por salvar vidas humanas, no para terminar con ellas". En este sentido, recuerda el texto básico de la Asociación Médica Americana: "Como miembro de una profesión ordenada a salvar vidas mientras existan posibilidades, un médico no debería participar en una ejecución legalmente autorizada".

En los últimos meses, el debate se ha planteado en un nuevo escenario: la base de Guantánamo y otras prisiones a cargo de Estados Unidos. En ocasiones, el ejército pide la colaboración de psiquiatras para interrogar a los detenidos. En principio esto no debería plantear problemas éticos, pero la realidad es que los abogados de algunos prisioneros han denunciado torturas psíquicas. Según informa Knickerbocker, el año pasado un general del ejército norteamericano presentó un escrito ante el Pentágono en el que aconsejaba que los psiquiatras no participasen en los interrogatorios. La recomendación fue desoída.

A la polémica de los interrogatorios se ha sumado recientemente la cuestión de la alimentación forzosa a los prisioneros. Para algunos altos cargos del ejército, la intervención de los médicos en estos casos sí está justificada, pues el resultado es que salvan vidas. Pero muchos médicos ven las cosas de otra manera y creen que es preferible mantenerse al margen.


Adopcion Espiritual

Así ayudan a vivir dos familias españolas a sus hijas con espina bífida




En Holanda ya es legal matar a los nacidos con alguna malformación o enfermedad incurable. Lo llaman "ayuda a morir". En ALBA, dos familias españolas dan testimonio de cómo ayudan a sendas niñas que nacieron con espina bífida y de cómo sus hijas no son un problema, sino "una niña con un problema a la que hay que ayudar no a morir, sino a vivir dignamente".


Jesús G. Sánchez-Colomer.

"La ayuda a morir a los recién nacidos con enfermedades incurables o malformaciones congénitas ha quedado regulada en Holanda". Así comenzaba su crónica el diario El País sobre la legalización de la eutanasia infantil en Holanda el pasado 30 de noviembre. En el país de los tulipanes queda a disposición de los médicos la vida de los niños menores de 12 años.

Mientras esto sucede en Holanda, en España existen multitud de familias que miran asombradas cómo "nos intentan meter poco a poco en la cabeza la idea de que los problemas es mejor que no existan". Lo dice Javier, un padre de cuatro niños de entre 6 y 11 años, cuya hija menor, Leticia, nació con una lesión medular conocida como espina bífida y por la cual no tiene apenas sensibilidad ni movilidad en las piernas.

Por esta lesión, multitud de parejas abortan a sus hijos, acogidas al tercer supuesto despenalizador del aborto, que lo permite cuando el feto tenga taras físicas. Así, en 2004, fueron 2.550 los niños abortados por sufrir taras como la espina bífida o el síndrome de Down.

Pero tanto para Javier como para Irene, su esposa, "Leticia no ha sido ni es un problema. Por desgracia, es necesario manifestar lo evidente: nuestra hija, es una niña, no un problema".

Una niña feliz

Y a juzgar por cómo juega con sus hermanos y cómo la tratan en casa, es una niña feliz, que juega, que ríe y que, como afirma Irene, "paradójicamente, ha sido un bien tanto para nosotros como para nuestros amigos y nuestra familia".

Irene recuerda que el embarazo "fue normal hasta el séptimo mes, y cuando nos hicieron el eco de alta precisión, se confirmó que tenía espina bifida. Me quedé impresionada, pero lo primero que se me pasó por la cabeza no fue ‘qué horror’, sino si ella estaría sufriendo".

Irene deja claro que los médicos se portaron muy bien con ellos, sobre todo el neurocirujano del Gregorio Marañón, "que me reconfortó mucho porque no hablaba de la lesión de Leticia, sino de que era una niña guapísima. Él no veía al bebé como un problema, sino a un bebé que tiene un problema". Quien sí parecía asustada era la ecografista, porque "no había visto antes la lesión, y no me había dicho que tenía la posibilidad de abortar, y yo la verdad es que agradecí que no lo hubiese visto antes, porque así pasamos el embarazo más tranquilos". Irene reconoce que atender a Leticia supone esfuerzos para la familia, como el cambio de casa, "pero poco más". Por lo demás, "llevamos una vida normal", como Leticia, que "va al colegio con sus hermanos, auque nos habían aconsejado que la llevásemos a uno especial, y es verdad que en algunas cosas está menos atendida, pero hemos preferido que haga una vida lo más normal posible". Dentro de esa normalidad se han involucrado desde pequeños sus hermanos. Por ejemplo, Juan y Beatriz, de 11 y 10 años, se turnan para sondar a su hermana. "Yo, como no sé, le quito el aparato", apunta Ignacio, de 9. Dentro de esta normalidad, Leticia se ha ido dando cuenta de que su situación no es como la de sus hermanos, porque "nunca la hemos engañado, y le vamos diciendo las cosas a medida que se va hacieno mayor". La propia Leticia dice que sus hermanos la cuidan "muy bien", y cuenta que en el cole juega "todos los días".

La eutanasia infantil

Irene opina sobre la eutanasia infantil que "me da una pena terrible porque es negar la posibilidad de ser feliz si no se es pefecto". Para Javier, su marido, la felicidad de una persona no radica en una lesión o enfermedad: "¿Por qué vamos a presuponer que Leticia de mayor no va ser feliz y cualquiera de los otros sí? La eutanasia infantil es una forma de intentar evitar el problema, nadie puede decidir por un niño si de mayor va ser feliz o no en función de una lesión o enfermedad". Opina que un Estado debe preocuparse de lo que será de Leticia si a mi mujer y a mí nos ocurriera algo que nos impida cuidarla. Una ley adecuada y apropiada sería la que garantizase su atención, no la que abriese la puerta a su eliminación".

Javier está seguro de que "cualquier niño puede ser más o menos feliz que Leticia, y nosotros podíamos haber sido mucho menos felices sin Leticia", porque "la felicidad no te la da o te la quita una niña así. Eso es una esperanza que yo quiero dar a la gente, que hay algo positivo en todo esto que uno va descubriendo y sorprendiéndose de ello a lo largo de los años".

Irene recuerda cómo al principio la gente les miraba con cara de "resignación, y yo me rebelaba contra eso". Sin ningún tipo de victimismo, asegura tener la certeza de que la vida "es justa, y Leticia nunca ha sido algo producto de la mala suerte; al revés, ha sido una ocasión para crecer entre nosotros, con nuestros amigos, un punto de unión en la familia". Javier va más allá en este sentido: "Yo no sé si la vida es justa o no, pero sí sé que no estamos más o menos contentos por la circunstancia de Leticia. En todo caso lo estamos más, porque Leticia es un bien para esta familia". Para terminar la entrevista, declara con rotundidad que se considera "un privilegiado" y sonriendo afirma que es "una suerte" la familia que tiene: "Conmigo la vida es injusta, pero para bien. Eso sí, hay que mirarla de frente, no esquivarla ni soportarla, porque cada circunstancia que vivimos es una ocasión para crecer, una pregunta que requiere una respuesta de la misma magnitud".

Algunos menos años que Leticia tiene Blanca, hija de otro Javier y de Fuensanta, pero su lesión es la misma y las consecuencias muy similares: falta de sensiblidad y de control de esfínteres y parálisis en las piernas son los puntos en común entre ambas niñas. Pero el embarazo de Fuensanta fue más traumático que el de Irene. Diagnosticaron la lesión en el segundo trimestre. "Yo me puse a llorar. El médico dijo que la niña podía ser tetrapléjica, e insistió en que me tenía que dar mucha prisa para abortar".

Presión para abortar

"Y la verdad -explica Javier-, nos quedamos muy tranquilos al saber que la ibamos a tener, el problema está en que nosotros estábamos muy convencidos de tenerla y de quererla, pero gente que no estuviera convencida, en esa situación, habría abortado, porque nosotros fuimos a varios médicos de la Seguridad Social, y todos nos dijeron lo mismo. No te ofrecen ni siquiera otra posibilidad ni te explican nada; es más, el ecografista encima nos apremiaba diciendo que quedaba poco tiempo".

Reconocen también que si por ellos fuese, habrían deseado una niña normal, pero a pesar de los cambios de planes, como la remodelación de la casa, "Blanca tiene derecho a la vida, y no por ser minusválida merece no nacer". Denuncian que en ocasiones "la sociedad te pone muchas dificultades", y denuncian indignados cómo las Administraciones prestan más atención a "colectivos mucho más minoritarios que el de los minusválidos, por ejemplo".

Tampoco parecen estar muy de acuerdo con la eutanasia infantil de Holanda, algo que ven como "una barbaridad, porque quién te dice a ti que dentro de unos años estos niños no van a poder andar. Si eso se da, y tú te paras a pensar que has matado a un hijo que ahora podía estar andando, ¿qué haces?"

A Fuensanta se le ilumina la cara al contarle a todo el mundo que su hija Blanca "es una niña buenísima, que aprende todo lo que se le enseña, que se queja muy poco o, por lo menos, como cualquier otro niño. Para nosotros ha supuesto muchos cambios de planes, pero luego no supone nada insuperable".

Son personas

Blanca no para de jugar con los papeles y con la grabadora mientras Javier, su padre, aprovecha para destacarse y dejar clara su postura respecto al aborto eugenésico: "Que aborten a estos niños por estar enfermos es una barbaridad. No son menos personas por ser minusválidos". "Además -apostilla Fuensanta-, es una puerta abierta para que si hoy puedes eliminar al niño que no puede andar, mañana puedas eliminarlo por no tener los ojos azules".

