Queridos hermanos y amigos:Con mucha dificultad he logrado encontrar un momento para escribir los acontecimientos que en estos últimos días nos han acompañado. He tenido muchas veces el deseo de encontrar un minuto para contar y también para tener un memorial de lo que Dios nos ha regalado en este tiempo tan precioso.Hemos esperado el nacimiento de esta niña durante 9 meses y tres semanas, un tiempo que al final parecía no pasar, ya que según las previsiones de los médicos, Anna Michelle tenía que nacer prematura. Así que desde Diciembre ya estábamos esperando las primeras contracciones de un momento a otro, y el parto que también se suponía iba a ser rapidísimo.Yo dejé de tener citas de trabajo lejos de casa para no arriesgarme a estar lejos cuando el parto comenzara, pero las contracciones no aparecían. El tiempo transcurría entre las visitas al hospital, matronas y médicos que nos preparaban para las posibles evoluciones de un nacimiento que tampoco para ellos resultaba nada claro. Pasada ya la tercera semana de retraso, después de 3 intentos fallidos para inducir el parto, donde los médicos trataban que se diera por vía natural, he tenido una fuerte pelea con la cirujana responsable de la zona neonatal, que quería intentar por cuarta vez inducir el parto, esta vez rompiendo la bolsa amniótica. Habrían así matado a la pequeñita ya que su cabecita, para nada protegida, se vería perjudicada por el instrumental médico que habrían utilizado. La pelea que he tenido con ella se basaba únicamente sobre el hecho que desde el punto de vista médico y ético-hospitalario, los médicos consideraban de menor importancia el valor de la vida de esta niña en comparación con los riesgos de una cesárea que tal vez podría tener consecuencias para María. Esto simplemente porque se trataba de una niña terminal que aún naciendo por cesárea su destino no iba a cambiar.Con mucha insistencia e implorando por una cesárea que nos negaron inicialmente, los médicos nos concedieron la operación para el martes 7 de febrero. No podían darnos una fecha peor: Davide, el hermano de Maria, sacerdote en Roma, tendría que irse. Costanza, hermana de María y su marido Dario, también viajaban a Italia. Mi hermano Simon Pietro y su mujer Annalisa también regresaban a Roma el mismo día. Maurizia, la madre de María, iba a ser operada ese mismo día en el mismo hospital. En fin, muchas de las personas que habían estado a nuestro lado en estos momentos, justo ese martes ya no iban a estarlo.El lunes por la mañana hemos vuelto al hospital, un poco preocupados pidiendo que adelantaran la cesárea un día antes del que habían programado, preocupados sobre todo por el hecho de que desde el día anterior María ya no sentía moverse a Anna Michelle como solía hacerlo en esos días. Pensábamos que la niña estaría sufriendo y que se estaría muriendo en el vientre materno por causa del retraso del parto, ya fuera de tiempo. Ese día hemos peregrinado de un departamento a otro del hospital, con la esperanza de que se liberara una cama y un sitio en la sala de operaciones, pero sin mucho éxito. He imaginado en esos momentos lo que ha tenido que sentir la Sagrada Familia de Nazareth cuando José y María iban de puerta en puerta pidiendo hospitalidad en los albergues donde pudiera nacer el niño Jesús y no encontraron lugar para quedarse. Con mucha aflicción, regresamos a casa después de que esta última esperanza se esfumara, pero con la certeza (después de un pequeño registro) que la niña estaba bien. Debo decir, sin embargo, que Dios siempre hace bien las cosas y con mucha más sabiduría de como nosotros pudiéramos pensar.Fue así como el martes por la mañana Davide, Costanza y Dario pudieron cambiar sin demasiados problemas sus vuelos a Italia; Maurizia ya en la camilla de operaciones y lista para entrar en quirófano ha sido dada de alta sin ser sometida a la operación, y por último, para hacer que Simon Pietro y Annalisa pudieran estar junto a nosotros en estos momentos, la cesárea de María que estaba programada como tercera ese día, fue realizada con máxima prioridad, la primera de la mañana.¡Ha sido un momento emotivo el nacimiento de Anna, un milagro de la vida! Es el tercer hijo que veo venir al mundo y cada uno de ellos me ha conmovido profundamente el alma. Ver un niño nacer a la vida es como rozar la esencia del Amor que Dios tiene para cada hombre.A las 9:09 del 7 de febrero de 2012 he visto nacer a nuestra hija Anna Michelle. Llegó al mundo con un pequeño gemido y con un cuerpecito débil y frágil… frágil… sí, pero con un deseo de vivir como si dijera al mundo: La vida vale la pena vivirla toda hasta el fondo… vale la pena vivirla plenamente, aunque parece que no tenga sentido y se sufra, porque en el fondo ¡quien sufre, ama! Nuestro catequista en el ultimo escrutinio del Padre Nuestro me ha recordado una frase de Santa Teresa de Calcuta que he llevado conmigo durante esta experiencia cerca de Anna Michelle: “Ama hasta que te duela”.En su corta vida he visto sufrir a Anna y os aseguro que se me encogía el corazón. No tenía voz, no emitía ningún gemido cuando sufría, como si no quisiera dar muestra de rechazo ante aquel sufrimiento, pero sufría… La he visto fruncir los ojos, abrir la boca y arquear la espalda por los dolores. Cada vez que le hemos cambiado un vendaje, que le debíamos curar la cabecita, se lamentaba en silencio. Su vida me ha recordado muchísimo la de muchos niños inocentes matados con los abortos, que sufren en el mismo silencio.