26 enero 2009

Los nuevos Santos Inocentes

Comunicación al X Congreso Católicos y Vida Pública.

Cristo, la esperanza fiable

Mesa Redonda: Mártires de la Esperanza.

Los nuevos santos inocentes. Número inmenso de niños muertos antes de nacer por las manipulaciones genéticas y el aborto.

¿Quiénes son los Santos Inocentes?

Son los niños inocentes a quienes el Rey Herodes mandó matar a causa del odio y miedo que le produjo el anuncio, hecho por los Magos de Oriente, del nacimiento del "Rey de los Judíos". (Mt 2, 1-18)

"La generación perdida" en Belén, en los primeros años de nuestra Era Cristiana.

Mientras Jesús, al llegar a la adolescencia, aprendía el oficio de carpintero en Nazaret, en Belén y sus alrededores faltaban aprendices de pastores…

¿Qué hubieran sido estos niños?

¿Acaso hubieran sido discípulos de su coetáneo Jesús...?

No lo sabemos. A los Santos Inocentes les arrebataron su vida violentamente por odio a Cristo y, sin ser explícitamente confesores de la fe, la Iglesia los considera mártires.

¿Quienes son los Santos Inocentes, hoy?

"El número inmenso de niños a quienes se impide nacer" (Oración por la vida. Encíclica Evangelium Vitae nº 105) por el aborto y las manipulaciones genéticas.

La muerte de estos niños inocentes es una ofensa directa a Dios:

"El hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido en cierto modo, con todo hombre"

(Conc. Ecum. Vat II. Gaudium et Spes, 22, Evangelium Vitae nº 104)

La causa última de estas muertes es el desprecio a la vida por desconocimiento del amor personal de Dios presente en cada hombre ya concebido y demostración patente del odio del Maligno a la gloria de Dios:

"El hombre que vive es la gloria de Dios", S. Ireneo de Lyon (Evangelium Vitae nº 34)

Los Santos Inocentes de hoy, son la "generación perdida", cuyas consecuencias se hacen cada vez más evidentes: Faltan aprendices, estudiantes, vocaciones religiosas… Constatamos un invierno demográfico, que empobrece nuestra sociedad.

Estamos viviendo un momento de oscuridad cultural.

El Papa Benedicto XVI, en su Encuentro con el mundo de la cultura (París, 12-IX-2008), hace un certero diagnóstico de la cultura actual, nihilista, alejada de las raíces cristianas que construyeron Europa.

Como el Apóstol Pablo en su discurso en el Areópago, el Papa nos va llevando a reflexionar sobre la necesidad imperiosa para el hombre de hoy, como lo era para los hombres del Medievo, "de la búsqueda de Dios y dejarse encontrar por Él".

"Para muchos, Dios se ha convertido realmente en el gran Desconocido", lo que conlleva terribles consecuencias:

"El hombre creado a imagen y semejanza de Dios, al abandonarlo, se hunde en la 'zona de la desemejanza', en un alejamiento de Dios en el que ya no lo refleja y así se hace desemejante no solo de Dios sino también de sí mismo, del verdadero hombre."

Si Dios es "el gran Desconocido", podemos concluir que el hombre se convierte en "el pequeño gran desconocido".

El hombre no se reconoce en su dignidad primigenia, en su realidad de hijo de Dios.

"Dios que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar" (Compendio CIC. nº 337).

La ignorancia de este principio subyace en la actual cultura de la muerte, dominante en la cultura oficial, y que presenta a la opinión pública, brillante pero desesperanzadamente, los males como bienes:

Las manipulaciones genéticas se proponen como avances científicos, el aborto se defiende como derecho de la mujer, la eutanasia se reclama como muerte digna…

El hombre llega a sentirse como un pobre animalillo perdido en la inmensidad del cosmos, sin referencia alguna trascendente. No sabe ni de donde viene ni adonde va.

Su dignidad parece depender de su tamaño, de los bienes materiales que posea o de la "calidad de vida" que goce.

Así el filósofo Peter Singer defiende el valor superior de los animales sanos, frente al hombre débil, enfermo o en estado de indefensión como los embriones humanos, ya que el criterio para fundamentar el respeto a los seres vivos depende, según Singer, de la capacidad de sentir y ser conscientes de ello.