Recuerda lo mal que lo pasó durante el embarazo por la presión de los médicos para que abortase, pero asegura que "nuestra hija tiene una vida digna", y que a veces piensa en "llevársela a esos médicos para que la vean". Javier y Fuensata, al igual que Javier e Irene, no van por la vida con cara de resignación; muy al contrario, caminan ayudando a sus hijos a vivir, no a morir, e incluso se sienten afortunados también porque "si les toca a otros, abortan, y con nosotros, Blanca está viva".

Semanario ALBA



Adopcion Espiritual

Con la sangre de cordón umbilical, el Estado es como el perro del hortelano

Ángel Álvarez, fundador y presidente de VidaCord, banco privado de sangre de cordón umbilical: "Con la sangre de cordón umbilical, el Estado es como el perro del hortelano"

Las células madre procedentes de la sangre del cordón umbilical pueden tener ganada la partida, en lo que a medicina regenerativa se refiere, a las células madre embrionarias. Además, su uso no entraña ningún dilema moral, pero en España el Estado pone trabas a su conservación. Ángel Álvarez, Fundador de VidaCord, propone un proyecto pionero en Europa.

Jesús G. Sánchez-Colomer


Ángel Álvarez Ramos, nacido en Gijón en 1963, es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Oviedo. Además, es autor de seis libros y numerosos artículos de investigación, así como asesor científico de numerosas empresas. Hace cinco años fundó un banco privado de sangre de cordón umbilical (SCU), un material con un inmenso valor biológico que en España sólo administra el Estado. Ángel, a través de su banco de SCU, propone un modelo de conservación que no conculque los principios de libertad y de solidaridad a la hora de los posibles trasplantes, una puerta abierta a la vanguardia de la medicina regenerativa.

-¿Qué es VidaCord y cuál es la razón de su existencia?

-Es un banco privado de sangre de cordón umbilical que ofrece a las familias la posibilidad de guardar la sangre del cordón para la utilidad clínica que pudiera tener en un hipotético trasplante entre hermanos, que es donde se ha evidenciado la utilidad clínica de la SCU. Como algo novedoso en los bancos privados de SCU, ofrecemos a las familias la posibilidad de comunicar la compatibilida de la SCU al REDMO (Red Española de Donantes de Médula Ósea), que es quien comunica todas las compatibilidades entre los bancos públicos. Por tanto, si unos padres libremente decidieran guardar la sangre de sus hijos, podrían hacerlo en VidaCord, y además, si decidieran comunicar al REDMO la compatibilidad de la SCU de sus hijos, esa unidad pasaría a ser de carácter universal como cualquier otra guardada en los bancos públicos.

-¿Tienen ustedes bancos privados en España?

-VidaCord ha creído en el Estado de Derecho, dado que su actividad es plenamente legal en el marco jurídico del Real Decreto 411/96, pero como las autoridades sanitarias españolas están conculcando este derecho, nos hemos visto obligados a instalar el laboratorio en un país de la Unión Europea, en concreto Polonia, donde prestamos físicamente el servicio de la conservación de la sangre. Esto lo hemos tenido que hacer porque nos han conculcado un derecho, pero lo que nos gustaría es que nuestro laboratorio estuviera en Asturias, donde solicitamos y se nos denegó, o en Madrid, donde aún no nos han contestado.

-¿En qué sentido se conculca este derecho?

-Denegando la autorización para abrir nuestro banco, algo que no está prohibido, pero que no nos dejan hacer.

-En España existen seis bancos públicos, ¿cree que existe algún interés por parte del Estado de controlar este tipo de bancos en exclusiva?

-Sí, eso es obvio.

El valor de la SCU

-¿Por qué tienen tanto valor las células madre de SCU?

-La administración pública sanitaria en España está confundiendo a la población hablando del uso de la SCU sólo para el propio niño, en lo cual es verdad que hay muy pocos casos de utilidad de la SCU. Lo que realmente es útil, evidenciado clínicamente, es el trasplante entre hermanos, con más de 4.000 trasplantes en el mundo. Es una lástima que se esté perdiendo esta sangre, que hoy es útil clínicamente en el ámbito de las leucemias, que el día de mañana podría serlo en muchas más cosas según avancen las técnicas de la medicina regenerativa, y que es una lástima que se tire.

Como el servicio público de salud no puede guardar la sangre de los 450.000 niños que nacen en España al año, lo que VidaCord propone es que se instrumentalicen entidades privadas, con todos los controles necesarios para tener altos estándares de calidad, que incluso si es necesario intervengan sus precios, pero que al final haya entidades privadas en las que un padre, libremente, decida si quiere guardar o no la sangre de su hijo. Además, lo que ofrece VidaCord es que si libremente lo decide, pueda ejercer la solidaridad. Pero lo que no puede ser es que un material de extraordinario valor biológico se siga tirando. Insisto en que el Sistema Público de Salud no puede recoger la SCU de los 450.000 niños que nacen al año. En este caso, la Administración pública se está comportando como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.

-¿De cuántos cordones se ha guardado sangre en España en los bancos públicos?

-Según el acta de la ONT (Organización Nacional de Trasplantes), 17.421 unidades a junio de 2005.

-Según su procedimiento, ¿cuánto costaría a una familia española conservar la SCU de su hijo?

-1.800 euros, de los cuales, entre que se firma el contrato y nace el niño, hay que abonar 900 en costes de transportes, analítica y procesamiento de la SCU. Facilitaríamos los pagos según las necesidades de la familia. El resto es durante 20 años a 80 euros al año. Para las familias con ingresos menores de 10.000 euros al año, a través de la Fundación VidaCord, correríamos con los 900 euros iniciales.

-¿Y cuánto le cuesta a la ONT conservar una unidad de SCU?

-Dos mil euros procesar un cordón, lo cual demuestra ineficiencia, porque a nosotros, una entidad privada, nos sale más barato.

-¿Para qué le sirve a una familia guardar la SCU de uno de sus miembros?

-Hoy, procurar la mejor opción que pudiera tener un hermano en el tratamiento de una posible leucemia. Mañana podría ser en otras enfermedades. Por eso yo me pregunto: ¿por qué nos han de decir que no? Nosotros no somos enemigos de la ONT. En la ONT tienen que ver el modelo mixto de VidaCord como a alguien que defiende sus mismos valores de libertad y de solidaridad, un aliado que viene sumarse a un esfuerzo de solidaridad en la medida en que las familias decidan libremente comunicar al REDMO las histocompatibilidades.

-¿Existe algún impedimento ético o moral en la conservación de la SCU, o para la utilización de sus células madre?

-Lo explico sin rodeos: desde el punto de vista de la moral católica, utilizar este tipo de células procedente de la SCU no conculcan ningún derecho como es el derecho a la vida de ningún no nacido. No son células como las embrionarias. Estas células de SCU son sólo eso: células. Y la Iglesia no ha tenido nunca nada en contra de que se utilicen células. Lo ha tenido en contra de que se utilicen células procedentes de embriones, pero no por el mero uso de las células, sino de las que proceden de un embrión, porque para obtenerlas matas un embrión. Por lo tanto, la Iglesia no está en contra de su utilización, incluso yo diría que ven en ella una alternativa.

Desde la ética laicista, se podría reprochar que si una familia guarda la SCU para ella, ¿qué pasa si niños ya nacidos no encuentran unidades en los bancos públicos? Pero el modelo VidaCord lo concilia, porque a través de la libertad de unos padres puede comunicar al REDMO, sin conculcar la solidaridad, y entonces, ¿cuál es el problema? Es un modelo de banco privado y solidario que ofrece cubrir el servicio que el Estado no puede, y la solidaridad de la política de trasplantes.

-Sanidad ha anunciado que va a asegurar a través de un real decreto la no autorización de apertura de estos bancos privados.

-A mí me sorprende que este Gobierno esté legislando con absoluta firmeza en ámbitos extraordinariamente sensibles como es el tema de los embriones o de la clonación terapéutica, y que se muestre con la firmeza de la ministra de Sanidad, que ha dicho que aunque hubiese habido tan sólo cinco padres con esta necesidad se hubiera legislado, y ahora resulta que en un caso como el de SCU, que no hiere ningún tipo de sensibilidades, diga que se legislará de acuerdo al interés general. ¿No es de interés general que los padres puedan si quieren guardar un material biológico de extraordinaria importancia?

-Hablando de padres, ¿por qué los Príncipes se han ido a Estados Unidos para guardar la SCU de Dña. Leonor?

-El 30 de mayo, VidaCord informó a los Príncipes a través de una carta de la utilidad de la SCU en el posible trasplante cruzado entre hermanos. Esperábamos, confiando en el Estado de Derecho, que nos autorizasen a abrir nuestras instalaciones en Asturias. Para nuestra sorpresa, se denegó esa autorización, y yo quiero imaginar que los Príncipes, al no haber ningún banco privado en España y conociendo la utilidad clínica de SCU para el trasplante entre hermanos, tuvieron que acudir a un banco de fuera.

-En la UE sólo hay dos países en que ahora no hay concesiones a bancos privados. Uno de ellos es España, ¿por qué?

-Sorprende que haya bancos privados de SCU en todos los países de Europa, menos en aquellos por los que ha pasado el actual director de la ONT, Rafael Matesanz, que son Italia y España.

-¿Cómo se encuentran sus solicitudes de apertura?

-En Asturias se nos denegó la autorización. Pero en Madrid, parece que la presidenta de la CAM tiene la voluntad de dar acreditaciones a bancos privados. Parece ser que está encontrando gran reticencia en el Ministerio. Aunque nuestras esperanzas están depositadas en Dña. Esperanza Aguirre.

Semanario ALBA
Adopcion Espiritual

Otra vez el aborto



Recientemente se ha publicado en Diario LA RIOJA un artículo titulado 'Por qué 85.000 abortos', firmado por el delegado de la Fundación Vida en La Rioja. Su lectura, y un reciente debate televisivo, me ha llevado a reflexionar sobre el tema. Una parte importante, cada vez mayor, de la comunidad científica considera que en la concepción comienza una nueva vida; el feto es un ser humano, con un patrimonio genético irrepetible. Además, jurídicamente, en muchos estados el aborto ha sido y es considerado un delito; por ello, aunque en varios se han despenalizado algunos supuestos, no se puede hablar del derecho a abortar.