¡Ha nacido por cesárea y por gracia de Dios! ¡Ha nacido viva! ¡Ha nacido entre María y yo, que tanto la hemos querido!En un lado del quirófano se preparaban los médicos colocando sobre una mesa el bisturí, las jeringuillas para la anestesia y demás instrumental necesario para la operación, mientras Davide, que había recibido permiso para entrar en quirófano, en el lado opuesto, sobre otra mesita, preparaba el agua para el Bautismo y los Santos Óleos para la Unción Crismal y la Santa Eucaristía.Sin un gemido ha nacido como Jesús, entre un buey y una mula que de poco servían, solamente para darle calor con su aliento. Así como ellos, nosotros los padres en nuestro pequeño servicio prestado a la obra mucho más grande que Dios estaba empezando en ella, hemos simplemente decidido aceptar el Don de su vida entre nosotros. En cuanto salió del vientre, los médicos la apoyaron sobre el pecho de María y mientras empezaban a coser la herida de la cesárea, Anna Michelle ha recibido el Bautismo, con agua santificada del Jordán, derramada sobre su cabeza tan frágil. ¡Qué emoción! ¡Qué belleza! ¡Qué bien! ¡Es difícil expresar mi felicidad en ese momento! No pedíamos otra cosa al Señor: que nos la concediera viva por unos momentos. ¡Viva para que pudiera recibir este Sacramento!Dayenú, dicen los hebreos, esto nos habría bastado, ¡nos habría bastado que hubiera recibido el bautismo, pero no!, Dios ha sido más generoso y le ha dado más. Pensar que después de una hora desde su nacimiento, estábamos en una habitación privada, toda para nosotros, en un hospital lleno de pacientes “aparcados”, hasta en los pasillos porque no había sitio. Y bien, nosotros estábamos en la habitación más grande que hubiéramos podido desear, rodeados de todos los hermanos de Maria, de sus padres, de mi hermano Simon Pietro y su mujer Annalisa.En esta maravillosa circunstancia Anna Michelle ha podido recibir la plenitud de los sacramentos de la iniciación cristiana: la Primera Comunión y el Sacramento del Espíritu Santo, la Confirmación. ¡Dayenú! Ha celebrado su primer día de vida con muchas dificultades para respirar, luchando por respirar. Durante muchas horas ha tenido la carita morada, como si estuviera muriéndose en cada momento, pero ha vivido 12 días. ¡Ha vivido la vida plena! ¡Como la deseo yo también una vida así de plena y maravillosa en el abandono de los brazos de Dios Padre!Esa misma noche han venido a la capilla del hospital todas las comunidades de nuestra parroquia que han estado a nuestro lado en este momento. ¡Qué maravilla ha sido tocar la belleza de la Iglesia Católica que en la Comunión de los Santos se reúne a hacer Pascua con una hermana que está a punto de irse, de pasar al cielo! ¡Hemos cantado las Vísperas!, ¡hemos dado gracias a Dios por su vida! Cantábamos ¡“Que amables son tus moradas Señor… solo estar en el umbral de Tu casa es con mucho lo mejor… pasando por el valle del llanto, Él lo cambia en bendición”! En esta liturgia, con los hermanos de nuestra parroquia alrededor, Anna ha recibido la vestidura blanca, ha recibido la vela del bautismo y la parte del rito del Effetha. Los hermanos han sido muy generosos, nos han regalado una tarta nupcial maravillosa, otros han llegado con el mejor champán que se podía encontrar en el mercado, hemos celebrado, hemos descorchado esta botella en el refectorio del hospital que en esta ocasión me pareció tan hermoso como la sala real de las recepciones.La noche pasó, el día siguiente también, y el siguiente. Días en el hospital marcados por las visitas de tantos peregrinos que llegaban también desde muy lejos. El jueves de esa misma semana los médicos nos han dejado salir del hospital y han trasladado a María y Anna Michellea una casa de cura para niños terminales durante un par de días. Una casa de voluntariado con un espíritu maravilloso que me ha recordado mucho el de la Domus Galilae. Todo estaba al servicio de las personas y por amor a las personas, pacientes y no pacientes, y de manera especial para los que sufrían casos difíciles que se estaban curando allí. Es una estructura entre un hospital y una casa muy acogedora. Nos hemos quedado allí hasta el Sábado, llevando con nosotros también a Paolo y Rebecca, nuestros otros dos hijos, que sumergidos