Juan Pablo II, en la Encíclica Evangelium Vitae (1995), la Carta Magna de la defensa de la vida humana, denuncia las "nuevas amenazas a la vida humana" (E.V.3) cada vez más numerosas por los medios técnicos empleados y agravadas por el oscurecimiento de la conciencia moral "a la que le cuesta cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal" (E.V.4)

Actualmente los progresos de la técnica hacen posible la procreación sin unión sexual, mediante el encuentro "in vitro" de células germinales extraídas previamente del varón y la mujer. Miles, millones tal vez, de embriones humanos son fabricados para ser implantados algunos de ellos en el útero de una mujer, pero la mayoría se convierten en embriones sobrantes, que se destruyen o se congelan para su empleo en la investigación.

Las posibilidades técnicas son innumerables: Técnicas de producción de seres humanos por clonación, fecundación entre gametos humanos y animales, gestación de embriones humanos en úteros animales...

En todos estos casos las manipulaciones genéticas se valoran únicamente por su utilidad científica. En España podemos hablar de 20.000 a 200.000 embriones congelados, porque los datos suministrados por las clínicas que realizan la fecundación artificial humana son absolutamente opacos.

Pero lo que es técnicamente posible no es, por esa sola razón, moralmente admisible. (Donum Vitae nº 4).

Y esta conclusión no es solo una consideración teológica sino un postulado de la Ciencia.

La doctrina de la Iglesia Católica es clara y definitiva:

"La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta 'la acción creadora de Dios' y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin." (Pablo VI, Professio Fidei: AAS 60 1968)
Estas enseñanzas están recogidas y reafirmadas en la Declaración Donum Vitae (nº 5), en la Encíclica Evangelium Vitae (nº 53) y en el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2258).

La razón última es que el alma espiritual de cada hombre es "inmediatamente creada por Dios" (Pio XII, Enc. Humani Generis: AAS 42 1950) CIC 366. La Tradición cristiana ha vivido pacíficamente esta verdad, de forma que los "cristianos viejos" habíamos aprendido de memoria en el Catecismo del P. Astete la explicación sencilla del Misterio de la Encarnación:

"En las entrañas de la Virgen Maria formó el Espíritu Santo de la purísima sangre de esta Señora un cuerpo perfectísimo; creó de la nada un alma y la unió a aquel cuerpo y en el mismo instante, a este cuerpo y alma se unió el Hijo de Dios; y de esta suerte el que antes era sólo Dios, sin dejar de serlo, quedó hecho hombre." (P. Gaspar Astete S.J. "Catecismo de la Doctrina Cristiana. 11ª")

Si así fue el origen de la humanidad de Jesucristo, Hijo de Dios, nosotros, "todo hombre", hechos a Su imagen y semejanza, nos considerábamos "nosotros mismos" desde el momento de ser concebidos.

Si hoy observamos un embrión humano recién formado, vivo, fabricado por los científicos, constatamos que es un individuo de la especie humana, por su ADN humano, que genéticamente ya tiene programado su ser, único e irrepetible: raza, altura, color de ojos, etc.

Somáticamente es una vida humana individualizada, por lo que resulta lógico afirmar que se trata de un individuo de la especie humana. Ahora bien cuestionar si es o no es persona cae fuera de la consideración científica y pasamos al campo de la filosofía.

Así el filósofo, ante esta realidad biológica, da un paso más en el razonamiento: Si es un individuo vivo de la especie humana, es una persona.

El teólogo apunta aún más alto: si es un individuo vivo de la especie humana, es también persona y por tanto posee un alma espiritual, eterna, capaz de amar y ser amado, por estar hecho a imagen y semejanza de Dios.

El alma, principio vital, no se ve en el microscopio, y por eso la visión material de un óvulo fecundado, que pesa 15 diezmillonésimas de gramo induce a muchos a negarle su categoría de persona, y mucho más todavía, a no reconocer en él, a un hijo de Dios con un alma capaz de amarle eternamente.

Se le denomina con el término pseudocientífico de preembrión, al que se le puede manipular, utilizar para la investigación o destruirlo sin ninguna traba ética durante estas primeras etapas de desarrollo.