Ninguna mujer quiere abortar (aunque las estadísticas hablan de mujeres que han abortado cinco o más veces), sino más bien se ve abocada a ello, muchas veces, por soledad, falta de recursos económicos, de convicciones firmes, etc. Pero, a la vez, toda mujer sabe que el dolor físico o psíquico no justifica quitar una vida humana porque el fin no justifica los medios. La sociedad no quiere abortos, los tolera en determinados casos y es indulgente con la adolescente embarazada. La antigua vergüenza de ser madre soltera se ha reducido mucho, mientras se extienden las presiones a futuras madres (sobre todo solteras, especialmente adolescentes) planteando que «no hay otra salida». Por el contrario, en muchas ocasiones, el propio entorno social se ensaña con las madres que en situaciones difíciles siguen adelante con su embarazo.

El aborto puede resultar muy tentador cuando se piensa que el problema es el embarazo y que, zanjándolo por la vía rápida, se acaba ese problema: nadie descubrirá tu actividad sexual, no hay que decidir quien se queda con el futuro hijo y se puede seguir como si nada hubiera pasado. Sin embargo, como el aborto va contra el arraigado instinto maternal, muchas mujeres que abortan quedan marcadas por esa experiencia, a veces para siempre: padecen reacciones sicológicas nuevas, recuerdan intensamente el momento del aborto, piensan en niños pequeños, etc., y tienden a tomar sustancias, a veces nocivas, para paliar esa tensión. Hay mujeres que ocultan este trauma durante años hasta que algo les hace explotar; a menudo un nuevo embarazo: ver la imagen de su futuro hijo de 9 semanas en una ecografía les hace darse cuenta de que el aborto se hizo con alguien igual de vivo, que eso no es un quiste sino su hijo.

Ante el dilema del aborto o la vida, el Estado no puede ser neutral. En un Estado de derecho, que coloca los derechos humanos en la base de su arquitectura constitucional, nada más lógico que apostar por la vida, sobre todo la más indefensa. Si queremos ser cada vez más civilizados tendremos que encontrar otras formas de resolver los problemas. Hay un clamor, casi unánime, por una política generosa para prevenir los abortos. Algunos proponen que igual que se hace un plan nacional antidroga para atajar el mal de la drogadicción, ¿por qué no se hace otro plan semejante para frenar la cultura de muerte del aborto, que tanto daña a hombres y mujeres y al bien común de este país?

Pero ¿qué hacer con esa adolescente que biológicamente es apta para ser madre pero que socialmente es inmadura?¿O con aquella pareja que no se ha planteado el matrimonio ni tener un hijo que haría añicos sus estudios, su trabajo, etc.? Ante una maternidad conflictiva el Estado debe fomentar una cultura de la vida como valor permanente, promover una educación afectivo-sexual global, no meramente biologicista sino responsable, explicando los diversos tipos de riesgo que comportan las relaciones sexuales; una buena información sobre la adopción y sus modalidades; ampliando las ayudas sociales a madres solteras, etc. Lo que no es admisible, porque es falso, es vender la «bondad» del aborto como salida de emergencia sobre todo para los que se denominan «embarazos no deseados» de los jóvenes
Carlos Moreda de Lecea
Adopcion Espiritual

02 marzo 2006

Sobre los niños, los medios de comunicación y el sexo. Recortes de prensa



THE NEW YORK TIMES

El pasado verano, en la película Me and you and everyone we know, que ganó un premio cinematográfico en la categoría de "prohibido a los menores de 17 años", un adolescente es iniciado en el sexo oral por dos chicas quizá un año mayores, y su hermano de 6 años se introduce en un chat pornográfico donde se escribe con una mujer.

¿Es esto lo que ven los niños? En caso afirmativo, ¿qué mensaje están recibiendo sobre el sexo y qué efecto tendrá en sus vidas?

La revista Pediatrics analizó el tema el pasado mes de julio en un informe titulado Impacto de los medios de comunicación en las actitudes y hábitos sexuales de los adolescentes. Es un asunto importante, pero tristemente ignorado. El informe, basado en una revisión de la literatura científica, fue solicitado por el Congreso de Estados Unidos, financiado por los Centros de Prevención y Control de Enfermedades de Atlanta y dirigido por la Universidad de Texas, en Houston. Según la conclusión de Liliana Escobar-Chaves, investigadora principal, "aunque una gran meta es conocer los efectos de los medios de comunicación en las costumbres de los adolescentes, como en las comidas, el tabaco o la bebida, apenas conocemos los efectos sobre sus hábitos sexuales".



¿Quién supervisa lo que ven, leen y oyen sobre el sexo?. En la mayor parte de los casos, nadie. "Cada vez más, los jóvenes acceden a los medios en entornos aislados de la supervisión o guía de los padres u otros adultos", dice el informe. "De media, un joven americano gasta un tercio del día en varias formas de comunicación, por lo general sin control paterno".



A pesar de los cortafuegos informáticos y televisivos, no tienen muchos problemas en acceder a presentaciones sexuales gráficas. Y na- die restringe lo que oyen por sus auriculares. El efecto de la educación basada en la abstinencia palidece por comparación con los numerosos mensajes gráficos que retratan la actividad sexual -en especial el sexo sin protección fuera del matrimonio- como una parte de nuestra cultura tan normal y aceptable como comer un Big Mac o beber una Coca-Cola.



La proporción de estudiantes de bachillerato que dicen haber practicado sexo ha bajado algo y el índice de embarazos de adolescentes también, pero las cifras siguen siendo pasmosas. "Aproximadamente el 47 por ciento de los estudiantes de bachillerato han tenido relaciones sexuales. De ellos, el 7,4 por ciento informa haberlo hecho antes de los 13 años, y el 14 por ciento han tenido cuatro o más compañeros sexuales". Cada año, en Estados Unidos cerca de 900.000 chicas jóvenes se quedan embarazadas (340.000 tienen 17 o menos años). Los índices de enfermedades de transmisión sexual son más altos entre adolescentes que entre adultos, y el 35 por ciento de las jóvenes han quedado embarazas al menos una vez antes de los 20 años. En 2002, las infecciones por Chlamydia fueron seis veces más prevalentes entre adolescentes sexualmente activas que entre mujeres sexualmente activas.



Los riesgos no acaban con los embarazos y las ETS. "Los datos sugieren que los adolescentes sexualmente activos tienen más riesgo de depresión y suicidio. Las experiencias sexuales tempranas se han asociado también con otros hábitos potencialmente dañinos como el alcohol, la marihuana y otras drogas".



En un comentario a este estudio, Joe McIlhaney, del Instituto Médico para la Salud Sexual de Austin, en Texas, escribe que "muchos padres y algunos médicos subestiman el impacto negativo y a largo plazo de una temprana actividad sexual". El informe añade que, con la perspectiva del tiempo transcurrido, muchas chicas sexualmente activas hubieran deseado haber esperado más tiempo.



La televisión es el medio mejor estudiado; a él dedican más de tres horas al día. Dos tercios de los jóvenes de 8 a 18 años tienen televisión en sus dormitorios, y dos tercios viven en hogares con televisión por cable que les da acceso no supervisado a escenas y diálogos sexuales.



El contenido sexual de la televisión es creciente. Un estudio de la Fundación Kaiser ha encontrado que "los programas más vistos por adolescentes en 2001-2002 tienen cantidades inusualmente altas de contenidos sexuales comparados con la media televisiva: el 83 por ciento de los programas preferidos de los jóvenes tenían contenido sexual y el 20 por ciento incluían escenas explícitas o implícitas".

Un mundo feliz

El estudio también ha observado que "los personajes implicados en situaciones sexuales de estos programas televisivos raramente experimentan consecuencias negativas. Los programas que advierten sobre el riesgo y la responsabilidad sexual representan sólo el 1 por ciento de todos los que incluyen contenidos sexuales". Además, sólo el 3 por ciento de las escenas de sexo observadas aludían a la protección contra ETS o incidían en los embarazos no deseados.

Lo poco que se sabe de los efectos de la televisión sobre las actitudes sexuales de los jóvenes procede de una encuesta telefónica efectuada en 2001 y 2002 entre 1.792 jóvenes de 12 a 17 años. La encuesta mostró que ver programas con carga sexual envejece artificialmente a los niños: los que ven más que la media se comportan sexualmente como si tuvieran de 9 a 17 meses más. Y los niños de 12 años que abusan de tales contenidos actúan como si tuvieran 14 ó 15 años. Asimismo, los adolescentes acostumbrados a esta programación tienden a sobreestimar la frecuencia de ciertos hábitos sexuales y manifiestan actitudes más permisivas hacia el sexo prematrimonial.

En cuanto al cine, dos estudios que analizaron el contenido de los vídeos alquilados más vistos por gente joven revelaron una gran carga sexual. Los efectos de estos programas han sido mínimamente estudiados. En un análisis de 2001 con chicas de raza negra sexualmente activas de 14 a 18 años, las que se habían expuesto a películas clasificadas X eran más proclives a tener múltiples compañeros sexuales, a practicar sexo con más frecuencia, a dar positivo en los test de Chlamydia y a recurrir menos a la contracepción.

Los vídeos musicales que gustan a los jóvenes abundan en referencias sexuales, en gran parte explícitas, sigue el informe de Pediatrics. Pero los efectos de esta exposición no han sido estudiados, como tampoco el influjo de las revistas, anuncios o juegos de ordenador de tono subido. En cuanto a internet, una encuesta entre chicos de 10 a 17 años reveló que "uno de cada cinco había encontrado inadvertidamente contenido sexual explícito, y uno de cada cinco había estado expuesto a una solicitación sexual no querida mientras chateaba".