en el paraíso de juguetes que han encontrado allí, ¡han estado con una enorme sonrisa todo el día marcada en lacara! No nos parecía verdad, y esa misma noche ¡hemos regresado a casa con nuestra hija en brazos! He arreglado una cunita que tenía en el trastero a prisa y corriendo, no estaba preparado, no habíamos pensado en volver a casa con Anna Michelle viva, y aún así esa noche ha dormido en la habitación entre María y yo.Ha sido una niña buenísima, nunca ha llorado, solamente una vez la escuché emitir un gemido, quizás por el dolor, quizás por los cólicos, quizás por la sed, no sabría. Pero ha sido ciertamente muy buena. Daba ternura ver como trataba de digerir la leche que le dábamos a través del pequeño tubo que le entraba por la nariz. Maria no tenía leche, en el hospital nos habían dado un poco antes de volver a casa, leche materna de otras madres que la habían donado, leche que lógicamente pronto terminó. Se dice que Dios provee, ¡pues si!, ¡nos ha conmovido ver su Providencia! Las hermanas de comunidad que daban de mamar a sus hijos, nos han traído a casa su propia leche, ¡la leche de sus hijos! ¡Imaginaos que las matronas y las enfermeras que pasaban por nuestra casa cada día para controlar la situación, no podían creer lo que estaban viendo!Los días pasaban y Anna Michelle parecía estar cada vez mejor, dándonos la esperanza de que aun pudiera vivir durante muchos días. Mientras tanto ya formaba parte de ese 5% de niños que con su misma patología sobrepasan los 5 días de vida ¡Dayenú… Dayenú… esto nos habría bastado!Los días que hemos pasado con ella han sido maravillosos. Es cierto que Dios acompaña las pruebas con gracias particulares. Lo que hemos experimentado es que estas gracias son dulcísimas y que las pruebas con las que Dios las acompaña Él nos las vuelve suaves. Finalmente he entendido la palabra que dice el Señor: “mi yugo es suave y mi carga ligera”.El sábado 18 de Febrero, nos hemos preparado para ir a la Eucaristía con nuestra comunidad. Habían venido los hermanos a preparar a nuestra casa la noche antes, y esa noche hemos descorchado otra botella de champán, siempre del bueno, junto con unas galletas deliciosas.A Anna Michelle, lógicamente, nos la hemos llevado a la celebración. Una Eucaristía estupenda, festiva, con el Evangelio de ese Domingo, que hablaba de la curación que Cristo ha hecho, la tercera contada en los últimos tres Domingos. Ha estado junto a nosotros, y también en esta ocasión ha recibido la Santa Eucaristía. A menudo nos han recordado durante estos pasados días cómo teníamos un Ángel entre nosotros, pero en este momento de la Comunión, una cosa estábamos pensando: Anna Michelle tenía en el fondo más de lo que un Ángel desearía: los Ángeles anhelan recibir la Comunión, y no pueden; en cambio, ¡Anna Michelle ha podido alimentarse de ella!Esa misma noche nuestra pequeñita era más débil de lo normal y llevaba ya algunos días sin poder abrir los ojos. María, en un dialogo entre madre e hija, le había susurrado: “Querida Anna, cuando quieras irte, hazlo, nosotros hemos estado contentísimos de haberte tenido en este tiempo…” Es como si la hubiera escuchado en ese momento…Eran casi las 4 de la mañana y Maria se despertó para darle la leche a través del pequeño tubo que le entraba por la nariz y ha notado una respiración muy irregular con momentos muy largos de apnea. Poco a poco se estaba apagando. Hemos empezado a rezar el Rosario con ella a nuestro lado. Le di la última bendición paterna. Así terminado el rosario, al finalizar ya las letanías marianas, después de haber recibido la Eucaristía unas horas antes, Anna Michelle, con las últimas fuerzas, ha levantado su cabecita, ha abierto los ojos por última vez como para despedirse, ¡y expiró! Ha sido un momento sorprendente, Anna Michelle ha esperado hasta el amanecer del Domingo por la mañana, momento en el que Cristo Resucitó, para parecerse al esposo que iba a su encuentro, ¡hasta en la hora en la que resucitó! Al alba del primer día de la semana, a las 5:20 del domingo por la mañana, ha subido al Padre entre mis brazos y los de Maria.La sensación a esa hora para mí ha sido igual a la del Domingo de Pascua cuando salimos a las 6 de la mañana de una vigilia que ha durado toda la noche, de la cual salimos cansadísimos, pero ciertamente con una alegría en el corazón que nadie te la puede robar. Estaba cansado, al final de 12 días bastante intensos, pero con una alegría en el corazón bastante difícil de describir.He pensado como verdaderamente no hay alegría más grande para un padre y una madre. Traer al mundo un hijo y saber ¡que lo hemos acompañado a la vida celeste, a la vida eterna! Pensaba como un padre se sacrifica en darle a un hijo lo mejor que puede, el mejor par de zapatos, la mejor oportunidad en los estudios, el curso de violín… yo que sé, y aun así todo lo que realmente al final nos queda