Realmente "Todos hemos sido embriones", minúsculos, hasta los más altos jugadores de baloncesto. Todos hemos sido amados por Dios, desde el principio.

Recientemente hemos vivido en España, la noticia dada a bombo y platillo del nacimiento del "primer bebé medicamento", seleccionado entre otros 16 hermanos (¡ posiblemente muchos más!) concebidos por fecundación in vitro, "para la posible curación" de otro hermano vivo que padece una grave enfermedad genética.

El Doctor D. Justo Aznar, Director del Instituto de Ciencias para la Vida, de la Universidad Católica de Valencia, afirma que de cada 100 embriones generados para salvar a un hermano, nacen menos de dos "…para conseguir 40 niños útiles hubo que producir 2.706 embriones…" (Alfa y Omega. "Andrés y sus hermanos" 30-X-2008)

Es de agradecer la Nota aclaratoria dada por la Conferencia Episcopal Española, en la que se ratifica la ilicitud moral de este procedimiento utilitarista, lo que le ha valido ser acusada inmediatamente de ir contra el avance de la Ciencia.

El Papa Benedicto XVI expresa cristalinamente la última razón de esta doctrina:

"No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario." (Benedicto XVI, Homilía 24 abril de 2005)

Siguiendo el Magisterio de la Iglesia Católica, es lógico y natural hacerse las siguientes preguntas:

Entonces ¿A dónde van, después de la muerte, todos estos seres humanos pequeñitos de tamaño pero poseedores de un alma eterna "creada inmediatamente" por Dios, que Se deja atar sus Manos por las manos de los científicos, que en el uso de su libertad, son capaces de producir las circunstancias materiales en las que surge la vida humana?

¿Cómo se manifiesta en ellos el amor infinito de Dios Creador y Padre, en las más débiles e indefensas de sus criaturas, cuando Jesús ha dicho:

"Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre que esta en los cielos." (Mt, 18-10)?

Estas consideraciones son válidas también para valorar la muerte de los bebés humanos, sacrificados por el aborto voluntario, en el seno materno, antes de su nacimiento natural, tal como se define la expulsión provocada voluntariamente de la vida humana concebida:

"En el lenguaje corriente, aborto, es la muerte del feto por su expulsión natural o provocada, en cualquier momento de su vida intrauterina." (Cfr. Aborto. Diccionario de Bioética. Simón Vázquez, Carlos. Monte Carmelo 2006)

No es objeto de esta comunicación estudiar los modos y maneras como se realiza el aborto. Solo señalar que numéricamente, el aborto voluntario es el hecho más cruel, más feroz de toda la Historia Humana.

Decir aborto es entrar en un agujero negro de dimensiones cósmicas, sin fondo.

Palabras como desmembrar, trocear, aspirar, quemar, triturar, envenenar… expresan el martirio atroz al que son sometidos los bebés inocentes.

Algunos se atreven a sugerir la necesidad de anestesiar a las víctimas, pero no se les aplica ningún sedante, se les niega la capacidad de sufrimiento, para no reconocerlos como seres humanos vivos con categoría de personas.

La obra "El genocidio censurado", Antonio Socci (Ed. Cristiandad, Madrid 2007) se subtitula: Aborto: mil millones de víctimas inocentes. Cantidad que supone la sexta parte de la población mundial.

En España, desde su despenalización en el año 1985, se contabilizan más de 1.100.000 de abortos realizados legalmente. En el año 2006 se realizaron 101.592, cifra en aumento cada año. (Cfr. "Ángeles en la tierra". Ondina Vélez y Pablo F. Gutiérrez. Ed. Palabra 2008)

La última y reciente estadística dada por el Ministerio de Sanidad y Consumo, presenta la cifra de 112.138 abortos, cometidos legalmente durante el año 2007.

En el presente año 2008, se cumplen 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de la ONU el 10 de Diciembre de 1948.

Esta Declaración, que nació como confesión purificadora ante los horrores de la 2ª Guerra Mundial, está siendo fuertemente presionada en la actualidad para que incluya los llamados "Nuevos Derechos sexuales y reproductivos", entre los que destacan el derecho al aborto y el derecho a la homosexualidad, para que sean considerados como Derechos Humanos Universales, inamovibles.

