21 noviembre 2009

La objeción de conciencia y los médicos católicos

Ponencia leída por el doctor José María Simón  Castellví, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC) en el XI Congreso Católicos y Vida Pública

El contexto socio-sanitario español

Un aspecto poco comentado del avance de la Cultura de la muerte es su sistemática perversión del Derecho en Occidente. Pero sólo en la singularidad del Derecho a la vida. Sería inaudito que se retorciese con idéntica torsión el derecho mercantil o el procesal. Nos crearía tantas dificultades a los adultos sanos que no se plantea, por ahora.
        
En España, donde esta perversión ha alcanzado cotas de récord, existe una ley que despenaliza el delito del aborto provocado en unos supuestos. Pero estos supuestos son absolutamente vacíos. Si uno no se adapta al deseo del legislador, se recurre al siguiente o al posterior. Y si ninguno se adapta, generalmente no sucede nada. Si analizamos atentamente la ley y su praxis nos encontraremos con episodios similares a los de los hermanos Marx intentando que un contrato se ajuste a sus locuras. Y si es necesario se rompe el papel por donde está escrito el artículo. El bloque ley-praxis favorece sistemáticamente la destrucción de vidas, incluida la de la madre (el padre sólo existe para pagar y no lo digo como broma). Lo triste es que se juega con vidas humanas.
        
En el primer supuesto clásico despenalizador, el caso de violación, no se castiga el aborto hasta las 12 semanas (la normativa no dice cómo se cuentas las semanas; y eso que existen dos maneras de hacerlo que varían en hasta dos semanas). Si una gestante ya ha superado las semanas, puede acogerse al segundo supuesto: en caso de riesgo de malformaciones, 22 semanas. Si su caso no se ajusta al segundo supuesto, se acoge al tercero: sin límite en caso de peligro psicofísico o sociológico. En el caso rarísimo de que se procese a un abortero y se le encuentre culpable, el gobierno aplicará el indulto, como ya ha sucedido en el pasado.
        
Además, la protección maternal con dinero público es mínima (salvo en las recientes excepciones madrileña y valenciana), los medios de comunicación social hablan siempre del “derecho a abortar” a pesar de que jurídicamente no existe tal, los colegios de médicos no intervienen o protegen a sus colegiados aborteros y las distintas administraciones descentralizadas del estado casi no mueven un dedo en la protección del no nacido.
        
Se añade que el aborto no es punible cuando es practicado por un médico o bajo su dirección, lo cual indica que ni siquiera ha de ser ginecólogo y que cualquiera puede realizarlo bajo la genérica dirección de un médico. El frecuente síndrome del postaborto no es contemplado en los planes públicos de salud. Y, para terminarlo de torcer, la legislación es absolutamente cruel con los restos de los niños abortados. Son sólo material biológico.

La objeción de conciencia
        
En este contexto de ley injusta y estructuras de pecado se sitúa la objeción de conciencia del médico y del resto del personal sanitario en España. No es necesario ser “católico” para ver y entender el aborto como algo extremamente repugnante. Cualquier persona de buena voluntad puede percibirlo como nosotros aunque es cierto que la fe ayuda a la razón y a mantener la voluntad en la defensa de la vida inocente. De hecho, el aborto provocado es profundamente antihumano: pertenece al inframundo.
      
La objeción es un derecho paradójico. Se trata del último baluarte de la persona para evitar hacer algo que le repugna profundamente. Y esto está bien. Sin embargo, la acción profundamente repugnante la llevarán a cabo probablemente otros. Uno la evita para sí pero no puede evitarla en sí. Lo repugnante se lleva a término.

La Cultura de la muerte puede tomar la objeción de diferentes maneras. Una, la liberal, afirma que la objeción existe, debe ser operativa, proviene de los Derechos humanos o directamente de la misma Constitución española (no sería necesaria más regulación, ya que toda regulación restringe derechos). Pero afirma también que si alguien quiere matar a sus hijos, no se le debe impedir. Y si algunos médicos objetan, otros llevaran a cabo el acto abortista, por lo que no se ponen especiales trabas al hecho de objetar. Además, cuanto más objetores, tanto más negocio para aquellos que no tienen escrúpulos.
          