y que verdaderamente vale la pena, es que el hijo se salve, y se salve para la eternidad. Tener la certeza de que nuestra hija ahora está en el cielo, es el consuelo más grande que un padre puede recibir en la vida.La hemos mimado un poco, acariciándola, besándola, luego la hemos limpiado, cambiado, la hemos vestido de blanco y la hemos puesto de nuevo entre nosotros. Unas horas más tarde junto con nuestros otros dos hijos, hemos rezado los Laudes del domingo, poniendo a Anna Michelle entre ellos en el sofá, explicándoles que su aliento había subido al Paraíso. Hemos leído y comentado el Evangelio de la Resurrección y cantado con mucha conmoción “Quienes son y de donde vienen… son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus túnicas y las blanquearon en la sangre del cordero” (Apocalipsis).Unas horas más tarde estábamos celebrando otra vez la Eucaristía, la misma que habíamos celebrado la víspera anterior en la asamblea de nuestra Comunidad, pero esta vez solo con el cuerpo de Anna Michelle. Ahora la celebraba con nosotros pero desde la otra orilla. No cuento todos los detalles, si no debería escribir un libro, pero muchos han sido los memoriales de estos días ¡y esta Eucaristía ha sido uno de ellos! ¡Dayenú, esto nos habría bastado! ¡Dios ha sido tan generoso… mucho… mucho!Queremos dar gracias a Dios por la vida de Anna Michelle, por sus doce días de vida, por lo que ella ha recibido y lo que hemos recibido nosotros a través de ella, por la cercanía y las oraciones de tantos hermanos y hermanas que aunque sin nosotros saberlo, nos han sostenido con sus oraciones. Damos gracias a Dios por el Don de nuestras Comunidades Neocatecumenales.“Mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. ¡Más tu Señor estas cerca! ¡Enséñanos a contar nuestros días para que entre la sabiduría en nuestro corazón!” (Salmo 89)El viernes 2 de Marzo de 2012 a las 10:30 en nuestra parroquia “Our Lady Of Sorrows” en Peckham (Inglaterra) celebraremos los funerales. ¡Estáis todos invitados! ¡Venid a hacer Pascua con nosotros!Os pedimos que sigáis rezando por nosotros, pienso que pronto llegarán los momentos difíciles en los que el demonio querrá hacernos blasfemar contra la vida. Rezar para que podamos resistirle.Stefano y Maria Lanzani“Anna Michelle Lanzani. Nacida y bautizada el 7 de Febrero de 2012. Nacida para el Cielo el 19 de Febrero de 2012. Bendito sea el Señor.Os pedimos que sigáis rezando por nosotros, pienso que pronto llegarán los momentos difíciles en los que el demonio querrá hacernos blasfemar contra la vida. Rezar para que podamos resistirle.”
29 marzo 2012
El extraordinario testimonio que nos ofrecen Stefano y Maria Lanzani, padres de Anna Michelle en esta carta
26 marzo 2012
Embarazada por violación: ¿asesinar al bebé o dejarlo nacer?
Ashsley Boyer, Liz Capi y Shauna Prewitt tienen en común una tragedia: las tres padecieron una violación.
Resultado de las distintas violaciones fueron tres bebés. ¿Cómo pasó, qué pensamiento atravesó por sus mentes y a dónde fueron orilladas por algunos «consejeros»?
En este video las tres protagonistas ofrecen su testimonio. Una de ellas recuerda, por ejemplo, cuando una de sus amigas le dijo: «eres inteligente, tú sabes que es un bebé y no puedes matar a un bebé. Recuerdo perfectamente el día en que decidí que tendría a mi hijo y fue el día más feliz en tres meses». Otra subraya que ninguna mujer es víctima de un embarazo, sino de una violación.
Tres ejemplos reales y conmovedores; tres casos de vida con nombre, apellido y rostro de mamás que eligieron la vida para sus hijos en lugar de asesinarlos.
13 marzo 2012
26 enero 2012
El jardín de los ángeles: Un cementerio en Roma para los no nacidos
Maite Ballesteros. Roma. El Jardín de los Ángeles es un homenaje a todos los niños que no nacieron víctimas de un aborto. "El proyecto quiere dar respuesta a los padres que tienen la necesidad de darles sepultura".
El Jardín de los Ángeles. Así se llama el nuevo espacio que el Ayuntamiento de Roma ha creado en el cementerio Laurentino. Un área de 600 metros cuadrados que está dedicada a acoger las tumbas de los niños que nunca nacieron a causa de la interrupción del embarazo.
El proyecto está promovido por la consejería de Políticas Sociales del Ayuntamiento de Roma y por la empresa Ama, que se dedica a la recogida de residuos en los hospitales. La iniciativa tiene como finalidad ofrecer una sepultura a los fetos de abortos espontáneos o terapéuticos que no nacieron y que de otra manera serían considerados desperdicios para arrojar en los vertederos de los hospitales.
Han dado luz verde a la iniciativa la teniente de alcalde de Roma, Sveva Belviso; el presidente de la empresa Ama, Piergiorgio Benvenuti; el presidente del municipio, Pasquale Calzzeta, y el vicepárroco de la iglesia San Romualdo Abbate, don Saju, que ha bendecido el Jardín de los Ángeles.