Al llegar a este punto de la reflexión se hace difícil continuar.

El Papa Benedicto XVI en su visita al Campo de exterminio de Auschwitz (28/05/06) lanzó la terrible pregunta: "¿Dónde estaba Dios?"

Es necesario rezar, acudir a la fe de la Iglesia, para no perder la paz interior, la esperanza. Se hace preciso orar con el Salmista:

"Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa…" (Sal. 50)

Juan Pablo II en su libro "Memoria e identidad" (La Esfera de los Libros, S.L. 2005) acierta a explicar el sentido que en la Historia humana tienen lo que denomina "ideologías del mal", nazismo y comunismo, experimentadas en su propia carne. Estos hechos nos hacen reflexionar sobre la coexistencia del bien y el mal, explicada por Jesús, en la parábola del trigo y la cizaña que continuará hasta el fin del mundo, cuando seamos juzgados cada uno por nuestras propias obras, "examinados en el amor".

Es impresionante la reflexión hecha por Juan Pablo II:

"Después de la caída de los sistemas construidos sobre las ideologías del mal… se mantiene aún la destrucción legal de vidas humanas concebidas, antes de su nacimiento. Y en este caso se trata de un exterminio decidido incluso por parlamentos elegidos democráticamente, en los cuales se invoca el progreso civil de la sociedad y de la humanidad entera" (Op. cit. pág. 25)

Juan Pablo II, junto a la denuncia y la condena, enseña que la única verdad capaz de contrarrestar el mal de estas ideologías es que Dios es Misericordia, la verdad del Cristo Misericordioso, Redentor del hombre, que levanta al hombre caído por la fuerza del Espíritu Santo que mora en la Iglesia.

Benedicto XVI insiste en esta misma doctrina: "el mal no está nunca definitivamente vencido: cada generación debe dar su batalla para impedir que vuelva a apoderarse de países enteros […] precisamente ahora nos amenazan nuevas desventuras y parece que vuelven a surgir de los corazones de los hombres todas las fuerzas obscuras." (Auschwitz, mayo 2006)

Durante la preparación del Jubileo del año 2000 el Papa Juan Pablo II decidió constituir una Comisión que estudiara los Nuevos Mártires del s. XX. Se reunieron así doce mil testimonios de testigos de la fe en todo el mundo.

Se encomendó desde 1993 su recuerdo y culto a la Comunidad de San Egidio, en la Basílica de San Bartolomé situada en Roma en la isla Tiberina.

La Basílica consta de "seis altares que recuerdan a los cristianos caídos bajo la violencia totalitaria del comunismo y del nazismo, a los asesinados en América, en Asia y en Oceanía, en España, en México y en África" (Homilía de Benedicto XVI, 7/04/2008).

Un Icono colocado sobre el altar mayor, representa algunos testigos de la fe, incluso de distintas confesiones cristianas, no canonizados oficialmente.

En la parte superior se ve un grupo de figuras vestidas de blanco, con palmas en las manos, adultos y niños, rodeando la figura de Cristo resucitado. A sus pies, dos ángeles portan una cartela con la cita del Apocalipsis: "Atravesaron la gran tribulación". (Ap 7,14)

La Basílica está muy próxima a la Gran Sinagoga de Roma y fue lugar de refugio para los judíos perseguidos en 1943. Todas estas circunstancias le confieren un carácter acogedor, ecuménico.

Actualmente, recoge también testimonios de los cristianos muertos en el presente siglo, los Mártires del s. XXI.

Al visitarla, estuve contemplando largamente el Icono central: El cortejo de figuras vestidas de blanco, hombres, mujeres y niños… "una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblos y lenguas…" (Ap 7,9)

"Estos son los que vienen de la gran tribulación…" (Ap 7,14)

¿Y quienes más atribulados y martirizados que los embriones y bebés, manipulados y abortados?

¡Pero qué difícil es verlos, pintarlos! ¡Son tan pequeños!

El 20 de Abril de 2007 se hizo público un documento de la Comisión Teológica Internacional titulado "La esperanza de salvación para los niños que mueren sin ser bautizados".