Otra postura frecuente frente a la objeción es la de la regulación del derecho a objetar. Éste existe pero debe estar restringido. En ningún caso deben ponerse trabas al ejercicio del “derecho a abortar” y el médico debe remitir a la “paciente” a otro colega más “compasivo” o realizar él mismo el aborto si es muy complicado derivar a la madre. Los poderes públicos deben incluso obligar al personal sanitario a la realización de actos objetables bajo la excusa del bien público, que estaría por encima de cualquier otra consideración.
        
No soy partidario de regular demasiado la objeción. Ella existe y ya está en nuestro ordenamiento jurídico. Cualquier regulación restringirá su derecho. Por otra parte, la experiencia práctica en muchos países enseña que si uno es amable y trabaja con competencia profesional, los demás colegas y muchos empresarios le “toleran” algunas “manías y caprichos”. Es la objeción práctica, que no requiere ninguna firma por escrito. La mayor parte de las personas no quieren trabajar en perpetuo combate. Sólo algunos con fuerte carga ideológica se permiten estar permanentemente en lucha.
        
Recientemente la Organización Médica Colegial de España (OMC) se ha planteado crear un registro oficial y centralizado de objetores. Creo sinceramente que sería más operativo crear un registro de médicos aborteros: son muchos menos, se controlaría quizá mejor lo que no deja de ser un delito y así se evitarían presiones hacia los médicos que respetan la vida humana. No hay que temer por la vida de los aborteros ya que el movimiento pro vida es pacífico.
        
La conciencia es el último baluarte de la persona, su ámbito de intimidad en el que tomará decisiones y será responsable por ellas. Los seres humanos nacemos libres (dicen unos) o nos han creado libres (pensamos otros), pero lo cierto es que somos libres y por tanto responsables. Si no fuéramos libres, la misma Declaración de los Derechos Humanos sería fatua.
        
Sin embargo, esta misma libertad, que significa en cada momento y para cada persona escoger entre el bien y el mal, hace que cada generación tenga que poner en práctica los derechos. No basta con el sistema, la estructura, por buenos que sean. Es necesario que cada uno ponga en práctica lo firmado. Y, como es natural en el ser humano libre, a veces, se hace lo contrario de lo que se debería hacer…
        
La conciencia, para sernos útil, debe estar formada, informada y afinada. A nadie puede obligarse a actuar contra su propia conciencia. Hay actos que repugnan tanto a la persona que es de humanidad respetar su conciencia. Claro que los mismos que defienden actos repugnantes o crímenes contra la humanidad no tienen por qué respetar las conciencias… Así, el derecho a la objeción de conciencia debe ser defendido con uñas y dientes. Al poder de la Cultura de la muerte no le place la objeción.

Algunos ejemplos de defensa pública de la objeción

La Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC) que me honro en presidir, ha tenido que luchar denodadamente para proteger los derechos de la conciencia de los sanitarios en los Estados Unidos. Así, el 3 de marzo del año en curso, la Asociación Médica Católica Americana (CMA) deploró la decisión de la administración Obama de revertir la “Health and Human Services Rule (HHS Rule)”, de diciembre de 2008. Esta decisión representa una importante marcha atrás, especialmente para los médicos y el resto del personal sanitario, en cuanto a los derechos de la conciencia según la Constitución americana y las leyes federales. El presidente de la CMA afirmaba que con ello se mostraba lo lejos que estaba dispuesta a ir la administración Obama para defender y promover el aborto.
        
El Director ejecutivo de la CMA explicaba que no hay nada “pro-choice” en Obama. Ya ha enviado millones de dólares de los contribuyentes a las agencias extranjeras que promueven descaradamente el aborto como método de planificación familiar (algo prohibido por la Conferencia de las Naciones Unidas de El Cairo) y otros tantos millones al Fondo de las Naciones Unidas para la Población a pesar de su apoyo a la política china de abortos forzados para conseguir su política de un hijo por pareja. Ahora, Obama muestra que está dispuesto a forzar a los médicos y a los proveedores de salus de los Estados unidos a participar en abortos y otras acciones que violan la conciencia y su criterio clínico.
        
La “HHS Rule” protegía una parte fundamental de la libertad de los norteamericanos (libertades religiosa y de conciencia). Esta, además, se refleja en todo el mundo libre ya que los Estados Unidos son, hasta cierto punto, un modelo a seguir en muchos aspectos de nuestra convivencia. De hecho, la “HHS Rule” reflejaba y aplicaba 30 años de leyes federales establecidas que protegían la conciencia de los proveedores de salud; leyes que fueron aprobadas después de debate público y apoyo de los dos grandes partidos del país.
        