El nuevo espacio, un rectángulo de césped donde se han plantado camelias, está custodiado por la estatua de un ángel blanco, símbolo de la pureza. “El proyecto quiere dar una respuesta a los padres que no han podido ver nacer a su hijo, pero que tienen la necesidad de dar sepultura al feto”, afirma Sveva Belviso.
Sepultar a los niños no nacidos no es una obligación ni se ha establecido como una ley, continúa explicando Belviso, sino que es una opción para los padres que deseen dar sepultura al niño no nacido.
La teniente de alcalde aclaró que este proyecto “no interfiere con la ley del aborto”, que en Italia permite la interrupción del embarazo antes de los 90 días de gestación; entre el cuarto y quinto mes, siempre que sea por problemas de naturaleza terapéutica; cuando corra peligro la vida de la madre o cuando se detecten malformaciones en el feto.
En Italia ya hay otras dos ciudades que cuentan con cementerios para sepultar fetos abortados. En Milán, en la región de Lombardía, al Norte del país transalpino, ya hay un camposanto para niños no nacidos desde hace tres años. La ciudad de Caserta, al Sur de Italia, en la región de la Campaña, también inauguró el pasado mes de julio un cementerio similar al romano. Una idea que partió de la asociación Defender la vida con María, y que recibió el apoyo del alcalde de la ciudad y del obispo de la diócesis.
Las lápidas del Jardín de los Ángeles serán todas iguales, de color blanco, pero cada una tendrá un código diferente. El cementerio de los niños no nacidos estará disponible para aquellos que hagan una petición al ayuntamiento, que concederá el permiso a las familias que deseen conseguir un espacio para enterrar a su hijo.
Gaceta
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01 diciembre 2011
Pero el paracetamol no servía para los males que vinieron después
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Hace diez años, M. llegó a España desde Ecuador. Al poco tiempo, conoció a S., un joven colombiano, y empezaron su noviazgo. «Yo tenía un problema y no podía tener hijos, así que, en enero de 2011, decidimos hacerme una fecundación artificial». M. se quedó embarazada al primer intento y el médico le mandó reposo, porque había complicaciones y el bebé corría peligro. «Cuando dije en el trabajo que estaba embarazada, nadie se alegró, y al decir que cogía la baja, una compañera me dijo que ella había manchado durante su embarazo y no había dejado de trabajar. En todo el embarazo, nadie me dio la enhorabuena. La gente me decía: ¿Lo has pensado bien?»
Lo peor estaba por llegar: «Al tercer día, empecé a vomitar muchísimo, no como cualquier embarazada. Todo me hacía vomitar: la luz, la pasta de dientes, el tic-tac del reloj, los portazos... Después, supe que eso es un síndrome muy raro (hiperémesis gravidarum) que tiene tratamiento, pero nadie me lo detectó. La médico me trató con muchísima dureza, como si no me creyera, y decía que era lo normal, aunque perdí 8 kilos en dos meses». Ante esta situación, recibió el peor consejo: «Mi madre me dijo que si estaba así era porque el bebé venía mal, y que lo mejor era sacarme eso de ahí». Una nota importante: «Por cosas que pasaron en mi infancia», la relación entre M. y su madre era de sumisión, casi de miedo, y de total falta de afecto.
«Cuando estaba de casi 20 semanas, me hospitalizaron porque estaba deshidratada y no paraba de vomitar. Mi madre me dijo: Queda poco para que puedas sacarte "eso"; vamos a decir a los médicos que estás bien para que te den el alta y podamos ir a la clínica. Yo estaba como ida y miraba por mí de forma egoísta, porque me sentía realmente mal. Mentimos, y al día siguiente me llevó a abortar». Su novio, S., se limitó a dar el dinero, y ni apoyó ni censuró la decisión. Al entrar en el abortorio, «me dieron unos papeles y me dijeron que tenía que volver a las 48 horas, para pensarlo. Pero mi mamá insistió: No, no. Tiene que ser ahora.
Así que falsificaron el informe, pusieron que yo había entrado sangrando y me pasaron adentro. Todo fue más frío que cuando me saqué la muela del juicio. Cuando estaba a punto de entrar en el quirófano, fue de las pocas veces en que me dirigí al bebé y le dije: Lo siento, pero no puedo más. Ya en la camilla, quise irme, pero un enfermero empezó a distraerme y a decirme que me calmara. Me dieron una pastilla y me dormí». Dos horas después, M. salió del abortorio con su madre y sin su hijo. «Sólo me dijeron que, si me encontraba mal, tomara paracetamol, y que si sangraba, el seguro me cubría los 15 primeros días».
Pero el paracetamol no servía para los males que vinieron después: «Al salir estaba atontada, pero después empecé a sentirme muy mal. Me molestaba ver anuncios de bebés, ver a madres con carritos..., ¡y los veía por todos lados! Sentía que todos me miraban y me juzgaban. S. llegó a casa y le noté muy frío, muy raro. Pensé que quizá se habría enfadado conmigo por abortar, y ahí me pregunté por primera vez: ¿Qué he hecho con mi bebé?» M. empezó a sumirse en una depresión: «En el fondo, sabía que había matado a mi hijo, y me sentía lo peor del mundo, indigna de que nadie me quisiera; me odiaba por haberlo hecho. No me perdonaba ni a mí misma, ni a mi madre, ni a los médicos... Tenía pesadillas, no podía dormir y no podía dejar de llorar. Fui a la médico y me recetó unos fármacos que me mantenían dormida, pero al despertar, el problema seguía ahí». Al mismo tiempo, la relación con S. empeoraba cada vez más: «Él se sentía mal por haberme dado el dinero, y yo, en parte, le culpaba a él, y a la vez me sentía culpada por él. Cuando él se me acercaba para acariciarme, yo no quería ni podía darle un beso o un abrazo, y me sentía como sucia por haber abortado».