El informe invita a mejores estudios para conocer cómo afectan tales contenidos a las creencias y hábitos de los adolescentes, y a medir el efecto de su acumulación en el tiempo y el desarrollo futuro de la sexualidad juvenil.

6 de febrero de 2006

www.almudi.org

Adopcion Espiritual

La cuarta parte de jóvenes alemanes sufre problemas derivados de la banalización de la sexualidad


Análisis Digital - 28/02/2006
La organización evangélica alemana Weißes Kreuz (Cruz Blanca), no precisamente sospechosa de “timorata”, alerta de los estragos producidos por la “liberación sexual” entre los jóvenes. Su presidente, el médico Wolfgang Vreemann, presenta estudios que afirman que uno de cada cuatro jóvenes sufre alteraciones psicosomáticas por la presión que les impone la imagen del sexo que transmite la cultura dominante. Advierte, además, de que éste es uno de los principales motivos que induce a los adolescentes a la depresión y al suicidio

No hay noviazgo, ni siquiera relación pasajera, que se entienda hoy sin relación sexual. Pero no es así como figura en el “manual de instrucciones del Creador”, dijo el doctor Wolfgang Vreemann, presidente de la asociación evangélica Cruz Blanca, que se ocupa de temas de salud sexual y bioética, durante la asamblea anual de la organización territorial de Wüttemberg, celebrada el pasado 19 de febrero. Sin entrar en valoraciones morales acerca de este problema, Vreeman alerta de los trastornos que genera esta mentalidad entre los jóvenes de 15 a 25 años. Las más evidentes son las disfunciones de tipo sexual provocadas por la “presión de funcionar” y el “miedo al fracaso”. Estos problemas, según los estudios presentados por el doctor, afectan al 25% de los jóvenes.

Pero además hay una sensación de vacío existencial y la de ser reducido a un objeto difíciles de cuantificar. Como aproximación, Vreeman aporta el dato de que uno de cada dos jóvenes alemanes reconoce que las relaciones sexuales no le “liberan”. De hecho, el doctor afirma que ésta es causa común de depresiones y suicidios, la principal causa de mortalidad entre los jóvenes de 15 a 25 años. Según otro estudio citado por Vreeman, el 80% de los jóvenes cambia con frecuencia de “pareja sexual”, a pesar de que, en realidad, anhela un noviazgo duradero.

El antídoto contra esta epidemia sorprende por su sencillez: “El noviazgo necesita mucho tiempo para madurar”, afirma Vreeman. Por ello, su recomendación es animar a los jóvenes a que esperen al matrimonio antes de mantener relaciones sexuales. No es una propuesta muy popular en los tiempos que corren, reconoce, pero sí la más eficaz par prevenir todos esos problemas descritos.

En un encuentro paralelo de jóvenes, el pastor y presidente local de la organización evangélica, Volker Gäckle, alertó sobre la concepción de la pareja “únicamente como instrumento de mi felicidad”. En su opinión, “cuando contemplo al otro sólo como una ayuda para mi autorrealización, como alguien que me proporciona felicidad con sus artes culinarias, con su belleza, su trabajo, su dinero, su fuerza o su potencia sexual, hay que concluir que la relación no funciona

Adopción espiritual

No se quede callado, o será cómplice y culpable

Si algún día un grupo de investigadores de categoría demostrara que el embrión humano no tiene vida humana, la polémica del aborto desaparecería. Practicar un aborto sería como quitarse una espinilla o cortarse el pelo. ¿Hay polémica con respecto al corte de pelo? ¿Hay sentadas en las puertas de los podólogos para evitar que a la gente le quiten los callos? ¿Hay operaciones rescate delante de las clínicas dentales para salvar las muelas que van a ser extraídas y evitar que vayan al cubo de la basura?

Probablemente nos quedaríamos todos muy tranquilos. Sin embargo la realidad no siempre es como quisiéramos que fuera y si no la podemos cambiar tenemos que aceptarla como es. De lo contrario viviríamos en un mundo fantástico, irreal.

La biología y la medicina estudian la realidad y ven que el embrión humano tiene vida humana desde el principio, desde la concepción. Si no es vida humana en ese momento, ya no lo será nunca. Si es vida humana, no dejará de serlo hasta que muera o hasta que lo maten. El proceso de desarrollo es continuo, no hay un momento a partir del cual se pueda decir que antes no era humano y ahora sí. Qué más da que el embrión tenga 6 ó 60 días, que esté implantado en el útero o flotando en la trompa, que esté dentro de su madre o en una cuna, que pueda dar lugar a gemelos o no, que se le llame embrión, feto, neonato, niño o adolescente? No es que se desarrolle hasta convertirse en hombre, sino que se desarrolla como hombre. Aceptar que después de la fecundación un nuevo ser humano ha empezado a existir ya no es cuestión de gusto o de opinión, no se trata de una hipótesis científica, sino de una evidencia experimental.

Un individuo de la especie homo sapiens es persona, sea de la raza que sea. Y un embrión humano es persona, porque es un individuo de la especie homo sapiens. Esto es independiente de su estado de desarrollo o ruina. Un paciente con una enfermedad del sistema nervioso es persona, y un embrión que no ha desarrollado su sistema nervioso es persona, aunque a una mirada superficial no lo parezca. Un chimpancé adulto da más señales de personalidad que un niño de un año. Lo que es potencial en el embrión no es el ser persona, sino el comportarse como persona. Todos somos personas en potencia en el sentido de que nadie ha desarrollado todas las posibilidades de una persona.

Entiendo perfectamente los motivos vivenciales que pueda tener una chica violada y con falta de recursos y todas esas cosas. Pero lo que no puedo admitir es que se crea que la mujer es dueña del niño. Ningún hombre tiene dueño. La teoría de los derechos humanos se fundamenta en que los hombres a diferencia de los animales y las cosas no pueden ser sometidos al dominio de nadie. Y los hombres débiles (niños, ancianos, enfermos ) deben ser protegidos.

En algo tan serio bastaría la sola probabilidad de que el embrión fuera hombre, para justificar una rotunda prohibición de cualquier intervención que lo pusiera en peligro. Para poder derribar una casa no basta con pensar que probablemente no hay nadie dentro. Hay que asegurarse primero de que no hay nadie. Para atentar contra un embrión habría que demostrar primero con seguridad que no es una persona. El Derecho Romano permitía el aborto porque consideraba al feto como parte de las entrañas de la madre. Esa concepción ya no es sostenible científicamente.

Ahora se nos viene encima una ley de reproducción asistida que autoriza la generación expresa de embriones para investigar y permite su comercialización, tráfico y uso industrial. El fin (para investigar, curar enfermedades de otros) no justifica los medios (producir y experimentar con una persona, arriesgarse a lesionarla, matarla). El hombre nunca puede ser utilizado como un medio.

Un hombre es un mundo de proyectos, de realidades,de sentimientos ¿Cuánto da de sí la vida de un hombre! Es libre y puede hacer el mal o puede hacer el bien y amar y ser feliz y hacer felices a otros ¿A cuántas personas se les está impidiendo esto! Todos somos responsables, en diversa medida. No podemos desentendernos. Estamos evitando con nuestra pasividad que cientos de miles de hombres puedan vivir su vida. No es una cuestión de moral privada (tú opinas esto, yo lo contrario y que cada uno haga lo que quiera) pues hay perjuicio de tercero. No es cuestión de ser tolerante. ¿Se puede tolerar el asalto de bancos, la esclavitud, la agresión a los hombres más débiles e indefensos? Y además, los más inocentes. Alguien tiene que defenderlos.

Por favor, haga algo: manifiéstese, proteste, aclare las ideas a sus hijos, despierte del sopor a sus amigos, saque el tema en el autobús, intervenga en la radio, publique un artículo, pegue carteles por la calle, organice una huelga, pida una audiencia a Zapatero y otra a Rajoy o a Pedro Sanz, grite por la ventana de su casa o cuelgue una pancarta, dé conferencias si sabe pero no se quede callado, o será cómplice y culpable.

Alfonso Baselga, Médico

Adopcion Espiritual

01 marzo 2006

Esta foto es de Chemita...




El sábado antepasado estaba de guardia en la Cruz Roja y llegó una niña de 17 años que seguro se había tomado algo para abortar... y dio a luz a este bebe... (No les pongo las demás fotos para que los que no son médicos no se traumen). El caso es que un amigo y yo nos quedamos cuidándolo las pocas horas que vivió... Miren el tamaño de sus manitas por favor... (La mano de abajo es la mía). La mamá tenía apenas ¡¡¡cuatro meses de embarazo!!! Pero el ya estaba perfectamente bien formadito... uñitas, deditos, orejitas, boquita, todo...



El caso y lo padre de la situación fue que como ni siquiera lo pudimos intubar (no había cánulas tan chiquitas... además le podíamos tronar los pulmoncitos) entonces tuvimos que quedarnos junto a el toooodo el tiempo calentándolo con sabanas y lámparas y echándole aire por la boquita... Llegó un momento en que nos quedamos maravillados de la fuerza que tenia ese bebe... Créanme que cuando veíamos que su corazoncito empezaba a fallar, dejábamos de darle respiraciones para que no sufriera más... y en el momento en que le quitábamos el aire, el ritmo cardiaco volvía a subir...



¡¡¡IMPRESIONANTE!!!! Nos trajo así casi 4 horas. Después de muchos intentos, cuando lo vimos que ya estaba medio mal, lo bautizamos (si, salio la educación religiosa cañón... Pero no podíamos dejar que alguien así, que había luchado tanto, se fuera sin un nombre, como si no hubiera pisado este mundo... Y como no sabíamos aún si era niño o niña, le pusimos José María... Chemita pa' los cuates...



