13 abril 2010

Un testimonio de acogida

Me llega este testimonio de un corazón muy grande:


Suelo decir que quien abandona a una mujer embrazada, ya abandona a Cristo. Pues abandona a quien representa la figura de Madre, MARIA, y lo que esta dentro de su seno, a JESUS.


Yo estoy muy contenta de la Red Madre, porque el Señor me dio esa luz para ponerme en contacto con ella, cuando me dieron la noticia de que una madre necesitaba ayuda en el hospital de la Fe y fueron unos hermanos míos de las comunidades neocatecumenales.

Si no anunciara aquí a Cristo como a sido el triunfador de este hecho, no sería agradecida, porque ha sido una experiencia maravillosa, que nunca me cansaré de anunciarlo, además de decir que fue una experiencia para mover a todo un pueblo. te cuento.


Anunciaron que había una madre que necesitaba ayuda para que tuviéramos a su hijo una temporada, yo lo escuche, pero dije que no podía, porque soy viuda, y ahora veo que esto era excusa, pues al día siguiente, fui a mi trabajo, y te digo que en toda la noche el señor me tuvo en vela, no podía dormir, pensando en el bebé, pero yo veía que estoy sola y me era cuesta arriba, a la mañana siguiente, me voy a mi trabajo, y allí esta mi hija, se lo comento, y mas pronto que se lo digo, cuando mi hija me dice que por favor mama vamos a por el bebe, yo aquí ya no podía mas, porque veía que estaba sola, pero mi hija me decía que me ayudaría.


Así que llamé a Conselleria, sin pedir permiso a nadie, solo lo sabían en la iglesia donde habían dado la noticia, y me dijeron que encantada de que me hiciera cargo, que fuera a por el bebé, y así lo hice, con mi hija, mi yerno y yo nos fuimos a por el bebé a la Fe, hasta con mi uniforme de trabajo, por el camino me lo quite, solo iba rezando, pues no sabía que me iba a pasar, si me iban a dar un bebe mulato, o que estaría enfermo, o si sería rubio, me fui solo escuchando la palabra que el Señor se valió de la boca de mi hija.



Cuando llegué allí me entregaron al bebé que fue otra experiencia muy fuerte, porque les dije que quería conocer a la madre del bebé, porque quería decirle con quien se venía y que si quería mi casa la tenia abierta, así que fui a ver a la madre que se quedaba ingresada: la conocí, y le dije que no sufriera por su hijo que estaba en manos del Señor, y que en todo nos ayudaría Cristo, nos dimos un beso y le dije que cuando se recuperara le esperaba.


Cuando fui a mi casa, nadie esperaba que llevara a un bebé, porque no comprendían lo que era una acogida, tener un bebe una temporada, me decían que estaba loca, y ¡era verdad! porque en ese momento no sabía lo que había hecho, pero ¿sabes por qué? porque el señor había resucitado en mi familia en ese momento, había reunido a todos los que estaban muertos, este bebe empezó a reunir a todos, a levantar todo el amor que estaba triste en cada corazón, me lo traía yo a mi casa y lo cuidaba.



Cuando llegué a mi casa, como tengo a unas comunidades neocatecumenales detrás de mí, había llamado a mi responsable, diciendo que me traía al bebé a mi casa, y cuando llegué a casa, tenia de todo, desde cunita, moisés, ropita, comida de biberones, de todo lo que te puedes imaginar, y como no, vosotros la Red Madre a la que tengo mucho que agradecer, por recogerme a esta madre cuando salió del hospital, a Cáritas diocesana, a todosss, este bebé ha movido a todos.


Por esto digo que nunca deberían dejar en un lado a una mujer embarazada, no abortar.


Luego no puedes imaginar todo el amor que he recibido de este bebé, yo me he levantado para darle el biberón, por supuesto! pero ha sido maravilloso, luego han colaborado hasta las mismas vecinas, pues todos tenían algo que traerle.


Después ha venido que me traje a su madre aquí conmigo a vivir en mi casa, porque quería que este bebé tuviera un vínculo con su madre, y así a pesar que los he tenido hasta los 18 meses que ahora se han ido, te digo que ha sido maravilloso. Lo bautizamos al bebé el sábado de Gloria, ¡¡¡precioso!!! ahora ya llegó la despedida, unas pocas lágrimas, porque el niño parecía que lo sabía, se agarraba a mí llorando desesperado, y luego con sus palabras enredadas, solo hacia que llorar mirando a mi padre que le llamaba abuelito, pero todo esto yo le pongo un nombre: FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO, AMOR DE CRISTO RESUCITADO


Si supiéramos decir «si», muchas veces a lo que Dios nos manda, cuánto amor y paz encontraríamos en nuestro corazón.

Cuantos cánceres de corazón se curarían.

Yo le pido al señor que me haga ver sus obras, para poder decir «Sí» cuando Él me lo pida.

Un abrazo, y disculpa mi discurso, pero no me lo podía callar... y esto solo es una milésima parte