El consentimiento del Papa Benedicto XVI se hizo explícito para esta publicación.

Este documento, por el momento, no tiene un valor magisterial, ni siquiera el obtenido por una declaración del Magisterio del Colegio Episcopal con su cabeza el Papa.

Es un documento teológico emanado por "urgentes necesidades pastorales".

Sus argumentos contestan a todas las preguntas que surgen en el corazón de las madres que hemos vivido el aborto natural, a todas las preguntas que surgen ante el terrible panorama expuesto anteriormente "del número inmenso de niños a quienes se impide nacer", por las manipulaciones genéticas y el aborto.

El documento funda la esperanza de que los niños no bautizados estén también en el cielo, en argumentos basados en el proyecto universal de salvación querido por Dios.

Estas son las razones presentadas:

1º La voluntad salvífica universal de Dios Padre, que es no solo justo, sino infinitamente misericordioso.

El profeta Isaías nos revela el corazón de Dios, su ternura maternal:

"¿Puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré" (Is 49, 15).

2º El amor preferencial de Jesús por los niños: "Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo impidáis." (Mt 19, 13-16)

3º El Espíritu Santo, que por caminos tantas veces desconocidos, ofrece a todos la posibilidad de asociarse con el Misterio Pascual.

Siguiendo esta doctrina: ¿Podría la Iglesia reconocer y venerar como Mártires a los niños víctimas de las manipulaciones genéticas y del aborto procurado, de un modo similar como considera y venera a los Santos Inocentes de Belén?

A este respecto es revelador el párrafo 104 de la Conclusión de la Encíclica Evangelium Vitae. "104. En el Libro del Apocalipsis la "gran señal" de la "Mujer" (12, 1) es acompañada por "otra señal en el cielo": se trata de "un gran Dragón rojo" (12, 3) que simboliza a Satanás, potencia personal maléfica, y al mismo tiempo a todas las fuerzas del mal que intervienen en la historia y dificultan la misión de la Iglesia.

También en esto María ilumina a la Comunidad de los creyentes. En efecto, la hostilidad de las fuerzas del mal es una oposición encubierta que, antes de afectar a los discípulos de Jesús, va contra su Madre. Para salvar la vida del Hijo de cuantos lo temen como una amenaza peligrosa, María debe huir con José y el Niño a Egipto (Mt 2, 13-15).

María ayuda así a la Iglesia a tomar conciencia de que la vida está siempre en el centro de una gran lucha entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas.

El Dragón quiere devorar al Niño recién nacido (Ap 12, 4) figura de Cristo, al que María engendra en la "plenitud de los tiempos" (Gal 4, 4) y que la Iglesia debe presentar continuamente a los hombres de las diversas épocas de la Historia.

Pero en cierto modo es también figura de cada hombre, de cada niño, especialmente de cada criatura débil y amenazada, porque como recuerda el Concilio Vaticano II, "El Hijo de Dios, con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (Conc. Ecum. Vat. II Const. Past. Gaudium et spes, 22)

Precisamente en la "carne" de cada hombre, Cristo continua revelándose y entrando en comunión con nosotros, de modo que el rechazo de la vida del hombre, en sus diversas formas, es realmente rechazo de Cristo.

Esta es la verdad fascinante y al mismo tiempo exigente, que Cristo nos descubre y que su Iglesia continúa presentando incansablemente: "El que reciba a un niño como este en mi nombre, a Mí me recibe" (Mt. 18, 15).

"En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos mas pequeños, a Mi me lo hicisteis." (Mt 25, 40).

El Documento de la Comisión Teológica Internacional, habla de la necesidad de profundizar en la "eclesiología de comunión", en la comunión de los santos, y en la necesidad de un estudio más atento de "la teología de la esperanza".

La Iglesia es una madre que reza, que tiene esperanza en la salvación eterna de sus hijos. ¿Y cómo no va a esperar la salvación de los más pequeños?

¿Y por qué no venerarlos como Mártires, a estos bebés humanos, muertos por la soberbia de unos científicos endiosados que muerden el fruto prohibido del árbol de la vida o que son asesinados por la codicia o por el miedo a aceptar la voluntad de Dios, presente en cada ser humano que vive?

