13 enero 2009

Los abortos que no se contabilizan

Luz Posada

Millones de seres humanos mueren cada año en el mundo en silencio porque sus madres les impiden implantarse en su útero para desarrollarse

Los mecanismos antiimplantatorios del embrión en el útero de la madre previstos en la contracepción –hormonal, vacunas, DIU,...- y más explícitamente en la intercepción –píldora del día después- causan al año millones de abortos llamados ‘precoces’ que no aparecen en registros oficiales y que se suman a los entre 45 y 60 millones de abortos –quirúrgicos y químicos- que la Organización Mundial de la Salud calcula que se provocan cada año en el mundo.

Así lo denuncia la Federación de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) en su documento 40 años de encíclica Humanae Vitae desde la perspectiva de la ética médica, publicado el pasado mes de noviembre, que alerta también de la destrucción de embriones que, sin una intencionalidad abortiva tan clara, causan sin embargo la reproducción asistida, algunos tratamientos médicos como la ablación endometrial y diversos medicamentos con efecto abortivo, y cierto estilo de vida actual.

Efecto abortivo de la contracepción oral

La dimensión de la inhibición de la implantación se mide con el índice EDI (Embryo Destruction Index), creado por B. Bayle para la contracepción oral, que proporciona “cifras aterradoras de la destrucción de embriones”, según la FIAMC: sólo la píldora combinada ya suma más de 10 millones de abortos precoces al año en el mundo, y a este dato hay que añadir incontables abortos precoces causados por la minipíldora, los preparados de depósito, el DIU y la píldora poscoital.

En Francia, por ejemplo, según Bayle, la destrucción de embriones se corresponde aproximadamente con el número de los abortos registrados oficialmente en el país. En Alemania, la destrucción de embriones ascendería a 264.000 tomando como referencia la cifra de 6,6 millones de usuarias de la píldora (el 38,5% de un total de 17,2 millones de mujeres en edad fértil, de 14 a 44 años).

Ya en el año 1994, Bayle calculó que 61 millones de mujeres tomaban la píldora por aquel entonces, lo cual significaría entre 2 y 7 millones de embriones asesinados al año. Actualmente, más de 100 millones de mujeres toman la píldora, según Carl Djerassi, por lo que los embriones destruidos al año en el mundo en relación con la píldora se situarían entre 3,2 y 11,4 millones.

Para los médicos católicos de la Federación, “la píldora es éticamente tan dudosa y reprobable como la intercepción poscoital”. “A pesar de que la parte interceptiva tiene una proporción relativamente pequeña, seguramente es una causa más frecuente, en números absolutos, de destrucción de vida que el uso de píldoras poscoitales, en comparación muchísimo más infrecuente”, señala el documento.

En cuanto al DIU, del que también se sigue negando a menudo su efecto abortivo precoz, la FIAMC advierte que, aunque dificulta la penetración del esperma, su efecto principal no se muestra hasta la fecundación, y señala que “entre una y tres portadoras de un DIU quedan embarazadas anualmente”.

Confusión entre anticoncepción y aborto precoz

Los médicos católicos lamentan que el aborto precoz se confunda en ocasiones con anticoncepción, hecho al que ha contribuido la confusión sobre el momento en el que comienza la vida del ser humano, que pocos discuten ya que se encuentra en la fecundación del óvulo por parte de un espermatozoide.

En este sentido, aclaran que la inhibición de la implantación incluye “todos los intentos de dificultar o impedir que un embrión, en las dos primeras semanas de su vida, alcance el endometrio en el momento adecuado y en las condiciones imprescindibles para su supervivencia, de forma que se destruya”.

“Esto ya no es anticoncepción –señalan-, sino sobrepasar un límite de forma éticamente inaceptable, ya que de esta manera ya no se impide la creación de un ser humano, sino que se conduce a la muerte a una persona ya existente”.

En opinión de la FIAMC, “por lo menos los contraceptivos hormonales orales deberían llamarse correctamente ‘contraceptivos-interceptivos’ o algo similar para ser honestos también verbalmente con sus efectos reales.

Efectos ‘colaterales’ de la FIV

Respecto a la reproducción asistida, los médicos católicos denuncian que los nacimientos se consiguen a costa de la muerte de miles de embriones, ya que la Fecundación in vitro (FIV) y la Embryo Transfer (ET) tienen una tasa de aborto del 20% y un riesgo de embarazo ectópico del 3%.

Además, el diagnóstico preimplantacional para descartar niños con malformaciones y enfermedades genéticas, la destrucción de embriones causada por la investigación en y con embriones y el feticidio selectivo en embarazos múltiples causan también muchas muertes de seres humanos.

El precio de cierto estilo de vida

Sobre la repercusión del estilo de vida actual en los abortos precoces, el documento de la FIAMC indica que la promiscuidad aumenta las Enfermedades de Transmisión Sexual, entre ellas la endometritis, que dificulta la implantación del embrión en el útero de su madre. También advierte que la nicotina y algunas drogas como el LSD y la cocaína dificultan también la anidación.

Más abortos que muertes naturales

Los médicos católicos denuncian que los abortos y otros tipos de destrucción embrionaria superan holgadamente el número de las muertes “naturales” (por enfermedad, accidente,...) que ascienden al año a unos 54 millones.

También que “el útero se convierte, pues, en el lugar más peligroso para la vida humana, cuando en realidad debería proporcionar la mejor protección y seguridad al no nacido”.

Por otra parte, señalan que el crecimiento de la contracepción no ha llevado a la reducción del número de aborto, sino todo lo contrario, los ha aumentado: “Junto con la contracepción poscoital y la intercepción, inclusive la RU 486 y la vacuna antibebés, podemos razonar que hemos llegado a una muerte cada vez más perfeccionada de la vida humana prenatal -destaca el documento-. Las consecuencias para toda la humanidad son inconmensurables”.

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Publicado en www.forumlibertas.com

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