El presidente Obama, apuntan los médicos católicos norteamericanos, piensa evidentemente que se pueden negar los derechos de la conciencia en algunos asuntos, pero se pueden respetar en otros. Se equivoca. Negar el respeto por la conciencia en una materia amenaza el derecho de cada uno de actuar siempre en conciencia. Además, ello no conlleva una mejor asistencia sanitaria. Al contrario, el acceso a una sanidad de calidad, especialmente para las madres, queda mermado desde el momento en que los médicos de algunas especialidades como la obstetricia y la ginecología abandonan la profesión porque no pueden ejercer en conciencia. Así, la decisión del presidente Obama socava el derecho de la gente a escoger un médico cercano a sus valores. La CMA anima a todos a unirse ante este ataque a la conciencia, a la libertad y a la profesionalidad en la Medicina.
        
La CMA se unió al movimiento “freedom2care” (www.freedom2care.org) y otra entidad, la Christian Medical Association, también apoyó la libertad de conciencia.
        
Por su parte, la propia FIAMC emitió un comunicado sobre la administración Obama y los temas de defensa de la vida. De una manera educada pero muy firme, se desenmascaraban los vicios de la nueva administración, con nombres, apellidos y hechos. Veamos un amplio resumen.
      
Empezamos diciendo que la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos fue un hito en la historia y la cultura de América. En tiempos de crisis económica y geoestratégica, Obama prometió ser una fuerza para un cambio positivo, reconciliación política y gobierno efectivo. Desgraciadamente, el presidente Obama ha comenzado su legislatura con acciones que minan el respeto por la vida y la dignidad humanas y la libertad de las religiones. Pedimos a los médicos católicos, a los proveedores de salud y a las personas de buena voluntad, que no ahorren esfuerzos para tratar de convencer al presidente Obama a que cambie su actitud.
        
Durante la campaña presidencial de 2008, algunos católicos singulares y grupos de presión católicos apoyaron a Obama basándose en parte en sus ideas de justicia económica y de política exterior, así como en su idea de intentar reducir el número de abortos aumentando las ayudas económicas a las mujeres embarazadas. Sin embargo, ya como senador, Obama tomó decisiones opuestas al respeto por la vida humana. Por ejemplo: desde hace mucho tiempo, aboga por el aborto a demanda apoyando a la Planned Parenthood, el mayor proveedor de abortos de Estados unidos; siempre se ha opuesto a poner limitaciones al aborto, incluidas aquellas leyes que requieren el consentimiento de los padres en caso de las menores de edad; como senador se opuso activamente a proteger a los niños sobrevividos a los abortos; asimismo, durante la campaña presidencial, proclamó orgulloso su apoyo a la “Freedom of Choice Act” (FOCA), una ley que permite una expansión radical del aborto (prometió firmarla como presidente).
        
Obama además apoya la utilización de fondos federales para investigaciones con células madre que destruyen embriones humanos. En los primeros días de su presidencia, renunció a la “Mexico City Policy”, que negaba fondos federales a las agencias internacionales que promueven o ejecutan el aborto como medio de control de natalidad. De manera aún más ominosa, al renunciar a esta política, se mostró partidario de financiar con fondos federales al “United Nations Population Fund”, una organización que perdió la financiación norteamericana tras colaborar con la coercitiva política china de un hijo por pareja.
        
El presidente norteamericano ha llenado su Gabinete y su Administración con personas favorables al aborto, incluidos Hilary Clinton, la Secretario de Estado y Rahm Emanuel, Jefe de gabinete de la Casa Blanca. Se ha opuesto a la “HHS Rule”, que protegía los derechos de la conciencia de los profesionales sanitarios. Esta norma había entrado en vigor en los últimos días de la administración Bush como respuesta a las muchas amenazas a la conciencia de médicos, farmacéuticos y en general proveedores de salud en los Estados Unidos.
        
La FIAMC hacía un llamamiento urgente al presidente Obama para que reconsiderase su apoyo al aborto y a las investigaciones que conllevan la destrucción de embriones humanos. Además, ofrecía apoyo y oraciones para que los médicos católicos norteamericanos y de todo el mundo educaran al gran público y se opusieran a todos los esfuerzos por promover el aborto.
        