Cuando murió, (debo confesar que lloré muchísimo) me puse a pensar en todo lo que era vivir, en todo lo que él lucho. Y, caray... ¡¡¡vivó 4 horas!!! Y yo a mis 21, casi 22 no he hecho un pepino, me da hueva despertar y ¡¡¡vivo getona!!!



El sábado fui con unos niños de prepa y secundaria y les puse la foto, les expliqué lo mismo que les digo a ustedes, etc... Y créanme... chequeen la cantidad de vidas (la mía, la de mi familia, mis amigos, los doctores y enfermeras de la Cruz, los chavos del sábado y ahora ustedes...) en las que ha influido chemita... ¡¡¡en 4 horas de vida!!!!



Ya quisiéramos muchos esas ansias de luchar por lo que queremos, por vivir... Pero la neta es que lo vemos como algo de todos los días, como algo que siempre pasa... y ya se nos hizo costumbre respirar, despertarnos, y no vemos lo increíble y la dicha que tenemos de poder cambiar a diario este mundo, hacer algo bueno por alguien...



IMAGINENSE LAS ENORMES GANAS QUE TENIA ESE CHIQUITO DE SOBREVIVIR.. Así que neto, luchen a diario por lo que quieren y acuérdense de esto en las mañanas y cuando tengamos mas flojera que nunca...



Se me hizo padre contarles esta experiencia, creo que vale muchísimo la pena... y pues si quieren o así... denle forward... a ver en cuantas vidas puede seguir influyendo alguien que vivió ¡¡¡4 horas!...


Adopcion Espiritual

28 febrero 2006

Aborto en EEUU: empieza la cuenta atrás



Polonia fue el primer país europeo en volver a ilegalizar el aborto... y EEUU avanza en esta línea.
Estados Unidos, que fue uno de los primeros países en generalizar el aborto como consecuencia de la Sentencia Federal de 1973, ha empezado la cuenta atrás de su prohibición.


Dakota del sur, un pequeño estado de menos de un millón de habitantes marcadamente rural, ha aprobado en su Cámara de Representantes, una ley para prohibir el aborto en condiciones muy estrictas, puesto que ni siquiera se permitirá a las víctimas de violación o incesto y sólo se autorizará cuando sea estrictamente necesario para salvar la vida de la madre.

El resultado de la votación ha sido apabullante: 50 votos a favor contra sólo 18 en contra.

Treinta estados más han iniciado o anunciado leyes semejantes. Como es lógico la iniciativa legal de Dakota del Sur será llevada al Tribunal Supremo, lo cual obligará a revaluar la legalización de 1973. La idea que late detrás de esta iniciativa es que la nueva composición del Supremo, con los dos últimos jueces nombrados por Bush, John Roberts y Samuel Alito, ambos católicos, inclinarán la balanza hacia la prohibición o al menos su enérgica limitación, aunque no pueda darse por sentado que éste sea el resultado final.

A lo largo de estos 30 años lo que ha habido es un proceso creciente e inteligente de desarrollo de las organizaciones Provida y, en general, de la presencia y peso político de las organizaciones cristianas. Han tardado tiempo, pero los resultados en éste y otros campos demuestran lo que, por otra parte, es una obviedad histórica: la historia no avanza siempre en el mismo sentido.

Fukuyama recuerda en su libro “La gran ruptura” que la época victoriana, paradigma de una moralidad muy estricta, vino precedida en Inglaterra de un periodo marcado por un acusado libertinaje en las costumbres.

Estados Unidos avanza por el camino que previamente inició en Europa, Polonia, el primer país en volver a ilegalizar el aborto. En el debate americano, necesariamente el tema del aborto se entrecruza con la pena de muerte. Y en este sentido debe recordarse que si los sectores progresistas aplauden a los médicos que se niegan a colaborar en las ejecuciones, porque “los médicos son sanadores no verdugos” este mismo criterio debe aplicarse para su intervención en las prácticas abortivas.

Adopcion Espiritual

26 febrero 2006

Más sobre la cuestión de los embriones congelados

por María Valent

En los últimos meses se ha relanzado con fuerza el debate acerca de qué hacer con los miles de embriones humanos que aguardan congelados en las clínicas de fertilización in vitro.
Esta interesante discusión ha sido promovida, en este momento, por todos aquellos que se muestran partidarios a utilizar células madre de origen embrionario en investigación biomédica. Sin embargo, el objetivo de esta campaña (más que debate) no es encontrar una solución al problema, sino lograr la permisión legal de la experimentación con embriones humanos. Al menos, así se deduce del modo, sesgado y cargado de ideología, en que se comunica la información (supuestamente científica) a la sociedad

Planteamiento general del problema

La cuestión de los embriones humanos congelados se plantea, una vez más, de forma dicotómica y parcial (es decir: incompleta y posicionada en una ideología muy particular).

- En primer lugar, nos informan acerca de una realidad preocupante y embarazosa: en España hay almacenados en los congeladores de las clínicas donde se practican fecundaciones in vitro (FIV) miles de seres humanos en estadio de embrión. Parece ser que todos coincidimos en que este hecho es, cuanto menos, "problemático" y requiere una solución.

- A continuación, afirman tajantemente que estos embriones humanos no tienen más que un posible destino: la muerte. Dado que no es posible implantarlos en el útero de una mujer de modo que puedan llegar a nacer.

- Por otro lado, nos proponen dos posibles modos de eliminar estos embriones: debemos escoger entre tirarlos a la basura sin más (como se hace con los restos de los niños abortados) o bien transformarlos en un montón de células con interés en investigación biomédica y aprovechar así su teórico potencial terapéutico. Dicho de otro modo: podemos eliminarlos sin más o dignificar su sacrificio transformándolos en un "medicamento" capaz de tratar personas enfermas y curarlas o mejorar su deteriorada calidad de vida.

- Además, nos hacen saber que enfermedades tales como la Diabetes tipo 1, el infarto de miocardio, el Alzheimer, el Parkinson, las lesiones medulares y otras dolencias son potencialmente curables con células madre. De hecho tratan de convencernos de que estas innovadoras y esperanzadoras líneas de tratamiento exigen la investigación con células de origen embrionario.

- Finalmente, el planteamiento del problema y sus posibles "soluciones" se culmina con la afirmación efectuada por científicos, biólogos, y médicos de supuesta talla, de que, de hecho, el embrión humano de menos de 14 días de desarrollo no es un ser humano: y así ha quedado recogido en el Derecho español, concretamente en la Ley 35/1988 de 22 de noviembre sobre Técnicas de Reproducción Asistida
[1].

Planteado así, parece que lo más razonable sería destinar estos embriones humanos a la investigación biomédica. Si lo único que vemos es que hay, desgraciadamente, miles de embriones que de ningún modo pueden llegar a nacer y miles de personas, desgraciadamente enfermas, cuya única esperanza de curación la constituyen esos embriones... es fácil posicionarse a favor de la utilización de dichos embriones como material de investigación médica.

Pero el problema no es tan simple ni las alternativas tan drásticas como a priori nos podría parecer. Debemos tener en cuenta, también, que:

- Esos embriones existen porque un equipo técnico los ha creado para satisfacer la demanda de un servicio concreto de reproducción asistida. Hay personas responsables de estos embriones (tanto de su existencia como del estado en que se encuentran como del negro futuro que les aguarda). Resulta un poco hipócrita denunciar esta lamentable realidad sin recordar el "porqué" y el "por quién" esos embriones están ahí. Es preciso también constatar que la existencia de este "problema" era perfectamente previsible y evitable, de modo que su aparición puede calificarse de negligencia por parte de las personas responsables.

- El embrión humano es, sin lugar a dudas, un ser humano en el estadio más incipiente de su desarrollo. Son muchos los falsos y absurdos argumentos con que se trata de negar la naturaleza humana del embrión de menos de 14 días de vida. Comentarlos y analizarlos no es objeto de este artículo de modo que remito al lector a la bibliografía pertinente [
2, 3, 4, 5, 6, 7, 8]. Pero quizás sí merece la pena recordar cuán turbiamente se introdujo en los textos jurídicos el término "pre-embrión" y con qué rapidez este término y su injustificable significado han penetrado en el Derecho de la mayoría de países europeos. El término "pre-embrión" fue propuesto el año 1984 en el Informe Warnock, emitido por el Comité de Investigación sobre Fertilización y Embriología Humanas de Gran Bretaña. En este informe se puede leer:

"Una vez que la fertilización ocurre, el proceso de desarrollo subsecuente continúa de uno a otro en un orden sistemático dirigiéndose hacia una división, a la mórula, al blastocisto, al desarrollo del disco embrionario, y así a características identificables dentro del disco embrionario tales como la línea primitiva, pliegue neural y tubo neural" .... "cuando ha empezado el proceso de desarrollo, ningún estadio particular del proceso de desarrollo es más importante que otro; todos forman parte de un proceso continuo, y a menos que cada etapa se lleve a cabo normalmente, en el momento adecuado, en la secuencia adecuada, el desarrollo posterior cesará"... "De modo que, biológicamente, no existe en el desarrollo del embrión ninguna fase particular antes de la cual el embrión "in vitro" podría dejar de ser considerado con vida" ... "Sin embargo, se ha convenido que ésta es un área en la que se debe tomar alguna decisión precisa, a fin de calmar la preocupación del público". Y la decisión, tomada por mayoría, se expresó así: "A pesar de nuestra división sobre este punto, la mayoría de nosotros recomienda que la legislación debería conceder que la investigación pueda conducirse sobre cualquier embrión obtenido mediante fertilización in vitro, cualquiera que sea su procedencia, hasta el término del día 14.2 de la fertilización" y fue entonces cuando se introdujo el término "pre-embrión", propuesto precisamente por un miembro del propio Comité, a fin de "polarizar la cuestión ética". [9, 10]

En este documento queda patente la ausencia de un fundamento científico que permita negar la naturaleza de "ser humano" del embrión humano desde el momento de la fecundación. Pone en evidencia que el objetivo era lograr la permisión de investigar con embriones humanos y que con el término "pre-embrión" tan sólo se pretendía "calmar la tensión del público".