Entonces, algo brilló en su interior: «Pensé: Tengo que confesarme, porque lo que he hecho sólo puede perdonarlo Dios, aunque llevaba casi 10 años sin ir a la iglesia». A los pocos días, M. y S. fueron a su parroquia y ella se metió en el confesionario, donde la esperaba don Matteo, un sacerdote que «me escuchó con muchísimo cariño, me abrazó con misericordia, y me calmó mientras lloraba. Empezó a hablarme del arrepentimiento, de la gracia, del perdón, del amor de Dios... Y a decirme, de verdad y sin frases hechas, que mi hija (yo siempre creí que era una niña) estaba en el cielo, con Dios». Desde ese momento, don Matteo empezó a acompañar a M. y a S. en un proceso de sanación interior, que ayudó mucho a la pareja: «Venía a casa para ayudarnos a S. y a mí, y me puso en contacto con el Proyecto Raquel, donde me han ayudado muchísimo a superar el síndrome post-aborto, a través de ayuda psicológica y también a través del perdón y del amor de Dios, porque abortar te deja muchísimas heridas, muchísimo rencor, y salen cosas de antes de estar embarazada.
Yo antes pensaba que el aborto era un derecho de la mujer, que podíamos decidir. Pero ahora sé que abortar no es dejar de tener un hijo, sino colaborar para perderlo; sé que eso te hunde, y que, aunque mires para otro lado, sólo la gracia del perdón de Dios puede curarte de verdad».
Para contactar con el Proyecto Raquel: 663.636.719, España y en la web: www.proyecto-raquel.com.
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28 noviembre 2011
Monumento al niño no nacido
En una ceremonia que contó con la presencia del ministro de Salud de la República Eslovaca Ivan Uhliarik, el 28 de octubre pasado se inauguró en la localidad de Nova Ves Bardejovske un memorial del niño no nacido
La estatua es obra del joven escultor eslovaco Martin Hudáčeka.
La iniciativa de la estatua es de un grupo de jóvenes madres eslovacas, conscientes del valor de la vida humana y de la necesidad de abolir el aborto.
El monumento expresa no sólo el pesar y arrepentimiento de la madre que ha abortado, sino también el perdón y el amor del niño por nacer hacia su madre.
El aborto no es una opción: aborto químico
Este corto que busca ofrecer alternativas a miles de mujeres que se han visto en el dilema del aborto. Siempre hay alguien que te puede orientar. No a la muerte. Sí a la vida. Consulta con las direcciones al final de este corto para recibir apoyo
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11 noviembre 2011
Una juez condena la información a madres en la calle, en Austria, al rechazar una apelación provida
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| Dietmar Fischer de HLI Austria |
GRAZ, Austria, 11 de noviembre 2011 (Notifam) – Una juez en la ciudad de Graz, Austria, ha rechazado una apelación de un grupo provida austriaco contra su condena y las multas impuestas, por haber dado testimonio público sobre el valor de la vida humana frente a una clínica de aborto en Graz el pasado mes de abril. Mediante el rechazo, se castiga de hecho la información a las madres frente a las clínicas de aborto austriacas.
Los defensores pro-vida, incluyendo a Dietmar Fischer, el director de la rama austriaca de la Human Life International/HLI (Vida Humana Internacional), fueron condenados el pasado mes de julio de haber “acosado” al abortista residente, y se les impusieron unas multas que sumaron a 8.490 €
Caroline List, la juez que presidió el caso a nivel apelativo, dijo que el rescate en la calle que se lleva a cabo en espacio público, es el equivalente a “una caza de brujas” en contra del médico abortista, Johannes Hanfstingl, según informó la cadena televisiva católica, Gloria.tv.
Se informó que la juez rechazó la apelación a pesar del testimonio de los testigos de la fiscalía, de que nadie había sido acosado por los miembros del grupo provida. Una testigo testificó que el grupo se había acercado para hacer hablar con ella directamente pero de forma cordial.
La juez List no permitió que el grupo pro-vida interpusiera más apelaciones
Fischer, galardonado con el Premio Cardenal von Galen en 2010 por su excepcional servicio en defensa de la vida humana inocente, dijo que estaba “horrorizado” con el veredicto de la juez, describiéndolo como “un escándalo y puramente político. Esto lo ordenó el ministro de justicia”. La juez Caroline List admitió que su veredicto, más bien atiende una cuestión legal de mayor alcance. La pregunta es si los grupos pro-vida podrán pararse frente a las clínicas de aborto y si podrán ofrecer o no ayuda.