Tal es el significado de la Fiesta litúrgica del 28 de Diciembre respecto a los niños ya nacidos, pero inmolados por la codicia de un rey sanguinario.

La Beata Madre Teresa de Calcuta decía: "Los niños que aún no han nacido son los más pobres entre los pobres. ¡Están tan cerca de Dios...! Yo siempre les suplico a los médicos de los Hospitales de la India que no maten jamás a un niño. Si nadie lo quiere, me lo quedaré yo." (Orar con Teresa de Calcuta. 34, 5 . Ed. Desclee de Brouwer 2003)

En el Primer Congreso de Oración por la Vida, celebrado en Fátima (Octubre 2006) rezamos el Via Crucis, siguiendo el Camino de los Pastorcitos, que une Cova de Iría con Aljustrel.

El Via Crucis iba presidido por una cruz, formada con el instrumental empleado en clínicas abortistas, realizada por las Hermanas de la Vida, fundadas por el Cardenal O'Connor de Nueva York.

PERSECUCIONES A LOS DEFENSORES DE LA VIDA

"La vida humana está siempre en el centro de una gran lucha, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas" (Evangelium Vitae 104) amenazada por una persecución solapada y de extrema violencia a la vez. Y sus defensores también la experimentan.

El célebre Dr. Bernard Nathanson, en su autobiografía "La mano de Dios" (Ed. Palabra 1997) en la que narra su conversión a través de la defensa de la vida al catolicismo, cuenta las manifestaciones de los defensores de la vida ante las clínicas de abortos, detenidos, golpeados por la policía.

Existen videos que lo muestran. Él mismo y su mujer fueron denunciados y juzgados por un Juzgado federal de Nueva York, por participar en estas manifestaciones provida. "Resolvimos el caso… y resultaba caro, aunque no me arrepiento de haber gastado hasta el último céntimo que me gasté." (Op. cit. pág. 235)

La madrina del Bautismo del Dr. Nathanson fue "Joan Andrews, una heroína del movimiento provida, que pasó varios años en prisión dando testimonio de los males del aborto" (Epílogo op. cit. pág. 243)

Se pueden citar otros casos más cercanos. El Dr. Jesús Poveda, fundador del Movimiento Provida en España, es un buen conocedor de varias comisarías madrileñas.

Jorge Serrano Limón, líder provida mexicano, encontró un puñal clavado en el sillón de su despacho como advertencia.

Amparo Medina (Ecuador), recibió en este año 2008 tantas amenazas de muerte, por su oposición a la legalización del aborto en su país, que tuvo que cambiar de domicilio. (Crf. Anexo nº 1)

Actualmente, en Uruguay se ha presentado un proyecto de Ley de Salud sexual y reproductiva, que fue aprobado por un estrecho margen de votos en el Senado y en el Congreso. La Ley vetada, a posteriori, por el Presidente Dr. Tabaré Vázquez, incluía la prohibición de la objeción de conciencia para los médicos que tendrían que aplicarla, con la consecuente discriminación que esto supondría para los profesionales del mundo de la salud.

El propio Presidente Tabaré Vázquez ha abandonado la militancia en el Partido Socialista por los ataques recibidos por sus compañeros en la política.

Esto mismo se quiere imponer en España a través del Proyecto de ley del Aborto presentado al Congreso.

"Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos." (Mt 5, 10)

CONVERSIONES A LA VIDA.

Juan Pablo II, en la obra ya citada "Memoria e identidad", hace una cita impresionante de Goethe: "El diablo es una parte de esa fuerza que desea siempre el mal y que termina siempre haciendo el bien" (pág. 29)

El ejemplo de San Maximiliano Kolbe, de Santa Edith Stein y de muchos otros, que dieron testimonio en la prisión, de Cristo crucificado y resucitado, convierten una situación de mal extremo en lugar de salvación, de esperanza.

Esta misma enseñanza puede aplicarse al negro dominio de la cultura de la muerte.

Los testimonios de los "convertidos" desde la defensa del aborto al bando de los defensores de la vida son reveladores:

"Al abandonar el mundo satánico del aborto me convertí en un médico provida. Y de ahí, agarrándome a la mano de Dios, salté a la Vida en la iglesia Católica." Bernard Nathanson (Op. cit).