Aún así, la legislación española, al hacerse eco de este informe y redactar la Ley 35/1988 parece interpretar que el embrión de menos de 14 días de desarrollo no es un ser humano y que la vida propiamente humana se inicia con la implantación del embrión en la pared uterina de la madre. En el preámbulo a la Ley, podemos leer:

"Generalmente se viene aceptando el término (preembrión) también denominado (embrión preimplantatorio), por corresponderse con la fase de preorganogénesis , para designar al grupo de células resultantes de la división progresiva del óvulo desde que es fecundado hasta aproximadamente catorce días mas tarde, cuando anida establemente en el interior del útero acabado el proceso de implantación que se inició días antes , y aparece en él la línea primitiva"
"se manifiesta la tendencia a admitir la implantación estable del óvulo fecundado como un elemento delimitador en el desarrollo embriológico". Al margen de tales consideraciones biológicas, diversas doctrinas constitucionales apoyan tal interpretación. Asi el Tribunal Constitucional de la República Federal de Alemania en sentencia de 25/2/75, al establecer que (según los conocimientos fisiológicos y biológicos la vida humana existe desde el día 14 que sigue a la fecundación), mientras que por su parte, el Tribunal Constitucional español, en sentencia de 11/4/85, fundamento jurídico 5.A), se manifiesta expresando que (la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación, en el curso del cual, una realidad biológica va tomando corpórea y sensitivamente configuración humana que termina con la muerte); queda así de manifiesto que el momento de la implantación es de necesaria valoración biológica, pues anterior a él, el desarrollo embriológico se mueve en la incertidumbre, y con él, se inicia la gestación y se puede comprobar la realidad biológica que es el embrión".
"se acepta que sus distintas fases (las del desarrollo embrionario) son embriológicamente diferenciables, con lo que su valoración desde la ética, y su protección jurídica también deberían serlo, lo cual permite ajustar argumentalmente la labor del legislador a la verdad biológica de nuestro tiempo y a su interpretación social sin distorsiones."

Por lo menos el informe Warnock tenía la honradez científica de reconocer que la vida humana se inicia con el fenómeno de la fecundación. La Ley española, ante la dificultad que supondría permitir la manipulación embrionaria que las técnicas de FIV suponen si admitiéramos la realidad de que esa manipulación se realiza sobre un ser humano, opta por distorsionar a conveninecia el conocimiento científico y afirmar, sin ningún tipo de fundamento científico, que la vida humana empieza con la gestación (es decir, en su argot manipulado, con la implantación del embrión en la pared uterina) [11].

- Los embriones que aguardan congelados, fueron creados para ser hijos, por expresa demanda por parte de sus progenitores y, ahora, nos vemos incapaces de ofrecerles un futuro y un trato acorde a su dignidad. Ninguna de las posibles alternativas a permanecer congelados indefinidamente es éticamente aceptable: el mismo hecho de conservarlos congelados supone una falta de respeto a su dignidad. Es decir, que nos encontramos en un "callejón sin salida". [
12, 13]

- La pretendida "inviabilidad" de estos embriones no es biológica sino legal. Me explico: la Ley 35/1988 determina que los embriones (preembriones) se crioconservarán por un máximo de cinco años y que, pasados dos años de crioconservación quedarán a disposición de los bancos correspondientes. La Ley, astutamente, no dice qué se supone que hay que hacer con estos embriones una vez prescrito su plazo: se ha interpretado que no podían ser implantados y gestados ("inviabilidad legal"), pero se han continuado conservando (desobedeciendo, de este modo, las indicaciones de la Ley y generando, a su vez, estos sobrecogedores almacenes de diminutos seres humanos). Según la Ley 35/1988 los embriones humanos sólo se pueden criopreservar durante 5 años: aunque no especifique qué se debe hacer con ellos pasado este tiempo, lo que parece claro es que deben dejar de ser conservados: lo más lógico sería descongelarlos y, a consecuencia de ello, dejarlos morir. Esto, en consonancia con los presupuestos de la Ley, no debería haber supuesto ningún problema, dado que esos "preembriones" son considerados un mero "material biológico" que ya no es útil para el fin para el que fue creado y, por Ley, ya no pueden conservarse por más tiempo. La eliminación de estos "preembriones" sólo supone un problema de conciencia si aceptamos que se trata de auténticos seres humanos: pero si partimos de esta "presunción" tampoco sería lícito crearlos in vitro, manipularlos y criopreservarlos. Es como si la decisión de crearlos y congelarlos hubiera sido tomada por personas convencidas de que el "preembrión" no es un ser humano mientras que la decisión de mantenerlos con vida pasado el plazo establecido por la Ley hubiera sido tomada por personas convencidas de que se trata de auténticos seres humanos, de modo que su destrucción no les parecía lícita.

- Por último debemos denunciar la falta de rigor y prudencia científica que supone afirmar que las células madre de origen embrionario son capaces (y las únicas que disponen de esta capacidad) de curar ciertas enfermedades: esta afirmación es imprudente porque todos los estudios están todavía en fases muy incipientes y no sabemos su auténtico alcance, ni sus efectos adversos ni su viabilidad. Supone, además, una falta de honradez científica el ignorar que las células madre pueden obtenerse también de tejidos de personas adultas y de cordón umbilical. Tampoco es objeto del presente artículo el comentar las diferencias y similitudes entre las distintas fuentes de células madre, de modo que vuelvo a remitir al lector a la bibliografía pertinente [
14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21]. El caso es que no es preciso utilizar células embrionarias para cubrir el campo de la Medicina Regenerativa. Así mismo, generar expectativas desproporcionadas en las personas directa o indirectamente afectadas por estas enfermedades es una astuta e inaceptable táctica para generar un grupo de presión respetable y siempre digno de consideración (enfermos y familiares de enfermos pidiendo desesperadamente un tratamiento para enfermedades incurables).

Pero... ¿qué hacer con los embriones humanos congelados?

Concluir que no es necesario recurrir a los embriones humanos para intentar tratar ciertas enfermedades mediante terapia celular, no nos permite resolver el problema principal de qué hacer con los miles y miles de embriones humanos que esperan congelados a la espera de un veredicto.

La respuesta a esta pregunta no es nada sencilla. Creo que yo misma, a priori, no sabría responderla. Pero esta incapacidad es debida, en parte, a que el planteamiento de esta pregunta exige, previamente, la respuesta a otra conflictiva cuestión.

Primera medida: dejar de generarlos

Esos embriones están donde están porque alguien los creó y los sometió a crioconservación. Si coincidimos en que la existencia de estos embriones es un auténtico problema ético (yo diría que, más bien, es un drama humano), lo más razonable y honrado sería dejar de generar este grave conflicto: dejar de producir embriones humanos. El tomar esta razonable e imprescindible medida nos garantiza que no vamos a continuar colocando en la misma situación de jaque a más embriones de los que ya tenemos, pero no nos permite resolver el problema de los embriones que ya están congelados.

Insisto en que, probablemente, ninguna de las alternativas propuestas para estos embriones es verdaderamente acorde a su dignidad, pero ello no nos permite desentendernos del problema. Finalmente, tendremos que tomar una decisión: quizá aquella que, sin ser ideal, en menor medida atente contra la dignidad de esos seres humanos. Tomar este tipo de decisiones siempre resulta incómodo: pero no hacer nada, también es una decisión: tendremos que estudiar si hay alguna opción mejor al "no hacer nada".

Se podría, en primer lugar, estudiar la viabilidad biológica (que no legal) de estos embriones: es decir, determinar si tienen posibilidades razonables de ser gestados en el útero de una mujer (idealmente su madre o, en su ausencia una madre adoptiva) y llegar a nacer. Si llegáramos a la conclusión de que son razonablemente viables, deberíamos plantearnos en serio el ir implantándolos en la medida de lo posible y darles la oportunidad que merecen de poder desarrollarse y llegar a nacer, crecer, etc. Si llegáramos a la conclusión de que, a consecuencia de su prolongada congelación, han sufrido daños irreparables que hacen imposible su desarrollo prenatal,... deberemos asumir la triste y dolorosa realidad de que, a pesar de estar todavía vivos, estos pobres embriones no tienen ninguna posibilidad (hoy por hoy) de llegar a nacer. Entonces tenemos dos posibles alternativas: dejarlos congelados en espera de que algún día la ciencia avance lo suficiente como para devolverles su original viabilidad o descongelarlos y dejarlos morir. En caso de que asumiéramos esta última determinación, la opción de utilizarlos en investigación biomédica en lugar de dejarlos morir en paz, continúa presentando objeciones considerables: de entrada porque ningún ser humano puede ser objeto de investigaciones científicas que atenten contra su integridad física, psicológica o moral: la investigación con embriones supone siempre la destrucción de ese embrión y sólo tienen sentido si se aplican sobre embriones vivos. En segundo lugar porque el invertir importantes recursos a este tipo de investigación presupone que la fuente de "materia prima" (es decir: de embriones) va a ser continua, ilimitada e ininterrumpida, de lo que se deduce que no se está tratando de encontrar una salida a los embriones congelados sino lograr la permisión de investigar con embriones humanos.

Si, a pesar de reconocer la conflictividad del problema y la ausencia de una auténtica solución moralmente aceptable (acorde con la dignidad de esos seres humanos), continuamos generándolos... nos encontraríamos ante una falta de coherencia y un exceso de hipocresía intolerables.