En los últimos meses, Obama ha realizado dos interesantes nombramientos de autoridades que respetan la vida humana. Quizá sea por su pragmatismo o quizá se trate de un milagro. Actualmente, el presidente norteamericano intenta aprobar una reforma sanitaria que no sabemos cómo dejará a la objeción.
        
Por su parte, Mater Care Internacional (MCI), la agencia de la FIAMC para la cooperación internacional en temas obstétricos y ginecológicos, emitió un comunicado el 4 de abril del año en curso, a cerca de la rescisión de la legislación de protección de la conciencia. Ello es especialmente grave para los profesionales de la obstetricia y la ginecología. MCI está presente en los Estados Unidos, en el reino Unido, en Australia, en Kenia, en Sierra Leona, en Ghana, en Indonesia, en Italia, en Irlanda y en Polonia. Su misión es la de garantizar, con iniciativas de servicio, docencia, investigación y lobby, basándose en los más altos estándares éticos y obstétricos, que todos los embarazos den como resultado vidas humanas, con la mayor salud y bienestar para madres y niños.
        
Los obstetras y ginecólogos han considerado desde hace tiempo que tienen que tratar a dos personas: la madre y el hijo. En los últimos 40 años, ha habido notables avances en las tecnologías diagnósticas. Ello ha llevado a la subespecialidad de “Medicina materno-fetal” y a poder diagnosticar y tratar al no-nacido como un segundo paciente desde el momento de la concepción. Al mismo tiempo, se ha ido introduciendo en el mundo una legislación en la que el aborto sería la base principal de la salud materno-filial. Así, se han matado incontables millones de seres humanos no nacidos en nombre de un llamado derecho de la madre a decidir. El principio médico ancestral del “primum non nocere” (lo que primero tiene que hacer el médico es no hacer daño) es un axioma que expresa esperanza, tenacidad, humildad y el reconocimiento de que el ser humano, incluso actuando con buenas intenciones, puede obtener consecuencias no deseadas.
        
La objeción de conciencia, afirma Mater Care, ha sido siempre algo propio de las sociedades civilizadas. Interferir el derecho de actuar contra la propia conciencia es anular el principio de autonomía del médico y los derechos de la maternidad. Forzar a los médicos a realizar actos contra la conciencia es una forma de totalitarismo. La práctica de la obstetricia el los Estados Unidos sufrirá mucho con ello. La Declaración de Ginebra, formulada después de la Segunda guerra mundial, nunca fue más pertinente: “practicaré mi profesión con conciencia y dignidad. Mantendré el máximo respeto por la vida humana, desde los tiempos de la concepción, incluso si está amenazada”.
        
Es aceptado por los gobiernos, las profesiones y las confesiones religiosas que no es ético que los médicos cooperen en la pena capital administrando inyecciones letales o que utilicen sus habilidades quirúrgicas en amputaciones judiciales. En algunos estados ha sido imposible encontrar médicos que apliquen las legales penas de muerte: se trata de un ejemplo que podría también suceder en el caso del aborto. ¡Dios lo quiera!
      
El congresista John C. Fleming, médico, escribió el 6 de marzo del año en curso una carta al presidente Obama en la que hablaba abiertamente de discriminación hacia los profesionales que se niegan a realizar abortos debido a la nueva legislación.
      
Con todo ello se va viendo que, a pesar de los avances de la Cultura de la muerte, una parte de la sociedad internacional insiste en proteger el derecho a actuar según la propia conciencia. Esperemos que, en España, por lo menos se respete el Derecho a la objeción y que haya muchos objetores, lo que salvaría, sin duda alguna, numerosas vidas.
      
Termino con unas palabras trazadas con mano temblorosa por el mártir de la conciencia beato austríaco Franz Jägerstätter. Él se negó a servir a la ideología nazi y, en agosto de 1943, en la prisión militar de Berlín-Tegel dejó escrito: “Aunque escriba con las manos encadenadas, es preferible a tener la voluntad encadenada. A veces, Dios se manifiesta dando fuerza a quienes le aman y no anteponen las cosas terrenales a las realidades eternas. Ni el calabozo, ni las cadenas, ni siquiera la muerte pueden separar a alguien del amor de Dios, ni arrebatarle la fe y el libre albedrío. El poder de Dios es invencible”.



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