Norma McCorvey, nombre autentico de "Jane Roe", protagonista de la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos "Roe versus Wade" (22/Enero/1973), que legalizó el aborto en este país, cuenta actualmente su conversión a través de su amistad con una mujer del Movimiento Provida americano: "Durante una misa caí de rodillas y pedí perdón."

(El Genocidio censurado. Antonio Socci. Ediciones Cristiandad. 2007. Pág. 113)

Junto a estos dos conversos superfamosos, conocemos el testimonio de mujeres y de hombres, que en su angustia ante lo irreversible vuelven sus ojos a Dios, buscando el perdón y la paz.

En publicaciones como "Myriam… ¿por qué lloras" (Ed. Combel S.A., 2004) y "Yo aborté" (Sara Martín. Voz de Papel, 2005) podemos leer testimonios de mujeres que sufren el síndrome del postaborto y su necesidad del perdón de Dios.

Contaré una historia vivida personalmente. La Asociación Evangelium Vitae acude a rezar el Rosario en expiación de los pecados cometidos contra la vida, ante la clínica Dator Médica, de Madrid, los primeros domingos de cada mes.

El Domingo de Resurrección de 2007, acudimos a rezar una vez más ante ese Monte Calvario, donde mueren tantos inocentes. Allí siempre es Viernes Santo, y por este motivo rezamos siempre los Misterios Dolorosos.

Pero, siendo Domingo de Resurrección, decidimos rezar aquel día los Misterios Gloriosos.

Éramos pocos los orantes. De la clínica sale un grupo de gente joven. Una pareja se besa con ternura. Está claro que ella necesita el apoyo de él, ante lo cometido, y que ya es irreversible.

La oración se vuelve más profunda. Suben a un coche aparcado ante nosotros. El motor en marcha, mientras nosotros desgranamos un misterio entero. "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…". De pronto se abren las puertas del coche y una mujer y un hombre salen y nos abordan. "¿Por qué rezáis aquí?" "Porque desde esta clínica suben muchos niños al cielo. Pedimos perdón y ayuda para sus madres, para sus padres, para los médicos…"

Escuchamos una dolorosa confesión en la que se entrelazaban engaños e ignorancia. "Nos dijeron que podía venir mal, enfermo… No podría llevarlo a jugar al fútbol. Tendría que llevarlo al hospital, en vez de al colegio…"

Intuían que habían hecho algo terrible, definitivo.

No era momento de condenar, sino de ofrecer acogida, amor de Dios. Lloramos con ellos, les hablamos de la necesidad de resucitar. Se llevaron la Oración por la vida, de Juan Pablo II. Se despidieron diciendo: "Gracias, por estar rezando aquí."

Recordaremos siempre sus ojos, llenos de tristeza, espejos del alma.

Visitando este año 2008, la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, he podido comprobar con asombro que el lugar desde el que acompañaban a Jesús Crucificado, Su Madre la Virgen, las Santas Mujeres y San Juan, señalado por un templete, esta equidistante del lugar de la muerte, el Calvario y del Sepulcro vacío, lugar de la Resurrección.

A una distancia similar, nos situamos nosotros, ante la puerta de Dator Medica, la esquina más fría, obscura y sobrecogedora de toda la ciudad, a rezar, a pedir perdón, y resurrección, para todos los actores del drama del aborto. Con sentido nuevo, cabe repetir la oración de Jesús:

"Perdónales Señor, porque no saben lo que hacen." (Lc 23, 33)

CONCLUSIONES.

Las ideas recogidas en esta comunicación van destinadas a suscitar una reflexión por parte de los expertos en las "Causas de los Santos", sobre la posibilidad de venerar "el inmenso número de niños a quienes se impide nacer" por las manipulaciones genéticas y el aborto, como los "Nuevos Santos Inocentes".

En las "Causas de los Santos", para declarar la realidad del martirio "Supremo testimonio de la verdad de la fe… testimonio que llega hasta la muerte", (CIC. 2473) lo fundamental no es la crueldad a la que se somete al mártir, sino "la causa", por la que entrega su vida.