Si nuestra casa se estuviera inundando de agua a causa de un grifo abierto que alguien olvidó cerrar (o que alguien dejó abierto sin preocuparse por las consecuencias de su negligencia), podemos plantearnos cuál será la mejor manera de sacar el agua: ¿con calderetas o con una manguera succionadora? Pero, sin duda, la primera medida a tomar es cerrar el grifo: de otro modo, no sería posible resolver el problema. Intentar buscar una salida a los embriones congelados sin considerar la necesidad de dejar de generarlos es cómo discutirse acerca de si es mejor la manguera succionadora o los cubos de agua, pero no estar dispuestos a cerrar el grifo: de este modo asumimos un cierto grado de inundación permanente (siempre vamos a tener embriones almacenados que no podrán ser implantados y a los que habrá que buscar otro destino) y la necesidad también permanente de echar mano de calderetas y mangueras (es decir, de irnos deshaciendo de los embriones denominados "sobrantes", "caducados" o "legalmente inviables").

No estar dispuesto a cerrar el grifo equivale a no querer si quiera cuestionar la legitimidad de las técnicas de reproducción asistida que impliquen fecundaciones in vitro y la consiguiente producción de un exceso de embriones (entendiendo por exceso la producción de un número de embriones superior al que se implantará en el útero de la madre, de modo que los "sobrantes" quedaran congelados a la espera de la "nada"). Lo cierto es que las técnicas de reproducción asistida ofrecen a las parejas con problemas de infertilidad una esperanza de satisfacer su legítimo deseo de ser padres (también ofrece esta posibilidad a mujeres que, homosexuales o no, deseen ser madres sin la participación del padre, a personas sin problemas de infertilidad pero que han dejada atrás su edad fértil o a parejas que optan por someter a sus futuros hijos a un diagnóstico pre-implantatorio y seleccionarlos en función de su estado de salud, su sexo o cualquier otra característica que pueda ser estudiada en el embrión todavía no implantado).

El origen del problema: la Fecundación in vitro

Los miles de embriones humanos que aguardan congelados son el resultado de haber ido almacenando, ininterrumpidamente y durante años, todos aquellos embriones que fueron obtenidos in vitro en el contexto de tratamientos de reproducción asistida y que no llegaron a destinarse al fin para el que fueron creados.

Los especialistas en FIV insisten en que es necesario producir este exceso de embriones para garantizar una eficiencia mínimamente aceptable. Bueno: yo no soy especialista en esta materia, así que voy a hacer un acto de fe en esta afirmación (la alternativa sería que no fuera cierto y que el exceso de embriones se estuviera consintiendo o efectuando ex profeso para disponer de embriones con los que investigar).

Si realmente es inevitable producir este excedente de embriones... entonces también es inevitable plantear seriamente la licitud ética de la práctica de FIV: la moralidad de la FIV en sí es discutible (es decir: continuaría mereciendo la pena discutir acerca de ella en el supuesto ideal de que todos los embriones generados llegaran a nacer). Pero sin lugar a dudas, el hecho de que su práctica actual implique necesaria e inevitablemente la condena a muerte de miles de seres humanos... la convierte en inaceptable.

De hecho, en Alemania es obligatorio producir tan sólo el número de embriones que vaya a ser implantado (con éxito o sin él). Parece ser que esta medida va asociada a una disminución de la rentabilidad de la técnica. Pero un discreto aumento de eficiencia de una técnica, no justifica la creación, congelación y destrucción de seres humanos, por muy incipiente que sea su estadio de desarrollo. La producción de un "exceso" de embriones no es "imprescindible" sino "conveniente" a efectos de incrementar las tasas de éxito de la técnica.

Si la FIV pudiera realizarse de modo que sólo se generaran los embriones que fueran implantados a continuación (con unas tasas de éxito razonables), su cuestionabilidad ética sería de muy distinta naturaleza. Algunas de las objeciones que se podrían plantear a la FIV serían:

- La FIV supone la escisión de reproducción y sexualidad (de modo opuesto a cómo lo hacen las técnicas anticonceptivas).

- Permite la maternidad en mujeres que deseen tener hijos sin la participación del padre o que hayan dejado atrás su edad fértil.

- Nos invita a la eugenesia (es decir: a la selección de la especie) y a la discriminación pre-implantatoria por muy distintos motivos (sexo, estado de salud, predisposición a sufrir determinadas enfermedades o a desarrollar ciertas conductas, entre otras características fenotípicas siempre que puedan ser estudiadas en el embrión todavía no implantado).

- En ocasiones, a consecuencia de lo que se considera una "mala praxis", se produce un embarazo múltiple, de alto riesgo (tanto para la madre como para los hijos como para el ginecólogo responsable, que ve amenazadas sus estadísticas de éxito y que no está dispuesto a hacerse cargo de un parto de tanto riesgo). El modo de resolver esta "negligencia" es la denominada "reducción embrionaria": es decir el aborto selectivo de los embriones "sobrantes".

Que la FIV permita o pueda dar pie a todo esto no significa que necesariamente lo haga; pero somos testigos de que así ha sido en todos los países en los que se practican FIVs, de modo que no tiene mucho sentido tratar de valorar éticamente la FIV al margen de ello.

En el Reino Unido, se ha lanzado una encuesta a la población acerca de la elección del sexo de los hijos. Por ahora, en Gran Bretaña (al igual que en España) se practica la selección del sexo por motivos considerados "médicos": es decir, en caso de que una determinada enfermedad genética pueda trasmitirse únicamente a la descendencia de uno de los dos sexos. Esta encuesta va acompañada de un interesantísimo documento elaborado por la "Human Fertilisation and Embriology Authority" en que se propone como métodos posibles para la elección del sexo tanto técnicas previas a la fecundación, como el estudio pre-implantatorio de embriones obtenidos mediante FIV y la consiguiente selección, como el estudio prenatal y el aborto de los embriones o fetos del sexo no deseado. Como "motivos" para elegir el sexo de los hijos sugiere razones "médicas" (enfermedades que sólo pueda sufrir la descendencia de uno de los sexos) o "no médicas" como "preferencias personales" o razones "sociales", "culturales" o "económicas" (cuestiones de herencia, transmisión del apellido a la descendencia, evitar el pago de dotes, hijos varones para trabajar el campo o aportar un sueldo, obtener una descendencia donde ambos sexos estén proporcionalmente representados,...). Este documento es muy ilustrativo de cómo la generalización de una determinada conducta que pretende un fin bueno (que los hijos nazcan sanos) pero que resulta inaceptable como medio (impedir el nacimiento de los enfermos) tiene por consecuencia la pérdida de conciencia del mal implícito en esa conducta: "es muy fácil pasar del mal menor a la justificación del mal" pero, naturalmente, "el buen fin no hace bueno al mal medio". Esta misma idea ha sido brillantemente expresada por Robert Spaeman, de modo que no voy a resistirme a la tentación de introducir una cita más en este artículo:

"La costumbre constituye un poder. A las buenas costumbres las denominamos virtudes, y a las malas, vicios. Los vicios o pecados habituales son aquellos en los que la conciencia ya apenas repara. Por eso, la tradición cristiana los considera especialmente perversos. Donde, so pretexto de libertad, todo vale desde el punto de vista ético, lo que se hace sin remordimiento de conciencia deviene en costumbre que transforma lo malo en bueno, y lo mismo ocurre con el sentido de la culpabilidad: parece que la propia culpa también acaba desapareciendo. De manera análoga, estamos inclinados, en la vida social, a considerar gradualmente lo habitual como normal, sobre todo si eso no hace daño a nadie de forma directa, o si ello nos ahorra identificarnos con quienes son víctimas de una normalidad inhumana, como los esclavos, las brujas, los hombres de otras razas o los niños no nacidos". [22]

Pero, sin duda, el problema más grave al que da lugar la FIV es la existencia de seres humanos que han sido creados de forma planificada para nacer y crecer siendo hijos de sus padres y que, injustamente, aguardan congelados ante la indiferencia irresponsable de aquel que los creó y la ignorancia de sus propios progenitores.

¿Porqué no es lícito permitir la investigación con embriones humanos?

Si permitiéramos la experimentación con células embrionarias (aunque procedieran de embriones "no viables") estaríamos asumiendo que la fuente de esas células nunca faltará (pues no vamos a invertir grandes recursos humanos y económicos en desarrollar posibles tratamientos que luego no puedan llevarse a cabo por falta de "materia prima").

Para asegurarnos la fuente de células embrionarias tenemos dos opciones: o las técnicas de FIV continúan siendo tan ineficaces como hasta ahora (y no nos esforzamos por lograr que no sea preciso crear embriones en exceso) o creamos embriones con la única intención de investigar con ellos y obtener células madre a partir de los mismos.

Si, al investigar con estos embriones humanos "sobrantes", "legalmente inviables" se llegara a desarrollar posibles tratamientos para tratar a otros seres humanos de sus dolencias (curándolos o mejorando su calidad de vida) podríamos vernos ante la "conveniencia" de crear embriones humanos con el fin exclusivo de investigar con ellos o de favorecer que continúen sobrando embriones humanos de los procesos de FIV (de hecho, ésta sería la forma más "políticamente correcta" de asegurar una fuente continua e inagotable de embriones humanos).

Así mismo, nos podríamos ver ante la dolorosa decisión de optar entre un tratamiento que suponga la creación, destrucción y utilización de seres humanos en estadio de embrión o la no curación de un hijo. ¿Sería legítimo plantear a los padres una decisión de esta categoría? ¿Puede el Estado consentir la oferta de este tipo de servicios?

