14 enero 2009

El seguimiento del niño, básico en la adopción internacional


El pediatra de atención primaria tiene un papel clave a lo largo de todo el proceso de adopción internacional. No sólo debe aconsejar a los padres antes de tomar su decisión de acoger a un niño, sino que debe realizar el seguimiento de la salud física y psíquica del menor.

La labor del pediatra de atención primaria en la asistencia a los niños procedentes de la adopción internacional es esencial, debe comenzar antes de la acogida y continuar cuando el menor llega a España para realizar una evaluación y un seguimiento de su estado de salud. Para ayudar al pediatra en la valoración y comprensión de los pacientes, se presentó ayer la Guía Consensuada de Salud en Adopción Internacional CORA 2008, promovida por la Asociación CORA, (Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento), y realizada por nueve pediatras y dos psicólogos, según afirma Alberto Núñez, coordinador de la guía. El manual se divide en: consulta de preadopción, valoración pediátrica inicial, y vacunación y seguimiento. Más información: www.coraenlared.org

En 2004 España fue el segundo país del mundo en tasa de adopciones, por detrás de Estados Unidos. Entre 1997 y 2007 se adoptaron 37.582 menores en el extranjero. China ha sido el país en el que más niños se han adoptado, seguido de Rusia y Etiopía, puntualiza Amparo Marzal, directora general de Familias e Infancias, del Ministerio de Educación, Deporte y Política Social.

Ante este gran número de acogidas, Juan Ruiz-Canela, presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap), afirma que se ha de realizar una visita de preadopción en la que se explique a los padres cómo son los informes que van a recibir, que suelen estar incompletos y ser poco fiables, aunque bien es cierto, que esto depende del lugar de origen. Para Jesús García Pérez, miembro de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, hay que tranquilizar a los padres respecto a estos documentos, ya que muchos pueden ser muy exhaustivos y alarmarles si señalan patologías, y otros pueden ser muy escuetos.

Por ello, ambos recomiendan repetir las vacunaciones y las exploraciones cuando existan dudas. En estas consultas, según García, es necesario explicar a los padres la importancia de las medidas profilácticas que deben tomar antes de viajar al país de origen del niño.

El pediatra ha de hacer una valoración del estado de salud en las dos semanas posteriores a la llegada del niño, ya que cuenta con factores de riesgo sociosanitario, afirma Ruiz-Canela. Según la literatura, el 25 por ciento de las patologías más frecuentes son el retraso leve en el desarrollo de peso y talla, la anemia, problemas dermatológicos banales, alimenticios, y del sueño, debido a los lugares donde han vivido, la falta de estímulos afectivos, a la carencia de vacunas y a las infestaciones por parásitos. Sin embargo, la mayoría de estos trastornos son fácilmente solucionables.

"Se debe valorar si existe una infección aguda y realizar una evaluación somatométrica. De la primera visita el facultativo no puede sacar muchas conclusiones, ya que los adoptados pueden tener dificultades con el idioma, y estar bajo un shock producido por el cambio de su país a una nueva familia". Ahí radica la importancia de la labor del pediatra de primaria, que puede realizar el seguimiento, y valorar cómo se realiza el apego con la nueva familia.

Para García, no hay que olvidar el seguimiento de la salud psíquica del niño durante su desarrollo y el apoyo a los padres durante todo el periodo. "Además, no se debe envíar al niño rápidamente a la guardería o al colegio, porque pueden dentificarlo con otro orfanato" y entorpecer la adaptación.

Signos de alarma que hay que detectar
El pediatra de atención primaria debe estar atento a los signos de alarma que puedan presentar los niños para evaluarlos, tratar de resolverlos y derivarlos cuando sea necesario. Así, hay que atender a los siguientes síntomas:

Si muestra comportamientos que la familia no puede afrontar.

Si presenta conductas que ponen en peligro su salud -con autoagresiones, consumo de drogas...- o la de los demás.

Si se muestra triste, deprimido, aislado y se detecta un sufrimiento tras un tiempo razonable de convivencia.

Si el niño tiene problemas con la alimentación, para masticar y tragar alimentos sólidos, para aceptar nuevos alimentos...

En el caso de que se observe la aparición de trastornos para conciliar el sueño, pesadillas, insomnio e hipersomnia...

Si el niño tiene dificultades escolares que en el colegio no saben abordar.

Si se producen alteraciones familiares: la familia manifiesta que afecta a la vida de sus otros hijos negativamente, siente vergüenza de cómo se comporta el niño, o siente al niño como a un extraño.


Adopcion Espiritual

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