"El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad". (CIC. 24739)

En el Anexo 1 adjunto a la comunicación se puede leer el correo llegado desde Ecuador (Anexo 1) relatando las amenazas recibidas por los defensores de la vida y la profanación de iglesias, promovidas desde las mas altas instancias gubernativas del país.

Durante la visita (Octubre 2008) al puerto de Valencia del llamado "Yate del aborto", yate de bandera holandesa, preparado para realizar abortos aunque no se ajusten a legalidad del país donde atraque, se repartió una sacrílega "Oración por el derecho al aborto", en la que se pedía entre otros dislates ser liberadas "…de la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"

En ambos testimonios se hace patente la presencia personal y real del Maligno que habita en la Cultura de la muerte. Es evidente que el demonio alimenta en sus seguidores el "odium fidei" que hace nacer testigos de la fe, mártires. Esto añade gravedad a las persecuciones a las que son sometidos los defensores de la vida.

Citando a Tertuliano el Catecismo de la Iglesia Católica afirma: "La sangre de los mártires es semilla de cristianos" (CIC. 852)

"Pero si creció el pecado, mas desbordante fue la gracia" (Rm 5, 20).

Esta es nuestra esperanza y consuelo.

La Asociación Evangelium Vitae nació en el año 1998 como respuesta a la llamada que el Papa Juan Pablo II dejó escrita en la Encíclica de la que hemos tomado el nombre: "Es urgente una gran oración por la vida que abarque al mundo entero" (E.V. 100).

En el primer Congreso "Católicos y Vida Pública" (1999) presentamos una Comunicación titulada "Defensa de la vida en la Doctrina social de la Iglesia. Influencia en la vida social y familiar", donde se narra su gestación y nacimiento (pág. 615).

Su carisma es abrir un camino de oración por la Causa de la vida, y de expiación por los pecados cometidos contra el plan de Dios: aborto, eutanasia, divorcio, etc. (Estatutos fundacionales. Título II. Finalidades)

En el año 2006 presentamos una nueva Comunicación al Congreso correspondiente a este año titulada "Santa María Madre de la Vida. Historia de una advocación teológica. Propuesta para la inclusión de la invocación 'Mater Vitae. Ora pro nobis' en las letanías del Rosario." (Actas del Congreso, pág 1075). Si se aceptase dicha propuesta, "la oración por la vida, abarcaría el mundo entero" según el deseo expresado por el Papa Juan Pablo II.

En este año la Asociación Evangelium Vitae, conociendo el enorme dolor que hiere el corazón de la madre que sufre las consecuencias de haber abortado a su hijo, ha redactado el texto de la "Oración desde el dolor de una madre arrepentida por el aborto de su hijo" (Anexo 2) que se imprimirá en breve, por haber obtenido ya la "licencia eclesiástica".

Esta Oración concluye con la invocación:

"Santos Inocentes, rogad por nosotros."

Invocándolos como intercesores para la conversión de todos los que han intervenido en su martirio: madres, familiares, amigos, personal sanitario, políticos… intuimos que ayudarían a "conseguir que la fuerza que viene de lo alto haga caer los muros del engaño y la mentira, que esconden a los ojos de tantos hermanos y hermanas nuestros la naturaleza perversa de comportamientos y de leyes hostiles a la vida, y abra sus corazones a propósitos e intenciones inspirados en la civilización de la vida y del amor" (E.V. 100)

La presencia espiritual de estos pequeños, grandes, Mártires, los hará visibles a la Iglesia y al mundo.

Pedimos por último, a la Comunidad de San Egidio, a quien ha correspondido la presidencia de la Mesa Redonda sobre "Mártires de la esperanza", que incluya en la Basílica de San Bartolomé, de Roma, la veneración al grupo más numeroso de mártires de la Historia:

LOS NUEVOS SANTOS INOCENTES

Que Nuestra Señora, Santa María, Madre de la Vida, ruegue por nosotros, "para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y el amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida"

(Oración por la Vida. Juan Pablo II. Evangelium Vitae 105)

Laus Deo.

Margarita Mª Fraga Iribarne.
Asociación Evangelium Vitae
Madrid. Noviembre 2008.