La permisión del Aborto como justificación de la destrucción de embriones

Al discutir la licitud moral de la FIV y de la destrucción de los embriones obtenidos por esta técnica (a causa de una "tara" genética o simplemente porque ha prescrito el plazo de viabilidad legal) nos encontramos con una pequeña dificultad: en nuestro país está despenalizado el aborto, de modo que se puede poner fin a la vida de un embrión o un feto o, lo que es lo mismo: de un ser humano con el único requisito de que todavía se halle en el interior del útero de su madre. Si está permitido acabar con la vida de un ser humano de 22 o más semanas de gestación... ¿porqué no iba a estarlo acabar con un ser humano de tan sólo tres días de desarrollo? Sería absurdo permitir lo primero y prohibir lo segundo.

Es obvio que el debate acerca de qué hacer con los embriones congelados nos retrotrae inevitablemente al debate sobre el aborto. No es coherente prohibir la utilización y destrucción de embriones sin prohibir el aborto. La despenalización del aborto y la permisión de las técnicas de FIV presuponen que el ser humano no nacido no es sujeto de dignidad y derechos que deban ser reconocidos y respetados. De lo contrario, no sería posible legitimar jurídicamente su práctica o dejar de penalizarla. En este contexto ideológico es difícil sostener por mucho tiempo más la prohibición de utilizar embriones humanos para cualquier fin. Es una cuestión de coherencia interna.

El negocio del aborto y de la Fecundación in vitro

En cierto sentido, no deja de ser paradójico que aquellos que defienden la FIV (o que se dedican a ella) sean los mismos que justifican, promueven o practican abortos y argumentan a favor de la utilización de embriones humanos como materia prima en biomedicina.

A priori, parece sorprendente (incluso incoherente) que, aquellos que en nombre de la defensa del legítimo deseo de las parejas a tener hijos, practican FIVs, con un ardiente deseo de dar vida y proporcionar hijos, defiendan también la destrucción de los más pequeños. Parece increíble que personas dedicadas a dar vida, estén ideológicamente a favor del aborto.

Pero si lo analizamos con un poco más de detalle en lugar de quedarnos en el juicio fácil y superficial, debemos considerar, en primer lugar, que los profesionales de la FIV trabajan cada día creando, manipulando, analizando embriones, sentenciándolos a muerte y destruyéndolos si son diagnosticados de alguna "tara", perdiendo por el camino a un buen número de ellos debido a imperfecciones de la técnica, congelándolos a bajísimas temperaturas con la intención de detener su espontáneo desarrollo, etc. Si estos profesionales tuvieran conciencia plena de estar trabajando con auténticos seres humanos... dudo que se atrevieran a "juguetear" con ellos del modo en que lo hacen. Pues... ¿qué derecho puede tener cualquier persona a congelar a otra? ¿a arrancarle una parte significativa de su ser para hacer un diagnóstico sin su consentimiento que pueda sentenciarlo a muerte? ¿a exponerlo a riesgos imprevisibles sin ningún miramiento? ¿a condenarlo a muerte o a donante involuntario de células al precio del propio sacrificio?

Aquel que practica FIV, movido (en el mejor de los casos) por la tierna intención de satisfacer el legítimo deseo de paternidad y maternidad de parejas estériles, parte de la convicción personal (recogida, además, por el Derecho) de que el embrión humano no es un ser humano. De otro modo, en conciencia, le resultaría imposible llevar a cabo su trabajo.

Lo que, indudablemente une a los defensores de la FIV, del aborto y de la utilización de seres humanos en estadio de embrión, es una IDEOLOGÍA muy particular y, sobretodo, el DINERO. Me explico: la industria del aborto mueve ingentes cantidades de dinero: en sí, constituye un negocio redondo. Pero, además, es un negocio que alimenta la FIV que, a su vez, da pie a la industria de los embriones como material de investigación biomédica.

Seguramente, si las mujeres que abortan decidieran no interrumpir su embarazo, la mayoría de ellas acabaría quedándose felizmente con su bebé. Pero también es cierto que los niños que antaño iban a parar a los centros de adopción, ahora ni tan siquiera llegan a nacer: son abortados durante su vida prenatal (se hace realidad el escalofriante lema: "niño que no es deseado, niño que es abortado"). La consecuencia de este fenómeno (juntamente con una determinada política de adopción) es que resulta bastante difícil lograr adoptar un niño del propio país (y tampoco es sencillo lograr adoptar un bebé de otro país). Esto hace que muchas parejas que hubieran preferido adoptar un niño ya nacido (pero abandonado, necesitado de una familia) no lo puedan hacer y recurran a les técnicas de reproducción asistida como segunda y última esperanza de llegar a ser padres.

Así mismo, en las técnicas de FIV se generan (por "necesidad" o por "negligencia") miles de embriones "sobrantes" cada año. Con el término "sobrantes" tan sólo se quiere decir que jamás podrán ser destinados al fin para el que, oficialmente, fueron creados: llegar a nacer. De modo que serán silentemente congelados hasta que pasen cinco años, devengan "legalmente inviables", no puedan ser reclamados por sus padres y su único posible destino sea la muerte (y, muy probablemente, la muerte como donantes involuntarios de células). Las clínicas de FIV disponen de la preciada materia prima, fuente de células madre para los científicos dispuestos a investigar y desarrollar tratamientos a partir de estos diminutos seres humanos. Si esto se permitiera tanto los investigadores como las clínicas de FIV saldrían económicamente beneficiados. El beneficio de uno es el beneficio de todos.

Además, la despenalización, legalización y generalización de cualquiera de estas actividades contribuye a difundir una ideología que las favorece a las tres. Esto es: arrebatarle al ser humano no nacido todos sus derechos y la consolidación de la cultura del "capricho": el deseo como fundamento del derecho: tener hijos o no tenerlos como un derecho que el Estado debe garantizar: el aborto y la FIV son los medios que mejor permiten garantizar este derecho y, por tanto, son irrenunciables.

¿Una postura neutral?

Otro de los pseudo-argumentos sin fundamento con los que se pretende legitimar la despenalización de la destrucción de seres humanos no nacidos es la supuesta pretensión de "neutralidad" por parte del Estado. Esto es así en parte porque son muchos los que equivocadamente asocian la exigencia del respeto a los derechos humanos del no nacido con una determinada confesión religiosa o con una ideología concreta que merece el mismo respeto y consideración que la opuesta. Pero esta supuesta asociación es errónea, en tanto que la defensa de los derechos humanos afecta por igual a todos los hombres y mujeres con absoluta independencia de su confesión religiosa (presente o ausente) o ideología. La Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene, como su nombre indica, una pretendida validez "universal", es decir: válida para todos los hombres: de todos los tiempos, edades, culturas, religiones e ideologías. Y el mundo occidental manifiesta repetidamente su intolerancia con aquellos que, abiertamente no reconocen la validez de esta declaración ni respetan los derechos que recoge.

En nuestros días, parece ser que defender los "derechos de los animales" es políticamente correcto y aquel que lo hace es un héroe, mientras que aquel que solicita el respeto al no nacido es un intolerante que trata de imponer su ideología a todos.

Aquellos que tratan de evitar que los animales reciban malos tratos, en primer lugar, no los maltratan, pero, en segundo lugar, tratan de lograr que el resto de personas, aunque quizás no piense como ellos, tampoco les maltraten: no se conforman con el falaz argumento de que aquellos que no comparten su modo de ver las cosas, tienen el derecho de maltratar a los animales. De hecho, tratan insistentemente de impedir que los maltratos a los animales ocurran: y lo hacen tanto instando a los gobiernos a tomar medidas legales para proteger a los animales como tomándose la ley por su mano y boicoteando el trabajo de aquellos que, a su modo de ver, cometen graves e intolerables oprobios contra inocentes e indefensos animalitos.

El Estado que permite que los animales sean maltratados asume que los animales no merecen recibir esa protección. El Estado no es neutral. También puede ser que no sea necesario promulgar leyes al respecto porque la población respete la naturaleza de modo espontáneo y no incurra en la perversión de destrozarla y maltratarla gratuitamente y sin sentido.

El Estado que tolera, permite y promueve el aborto, asume que el nasciturus (el que va a nacer) no es un ser humano con dignidad y derechos que deban ser reconocidos por el Derecho y protegidos por el Estado. El Estado está muy lejos de ser neutral: asume una ideología muy particular, concreta e identificable. El hecho de que la opción más permisiva permita a cada cuál actuar coherentemente con su modo de pensar no implica neutralidad.

Reflexión final

A menudo, nos llegan declaraciones efectuadas por reconocidos investigadores, médicos o biólogos en las que afirman, con su autoridad de científicos (es decir, como verdad incuestionable) que el embrión no es una persona. Pero lo cierto es que la pregunta de si el embrión y el feto humanos son o no seres humanos con dignidad y derechos inherentes a su ser que deban ser reconocidos, respetados y protegidos... no debe ni puede responderla la ciencia. Como científicos, lo único que, con humildad, podemos afirmar, es que, efectivamente, el embrión humano es un ser humano (en el estadio más inicial de su desarrollo). La reflexión acerca de qué dignidad y qué derechos debemos reconocerle y en qué medida debe ser protegido por el Derecho, es objeto del conocimiento filosófico (ontología, metafísica, antropología y ética). A los juristas les tocará la delicada y comprometida tarea de legislar en consecuencia.

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María Valent maria_valent@hotmail.com

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Bibliografía

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Manipular el lenguaje para transformar la sociedad (María Valent)

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El estudio de la célula madre: el plan comercial oculto (Jeremy Rifkin)

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Medicina reparadora- distintas posibilidades (Dr. J. Aznar)

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Células madre de adulto. Aplicación actuales y potenciales (Dr. R. Ojeda)

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Medicina reparadora: clonación y células madre (María Valent)

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Células madre de tejidos adultos. Diez razones para su utilización (Dr. Aznar)

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