“Con el veredicto de la juez Caroline List se busca detener todo esto,” dijo Fischer, a la vez que destacó el hecho de que la rama austriaca de Human Life International ha salvado las vidas de más de 15.000 niños.
El grupo todavía puede recurrir ante la Corte Europea de Derechos Humanos/CEDH, localizada en Estrasburgo, Francia, como un último recurso para obtener la justicia. Gloria.tv se ha enterado de que el grupo piensa proseguir con esta opción.
Versión del original en inglés: lifesitenews.com
Traducción del inglés por: Marlene Gillette-Ibern
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condena a rescatadores
10 octubre 2011
Bailarina embarazada: el apoyo de los que estaban a mi alrededor y pedir ayuda fue lo que hizo que se decidiese por la vida
“Sigue tu corazón, Este no es el final. Es el comienzo de algo nuevo”: cómo una bailarina profesional de 23 años, soltera, arriesgó una brillante carrera para optar por la vida.
REDACCIÓN HO / LIFESITENEWS.COM .- Rebecca tenía 23 años, era soltera y disfrutaba una brillante carrera como bailarina profesional cuando se enteró, consternada, de que estaba embarazada. La noticia no podía haber llegado en un momento más inoportuno. Era febrero de 2009, y Rebecca acababa de firmar un contrato con la Ópera Nacional de Washington, Distrito de Columbia, en los Estados Unidos de América, para bailar para ellos, desde abril hasta junio de ese año.
“Tuve que decidir si iba a continuar con el contrato, o si iba a salir porque estaba embarazada”, recuerda la bailarina, que deseaba ser conocida solo por su primer nombre, en una entrevista concedida a LifeSiteNews en una entrevista. “Esa fue una decisión muy difícil. Estaba asustada, nerviosa y perturbada”. Rebecca, que había sido educada en un hogar provida y cristiano, sentía ahora que estaba frente a la agónica elección de cualquiera de terminar con su embarazo o potencialmente poner fin a su carrera.
Bailarinas casadas a veces actúan después de tener hijos, a menudo por mantener conexiones con la industria a través de sus maridos bailarines, pero como cuenta Rebecca, la situación no es la misma para las madres solteras. No solo se enfrentan a una ruptura en su carrera, sino que existe la dificultad añadida de encontrar cuidado para los niños que pueda obedecer al horario de una bailarina. Rebecca añade que nunca había conocido a una bailarina profesional que fuera también madre soltera.
Sin embargo, la joven madre embarazada logró terminar su contrato con la Ópera de Washington, tras lo cual regresó a su ciudad natal de Chicago. Una vez allí mantuvo su embarazo oculto a la familia y amigos. sin embargo, un día, abrumada por la idea que llegar a ser madre sería destruiría la carrera para la cual había trabajado tan duro, fue a una tienda de hierbas en la búsqueda de un método de aborto “holístico”. Lo que encontró en su lugar fue una dependienta provida, que le dio información sobre un centro local de apoyo para las mujeres embarazadas, CareNet Pregnacy Services of DuPage.
Rebecca fue y se le efectuó una ecografía en uno de sus centros. Pero lo que realmente le afectó, dice, fue encontrarse con una mujer que había abortado, con la que CareNet la puso en contacto. “Ella me habló de lo mucho que lo lamentaba”, recuerda Rebecca. “Lo que fue como un golpe para mí es que ella me dijera que nunca se lo había contado a nadie”.
Rebecca decidió entonces sincerarse a una amiga cercana, quien a su vez le confió que ella misma era postaborto. Todavía indecisa, Rebecca pidió una cita con un centro abortista de Planed Parenthood. Sin embargo, la mañana de la cita se puso en contacto con su amiga, quien se acercó y le ayudó a dar la noticia a sus padres.
Rebecca dio a luz a una niña en noviembre, y ha logrado volver a la danza profesional. Reconoce el apoyo de sus padres, que cuidan de su hija cuando ella está de gira, para hacer posible su retorno a la danza. A su hija Jennifer, que tiene casi dos años de edad, le encanta bailar con su madre y aplaudirla en las competencias y espectáculos. “Ella es mi pareja de baile. Eso es una bendición. Le encanta danzar conmigo en casa y simplemente bailamos alrededor de la casa”, dice Rebecca. “Tenerla me ha hecho una persona más feliz”.
El consejo de Rebecca a otras mujeres con embarazos no deseados es no tener miedo de acceder a la ayuda que está disponible para ellas.
No obstante, confiesa que ella misma “tenía miedo de ser juzgada por la gente en la iglesia y la gente que yo conocía en la comunidad cristiana”. “Que sepan que estás embarazada y soltera, es como llevar la letra roja escarlata”. Pero dice que el apoyo de los que estaban a su alrededor cuando lo dijo y pidió ayuda fue lo que hizo que se decidiese por la vida. “Hubo personas que se acercaron a mí, me abrazaron y me dijeron que Dios me amaba por lo que soy y no por lo que he hecho”.
Cara Bain, directora adjunta de la Consejería en CareNet, de Dupage, secunda la necesidad de una red de apoyo. Cuenta que su centro se esfuerza por llenar el vacío de las mujeres que se encuentran abrumadas por presiones para abortar en vez de recibir un cariñoso apoyo.
En declaraciones a LifeSiteNews/Notifam (LSN), Bain añade que “ofrecemos servicios que puede ofrecer el apoyo en su vida que a la interesada le puede estar faltando”. “Tenemos un programa que se llama Connections [Conexiones] que reúne a un grupo de mujeres en una iglesia local con una embarazada, para que pueda recibir apoyo emocional durante el embarazo”. El Centro también mantiene un consejero profesional en el personal, que puede llevar a cabo sesiones familiares con los padres de una mujer embarazada o con su novio.
La organización celebra este año su 30º aniversario, y estima que han ayudado de ocho a diez mil mujeres como Rebecca, para que opten por la vida a través de este tipo de intervenciones.
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04 octubre 2011
«Si aborto ¿se me va a olvidar la violación? Si me deshago de mi bebé ¿olvidaré al violador?»
Por Alejandra Diener
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«¿Si aborto, se me va a olvidar la violación? ¿Si me deshago de mi bebé, olvidaré al violador?» Estas preguntas le hizo Lianna Rebolledo al médico que la atendió cuando ella llegó a los 12 años al hospital de emergencia por una sobredosis de tranquilizantes que le habían recetado a causa de la violación que sufrió en Los Ángeles, California, cuando caminaba por una calle y dos tipos la amagaron.
El médico no le contestó, simplemente le dijo que le sería muy difícil cuidar a su bebé a su edad y en su condición económica, puesto que ella originaria del D.F. se había ido a vivir con su madre, que había sufrido violencia por parte de su padre, a Estados Unidos huyendo, sin papeles, sin dinero y buscando suerte con sus tres hijos. Uno de los cuales padece una discapacidad, no puede mover sus piernas.
Lianna, a pesar de su corta edad era una niña madura, ella fue la que respondió a las preguntas del doctor, y su madre simplemente la acompañó. En entrevista para Informando y Formando Radio, me dijo que su madurez no se debía a que fuera una niña agrandada, sino que más bien, la pobreza en la que vivían era la que la había hecho crecer.
Ella explicó claramente en el programa que pueden escuchar en el #PODCAST http://itunes.apple.com/us/podcast/testimonios-aborto-y-violacion/id458928669?i=98519014 que su preocupación era la violación que había sufrido. Y antes de saberse embarazada, la pobre mencionó que aunque se bañara mil veces sentía un asco horrible, que sentía repudio, y sobre todo ganas de morir. Por eso fue que abusó de los calmantes que, semanas antes de saberse encinta, le habían recetado.
Las náuseas y los malestares que sentía se los achacaba a la violación. Nunca pensó que estaba esperando una nueva vida, sin embargo ese día en el que abusó de los fármacos, fue cuando le dieron la noticia. Lianna dice haberse sentido feliz, puesto que una nueva vida la acompañaría en su dolor y a pesar de que el médico le dijo que abortara, ella se negó cuando se dio cuenta de que practicarse un aborto no haría que se le olvidara la violación.
Lianna tuvo a una niña, Jeannette, esta niña hoy en día es una mujer de 21 años. Sabe su procedencia, y es idéntica a su madre. Nada que recordar a ese monstruo que abusó de su progenitora. Ella le agradece a diario a Dios que su mamá, Lianna la haya dejado vivir, y se dedica a ir a las clínicas abortistas de Estados Unidos a hablar con las mujeres que quieren abortar. Las ayuda a pensar con claridad y les cuenta su testimonio para que no aborten.
Lianna Rebolledo, hoy en día es locutora de un programa de radio católico y también ayuda a mujeres que sufren por haber sido violadas, las orienta y las acompaña en su recuperación. Ella se ha acercado a Dios, porque dice que nunca había conocido al Creador cuando era pequeña, que su madre estaba más preocupada por darles de comer y sacar adelante a todos sus hijos y nieta que nunca les inculcó la parte espiritual.
Lianna aprendió a conocer a Dios y encontró ese vacío que la tenía sumida en una tristeza inmensa, no obstante, su hija Jeannette fue quien le dio nuevamente sentido a su vida después de aquella noche en que su cuerpo fue ultrajado y su cara marcada. Su peor temor no era haber quedado embarazada, dice, su peor miedo era que no hubiera salido viva de ese infierno.
Una mujer que sufrió la violación de unos hombres desalmados a una edad muy temprana, una mujer que no tenía los recursos para vivir de manera cómoda, decidió que la nueva vida, sin importar de donde venía era un milagro y una bendición. Ella a sus 12 años comprobó que el aborto no borra heridas ni sufrimientos, al contrario el aborto los acrecienta. Asimismo, corroboró que la nueva vida, por muy precarias que sean las condiciones en las que llegue, siempre es un aliento para continuar y vivir con sentido de trascendencia.
Lianna Rebolledo una mujer que hay que oír y ver, pero sobre todo darla como ejemplo para que se escuche a los cuatro vientos que el aborto no es la solución.
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